Te Deum: Una hora de reflexión al final del año
Todo año, y cada día, comienza con el deseo: el inmenso
deseo de Dios de derramar su vida en todo lo que existe. Como una chispa de luz
que poco a poco crece para iluminar la oscuridad.
Sí, así comienza el año, y también cada día: en un beso,
un beso entre la tierra inanimada y el aliento divino que infunde vida.
De este beso nace el deseo del hombre en respuesta al de
Dios. Deseo de volver a sentir ese beso, deseo de un sentido que dé razón a las
cosas, de un esplendor que ilumine cada paso del camino.
Tantas veces ocurre la tragedia. El enemigo, aquel que
pervierte el deseo, aparta nuestra mirada de la fuente del agua. En lugar de
esperar el don de la vida de ese beso divino, pretendemos dárnosla a nosotros
mismos, intentando hacer nuestro lo que Dios quiere darnos.
Así, el encuentro entre el dar infinito y el recibir
infinito tantas veces se ve dificultado y nuestro deseo se transforma en
nostalgia, en un llanto secreto que permanece oculto en el fondo de todas las
cosas.
Párate y escucha… https://www.youtube.com/watch?v=4QeDOT2Fqb0
¡Pero Dios sigue insistiendo, llamando, procurando
nuestra amistad! Como un amante obstinado, nos sigue buscando con toda la
fuerza de su amor infinito.
Abraham, Isaac, Jacob... y luego la esclavitud en Egipto,
el éxodo a través del desierto, el esplendor del reino de David, la angustia
del exilio, la nueva esclavitud... son los apasionantes capítulos de una
infinita historia de amor a la que respondemos con nostalgia...
El grito de hambre, de sed y de deseo que durante
milenios permanece en nuestro corazón: «Señor, Tú eres mi Dios, por ti madrugo.
Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de Ti, como tierra reseca,
agostada, sin agua».
Párate y escucha… https://www.youtube.com/watch?v=RLsQ-_jnxeQ
Jesús es mi alegría,
el consuelo y la savia de mi corazón.
Jesús aleja todo sufrimiento.
Él es la fuerza de mi vida,
el deleite y el sol de mis ojos,
el tesoro y la alegría de mi alma.
Por eso no dejo que Jesús
se aleje de mi corazón y de mi rostro.
Jesús sigue siendo mi alegría, la savia y el consuelo de
mi corazón, Jesús pone fin a todo sufrimiento, es la fuerza de mi vida: sol y
deseo de mis ojos, delicia y tesoro de mi alma. Por eso no te dejo, Jesús,
lejos de mi corazón y de mi mirada.
Y María, es la primera sílaba de la respuesta de Dios a
nuestro deseo. Ella es la cuna de la vida, el lienzo sobre el que el artista
genial traza su obra maestra, el silencio que da espacio a la Palabra, la
tierra en la que ha brotado el cielo, el tabernáculo para aquel a quien los
cielos no pueden contener.
Los creyentes de todos los tiempos invocan a la Madre,
casi pendientes de sus labios, para disipar la espera y gritar su sí, en un
instante suspendido que por un momento concentra todo el deseo de la Creación
en un solo punto: la Anunciación.
Párate y escucha… https://www.youtube.com/watch?v=URYYuxE5270
Ave María Gratia plena, Dominus tecum, Ave María
Benedicta tu, benedicta tu in mulieribus
et benedictus fructus ventris tui Jesu
Sancta Maria ora,
ora pro nobis Sancta Maria,
ora, ora pro nobis.
Amen.
Un niño nos ha nacido… No podemos prescindir de Ti,
Señor, porque Tú eres nuestro todo, nuestro presente y nuestro futuro, Tú eres
la desembocadura que da sentido al río, el placer que calma la espera, el vino
que sacia toda sed.
Tú eres la esperanza, Tú eres la espera, Tú eres el
perpetuo reflujo del amor, Tú eres la recompensa a todo amor, Tú, solo Tú.
Aunque sea de noche,
sabré dónde está la fuente de la que brota
esa fuente pura y luminosa que nos conduce a la fe.
Su esplendor nunca se oscurece
y es fuente de toda luz,
sus corrientes riegan los cielos
y con esta agua se sacia todo ser viviente.
Esta fuente eterna yace oculta
y llama a toda criatura,
mi corazón anhela la fuente
que en el pan de vida contemplo.
¿Por qué me creaste, Señor? ¿Por qué quisiste que
naciera? ¿Que viviera esta vida? ¿Por qué? Lo sé, en lo más profundo de mi
corazón lo sé: me creaste porque me quisiste y me quisiste porque me amabas, me
creaste porque te complacía amarme, me creaste para tu placer, porque tu placer
es amarme.
Cada hoy es el día feliz, el único día verdaderamente
feliz, en el que comienza mi salvación. Cada día es el día en que me enseñas a vivir
agradecido y a caminar confiado.
Párate y escucha… https://www.youtube.com/watch?v=olQrCfkvbGw
Oh, día feliz cuando Jesús lavó
mis pecados.
Él me enseñó a ver, luchar y rezar,
Oh, día feliz.
Señor, así es: en Navidad comienza tu camino en el mundo
y nuestro camino en el cielo, te abres paso en nuestro misterio —misterio de contradicciones
y claroscuros— para que podamos abrirnos paso en el misterio del cielo
—misterio de luz, alegría y vida—. Te hiciste hombre para que pudiéramos
convertirnos en Dios.
Has abierto el canal del amor y, desde ese día, el
Espíritu Santo sube y baja incansablemente la escalera de los corazones,
entrando y saliendo y difundiendo por todas partes tu perfume.
Desde que naciste todo ha cambiado y el mundo se ha
revolucionado: la venganza se ve desarmada por el perdón, el miedo se rinde
ante la confianza. Ya nadie tiene miedo, hoy nadie tiene miedo, porque Dios se
ha hecho niño y nadie tiene miedo de un niño. Y nosotros queremos ser niños
contigo, y como Tú, Señor, para que nadie tenga más miedo.
Danos, Señor, no querer asustar a nadie. Danos ser una
Iglesia que no da miedo. Nunca más, Señor, nunca más. No queremos dar miedo
nunca más.
Y así, el Todopoderoso, Aquel que no necesita nada, se
nos presenta pobre y necesitado de todo. Este Dios ha elegido necesitarnos,
para que podamos acercarnos a Él sin miedo. El Infinito ha elegido necesitarnos
para que seamos elevados a la dignidad de sus colaboradores.
Podría haber prescindido de ello, pero ha elegido
necesitar de nosotros para hacernos partícipes de su alegría. Ha elegido
confiar en nosotros para demostrarnos su confianza.
Contemplando a este niño-Dios comprendemos cuán vana es nuestra
búsqueda por ser autosuficientes y fuertes, porque la verdadera suficiencia y fuerza
están en otra parte, ciertamente no se basan en lo que es fuerte y suficiente a
los ojos del mundo, porque todo el poder y la majestad de Dios está en un
pequeño niño: es nada, es un ser indefenso, pero al mismo tiempo es el Rey de
reyes y el Señor de señores.
Él, el Todopoderoso, ha elegido ser impotente por amor,
Él, el Fuerte, ha elegido ser indefenso para que yo no me sintiera más
amenazado por Él. Ha querido nacer desarmado y vivir desarmado, despojado de
todo signo exterior para que no nos sintamos jamás obligados por la fuerza a
creer en Él.
¡Vamos, sí, vamos a amar al amor indefenso!
Párate y escucha… https://www.youtube.com/watch?v=T9wCgYdBoYY
Venid, fieles, alegres y triunfantes
venid, venid a Belén.
Mirad: ¡ha nacido el rey de los ángeles!
Venid, adoremos.
Venid, adoremos al Señor.
Abandonado el rebaño, humildemente hacia la cuna,
los pastores, sintiéndose llamados, se acercan.
También nosotros, jubilosos, apresurémonos.
El esplendor eterno del Padre Divino
veremos escondido bajo un velo de carne:
El Dios niño envuelto en pañales.
El verbo "adorar" proviene del latín: dirijo mi rostro
hacia... Y adorar es precisamente esto: fijar la mirada en el fuego inagotable
del amor, pero también dejarse mirar por Él, dejarse penetrar por la mirada de
Jesús.
Es la mirada sobre el joven rico, que Lucas describe
pudorosamente con dos verbos: «mirándolo intensamente, lo amó», es la misma
mirada que el Dios niño dirige a los pastores y a los magos, que parece
irradiar luz, la luz de una nueva aurora, el amanecer de la Gracia redentora.
Párate y escucha… https://www.youtube.com/watch?v=4EH2nfdChGg
Noche silenciosa, noche santa.
Todo está tranquilo y resplandece
alrededor de la virgen madre y el niño,
el santo pequeño tan tierno y dulce.
Duerme en la paz celestial,
duerme en la paz celestial.
Noche silenciosa, noche santa.
Estrella maravillosa, tráenos la luz.
Déjanos cantar con los ángeles.
Aleluya a nuestro Rey.
Cristo, el salvador, está aquí.
Cristo, el salvador, está aquí
Noche silenciosa, noche santa.
El hijo de Dios es pura luz de amor.
Los rayos irradian de su santo rostro.
Es el amanecer de la Gracia redentora.
Jesús, en tu nacimiento, Jesús, en tu nacimiento.
El esplendor que irradia el Niño derriba la dureza del
corazón y así ocurre el prodigio de la Gracia, el corazón cambia. Sí, nuestra transformación
es un acontecimiento sobrenatural: «¿Puede un hombre renacer cuando es viejo?»,
preguntaba Nicodemo a Jesús, y la respuesta es sí: el hombre puede renacer en
la adoración, si se deja traspasar por la mirada del Dios niño, del Dios
indefenso, del Dios pobre por amor. Solo la adoración puede transformar el
corazón.
Al final de este camino, la última palabra es paz, paz
entre el cielo y la tierra, paz en el corazón del hombre, paz entre todas las
potencias del inconsciente, paz, paz, paz, porque todo ha sido amado, cada
división ha sido recompuesta, cada pecado ha sido perdonado. La mirada tierna
del niño ha realizado el milagro imposible. El mundo entero está en paz,
reconciliado en el amor. Todo ha sido transfigurado.
Y ésta es nuestra oración de gratitud a Ti, Señor, al
final de este año que concluimos... como cada día y como todo hoy.
Párate y escucha… https://youtu.be/mkzzqcuMpEs?si=uvC5mkOnD-1ZtCsL
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF