El Oboe de Gabriel
¿Cuál es el sentido de la vida? Tal vez una pregunta sencilla, pero que se me ha vuelto apremiante con el paso de los años.
Cuánto mejor sería el mundo si cada uno fuera siempre
como se le describe el día de su funeral. Ya los antiguos latinos afirmaban que
«de los muertos solo se habla bien».
Aunque seguramente algunos hasta serán hoy más mordaces diciendo aquello de: «Eres más mentiroso que una lápida».
«El fin» lleva a preguntarse cuál es «el objetivo», el sentido, el porqué, la intención de cada una de nuestras acciones. El final marca la meta. El fin indica la culminación.
Quién sabe si el «Dios de los vivos» nos permita imaginar qué harían nuestros muertos,
si pudieran volver atrás, ahora que han visto «cómo están las cosas»,
para hacernos comprender lo importante que es el fin que subyace a cada una de
nuestras acciones, porque incluso el movimiento de un dedo puede cambiar la
realidad.
Y una curiosa anécdota lo demuestra.
Durante el rodaje de la película «La misión» (1986), el maestro Ennio Morricone propuso al director Rolad Joffé siete partituras para la banda sonora de la escena central en la que el misionero jesuita, Padre Gabriel, atraviesa el bosque confiando al oboe, en el lenguaje universal de la música, en lugar de a las palabras, el primer anuncio de la armonía del Evangelio a los indígenas.
Sin embargo, ninguna de las piezas satisfacía al
director de la película. Volviendo a componer, revisando la escena varias veces
para inspirarse en la naturaleza, los colores y las sensaciones, el compositor
observó el movimiento casual de los dedos del actor Jeremy Irons e intentó
reproducirlo. El actor no sabía de música ni sabía tocar el oboe, solo había
cuidado la intensidad de los gestos para su papel.
Y el maestro logró transformar el movimiento de un
dedo, que incluso parecía falso, en «El
Oboe de Gabriel», una de las melodías más famosas e intensas, porque
logró ir más allá de las apariencias, llegó al alma divina oculta, al toque
divino que da vida a todas las cosas. El objetivo del actor que
encarnaba a aquel jesuita era dar lo mejor de sí mismo… aunque no supiera tocar
ese instrumento.
Esa elección de calidad en su estilo de presentarse y
proponerse fue capaz de generar una música especial que se convirtió en
Evangelio de vida, lenguaje de comunión, armonía de hijos de la resurrección. Todo
cambiaría si captáramos el poder de cada gesto. Y también nosotros
descubriríamos muchos pequeños milagros cotidianos,…, pábilos vacilantes...
Aquella película, aquella increíble escena en medio
del bosque y... aquella música… me han inspirado. Sí, aquella música que cada
vez que se escucha una queda hipnotizado, tanto porque por fin uno pude poner
algún nombre a la belleza del misterio, como por aquella extraordinaria fuerza
comunicativa que desprendía.
Ésta es la escena de la película a la que me refiero: https://www.youtube.com/watch?v=P13rZWwIXmM
Jeremy Irons, en el papel del jesuita Padre Gabriel,
inmerso y asustado en la selva tropical sudamericana, saca su oboe de un
estuche gastado y, tímidamente, comienza a hacerlo sonar. Poco a poco, de entre
el denso follaje comienzan a salir hombres indígenas, una tribu en estado
salvaje. Armados con lanzas, rodean al misionero, asombrados e intrigados por
ese sonido. Lo miran con recelo.
Pero entonces uno de ellos le arranca violentamente el
oboe de las manos al jesuita, lo rompe y lo lanza al río con la ira y la
desconfianza de quien no puede abrir su corazón, o simplemente le tiene miedo.
El Padre Gabriel no reacciona. Toda la tribu lo
observa, escudriña su provocación. Tras un momento de vacilación, un indio se
adelanta, recupera el instrumento, lo trata de recomponer… sin éxito y se lo
devuelve silenciosamente al extranjero.
Y aquella música queda para siempre en la película…
moldeando, uniendo, creando el encuentro, la amistad y un destino compartido…
hasta el final.
La desconfianza recelosa se desvanece. La distancia
preventiva se disipa. El poder de la música acerca mundos muy lejanos, culturas
y creencias tan distantes. La música llega antes que cualquier palabra o gesto,
derriba muros y siempre habla de libertad.
Ennio Morricone lo sabía bien, lo vivió en su persona siempre discreta, humilde, tímida. Su música hablaba de él, de su refinada creatividad, de su increíble talento, de aquella mística espiritual tan profunda.
Esa pieza tocada en medio del bosque, tan conmovedora
y emotiva, cargada de inquietud y paz al mismo tiempo, es como si hablara
suavemente junto con el rugido de la cascada y el canto de los pájaros
tropicales.
Esa música es como si susurrara la existencia de Dios,
para que la sientas, para que entre en lo más profundo, para que se funda con
la creación. Es una polifonía de música étnica y litúrgica, una melodía que se
convierte en poesía musical.
Esa música es realmente una melodía mística.
«El Oboe de Gabriel» es una de sus
obras maestras. Hoy doy las gracias al maestro Ennio Morricone por todas las
veces que me ha emocionado, conmovido y cautivado con esta breve pieza, por
haberme apasionado y, a menudo, ayudado a rezar.
Esa pieza de belleza sigue teniendo para mí también hoy
un valor diferente: verdadera emoción y gratitud.
Sí, se trata de uno de los temas más famosos de la
historia del cine, que forma parte de la banda sonora de la película La
Misión de Roland Joffè de 1986; toda la banda sonora de la
película obtuvo numerosas nominaciones como mejor banda sonora, entre ellas una
a los premios Óscar, y varios premios en la misma categoría, entre los que
destaca el Globo de Oro.
La característica de «El Oboe de Gabriel» es su
capacidad para transmitir la esencia del personaje principal.
Es una melodía interpretada en varias ocasiones a lo
largo de la película y, en su desarrollo, recoge la herencia de una tradición
posrenacentista, vinculada, en concreto, a la época del siglo XVIII en la que
se ambienta la película.
Sin embargo, el hecho de que un elemento interno de la
historia se asuma como parte integrante abstrae la melodía de la contingencia
del momento, traduciéndola en un valor metafórico.
Así el «El Oboe de Gabriel» se convierte en un reflejo
del personaje, del mundo de ideas que lo acaricia, su encarnación espiritual y ética,
y difícilmente se podría imaginar un desarrollo más adecuado de la melodía.
En su avance absorto y soñador, este tema musical
prefigura ese ideal sentimiento de comunión que impulsará al misionero jesuita
a seguir creyendo en una evangelización libre de oportunismos, solidarizándose
con los guaraníes, negándose a tomar las armas y uniendo a ellos para siempre su
destino.
A este tema de carácter meditativo se unen el ostinato coral de los indígenas («Vida, vida nuestra»), único en 3/8, y un contrapunto a cuatro voces que desarrolla el texto latino «Conspectus Tuus», en el que se funden referencias al estilo del maestro Giovanni Pierluigi da Palestrina y soluciones típicamente cinematográficas, como el amplio aliento de los arcos, que sustrae al coro del rigor formal del estilo «a capella».
A partir del rosario de notas del tema étnico, el maestro
Ennio Morricone ha extraído una melodía adicional, marcada por el ritmo persuasivo
de las flautas de madera y capaz de acompañar los momentos más reflexivos de la
película.
Cuando se contempla y se escucha al Padre Gabriel tocando
el oboe entre los indios, podemos observar un efecto muy particular que la
música crea en el transcurso de las imágenes.
El director Rolad Joffé toma una decisión precisa, la
de dejar de subrayar su punto de vista, su visión de las cosas, y enfocar la
lente de aumento en el protagonista, en sus sensaciones, en sus emociones.
Ya no es el director quien nos habla, sino que lo deja
todo en manos del Padre Gabriel para permitir al espectador identificarse con
él y captar lo que el misionero jesuita está sintiendo realmente en ese
momento.
Y todo ello gracias al poder de la música, que
abandona su función de banda sonora clásica y representa el alma del
protagonista, quien, gracias a la música de su oboe, consigue acercarse
amistosamente a la tribu de los indios guaraníes para unir a ellos el destino
de su vida.
Bueno, te dejo, pues, con el ejercicio de tu audición…
y de tu emoción al escuchar esta melodía sublime: https://www.youtube.com/watch?v=s7w-IeNR9ko&list=RDaz7L-VffHBo&index=5
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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