Mostrando entradas con la etiqueta Sagrada Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sagrada Familia. Mostrar todas las entradas

sábado, 27 de diciembre de 2025

También Jesús fue salvado - San Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

También Jesús fue salvado - San Mateo 2, 13-15. 19-23 -

La infancia de Jesús está marcada por amenazas, hostilidad y enemistades que obligan a los padres del niño a emigrar a Egipto: una sombra de muerte se cierne sobre el niño recién nacido. El primer Domingo después de Navidad presenta el acontecimiento de la encarnación en su reflejo sobre la familia en la que Jesús nació y creció.

 

Es verdad. El tema de la familia parece relevante en este Domingo. Pero hay que decir —para evitar posibles caídas retóricas y devocionales relacionadas con la idealización de la familia y de la «sagrada» familia, y también con las derivas y los abusos ideológicos a los que este delicado tema está sujeto hoy en día— que, en la economía cristiana, y según las propias palabras de Jesús, la realidad decisiva es la nueva familia de Jesús, la de sus discípulos reunidos en torno a Él por el anuncio de la Palabra de Dios y que se basa no en los lazos de sangre sino en «hacer la voluntad de Dios» (cf. Mt 12,46-50).

 

El pasaje del Evangelio según Mateo presenta la infancia de Jesús marcada por amenazas, hostilidades y enemistades que obligan a los padres del niño a emigrar a Egipto para escapar de la amenaza de muerte dirigida al recién nacido por el poderoso y cruel Herodes. Una sombra de muerte se proyecta sobre el niño que acaba de nacer.

 

Este texto evangélico se titula a menudo «Huida a Egipto» y, efectivamente, presenta una huida: y la huida no siempre es un acto deshonroso, sino que también puede ser un acto de discernimiento que lee la historia y capta los peligros que se esconden en ella, y un acto de valentía que se atreve a afrontar el miedo y toma la decisión posible. Y, a veces, no hay otra posibilidad que la huida.

 

La huida puede convertirse en un acto de humildad (porque expresa la conciencia de la propia limitación e impotencia) y en un acto de resistencia (porque no se doblega ante el mal dominante). Y en el caso concreto de este texto evangélico, es un acto de responsabilidad con el que José asegura un futuro a María y a Jesús.

 

Pero también es un acto de fe. Mateo señala que es el ángel del Señor quien se le aparece en sueños a José y le dice que huya a Egipto. Esta expresión, «ángel del Señor», designa la intervención divina en los asuntos humanos para poner fin a situaciones desesperadas, sin salida, que parecen no tener remedio.

 

En los dos primeros capítulos de Mateo, el ángel del Señor interviene tres veces: para resolver el dilema de José y orientarlo a tomar a María como su esposa (1,20), para impulsarlo a huir a Egipto llevando consigo al niño y a su madre (2,13) y, finalmente, para hacerle regresar a la tierra de Israel llevando consigo al niño y a su madre (2,19) .

 

La solución, la salida de situaciones desesperadas, va siempre acompañada del acto de responsabilidad, que es también un acto de amor y justicia, con el que se invita a José a «tomar consigo», primero a María como su esposa, luego «al niño y a su madre». Si José huye a Egipto, ciertamente no huye ni de la responsabilidad, ni del amor, ni de la justicia.


El texto evangélico pretende que Jesús recorre el camino de Israel, «el hijo de Dios» («Israel es mi hijo primogénito»: Éx 4,22), descendiendo a Egipto y luego regresando a la tierra de Israel. Es como si toda la historia de la salvación se resumiera en la persona y en la historia de Jesús.

 

La historia de la salvación se desarrolla a través de historias particulares, historias de nombres y rostros, historias familiares, a través de esa red de relaciones cotidianas que teje la existencia humana. Y pasa a través de la salvación de historias y relaciones cotidianas: al salvar a su familia del peligro inminente, José salva también la historia de la salvación de Dios con toda la humanidad. Salvar una vida es salvar el mundo.

 

Y aquí hay que decir que Jesús aparece como objeto de salvación. Él es salvado, sustraído de la matanza que Herodes llevará a cabo de los niños menores de dos años, gracias a la acción de José.

 

Este, llevándose al niño y a su madre, bajando a Egipto y luego haciendo el camino de vuelta, como en un nuevo éxodo, desempeña esa tarea de presencia y protección propia de los padres y que permite al niño atravesar esas contradicciones y dificultades de la infancia —que podrían marcar profundamente su futuro— habiendo conocido el amor y el cuidado.

 

En este texto, la historia familiar se tiñe de matices teológicos. El decreto de Herodes que ordena el exterminio de los niños menores de dos años es una repetición y evocación, una referencia al texto del Éxodo en el que se narra el exterminio ordenado por el faraón de los hijos varones de los hebreos (Éxodo 1,15-22).

 

Moisés se salvó de ese exterminio al ser escondido primero durante tres meses y luego abandonado en una cesta en el Nilo, donde fue encontrado y adoptado por la hija del faraón, que lo llamó Moisés, diciendo: «Yo lo he salvado de las aguas» (Éxodo 2,10).

 

Jesús también fue salvado. La tipología de Moisés se refleja en Jesús. El que «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21) es el que ha sido salvado Él mismo, el que ha conocido en su carne la experiencia de ser salvado.


Ciertamente, a diferencia de Moisés, que nunca entró en la tierra prometida, Jesús sí entrará en ella. Y precisamente el destino final de Jesús en la tierra de Israel, será Nazaret, localidad que nunca se menciona ni en el Antiguo Testamento ni en el Talmud.

 

El establecimiento en Nazaret tiene como objetivo el cumplimiento de lo dicho por los profetas: «Será llamado Nazareno» (Mt 2,23). Lo cual indica que a Jesús tuvo Nazaret como lugar de infancia y adolescencia. Aunque esa palabra podría ser una referencia a «nazareo», «consagrado», «santo».

 

Lo que es seguro es que, para Mateo, la historia de la salvación que Dios lleva a cabo con los hombres pasa por acontecimientos oscuros y tenebrosos, acontecimientos en los que el mal y la prepotencia, la violencia y la crueldad prevalecen, causando la muerte de muchos inocentes (Mt 2,16-18) y obligando a mucha gente pobre a éxodos forzados.

 

De hecho, no se puede olvidar que esta página de Mateo, al presentar la migración forzada de José con su familia, se presenta incluso de gran actualidad. 


En esa historia están las muchas historias de familias que hoy se ven obligadas a partir, las historias de millones de personas que no eligen irse, sino que se ven obligadas a separarse de sus seres queridos porque son expulsadas de su tierra o porque tienen que huir tratando de buscar un futuro digno de las personas.

 

Quizá la partida de tantas familias, personas,..., a veces esté llena de esperanza, es decir, de futuro… Pero en muchas otras ocasiones la partida solamente tiene un nombre: supervivencia. Sobrevivir a cada Herodes de turno que, para imponer su poder, no tiene ningún problema en derramar sangre inocente.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 18 de diciembre de 2025

Hacerse cargo, levantarse y poner a salvo a los seres queridos - San Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

Hacerse cargo, levantarse y poner a salvo a los seres queridos - San Mateo 2, 13-15. 19-23 -

Creo que leer la Palabra es como adentrarse en la mar. Creo que es como confiar. Creo que un día te das cuenta de que la Biblia no es solo una historia entre otras historias, la Biblia es la historia que se repite, que se reescribe, que como un mar pide inmersión y confianza, la confianza de dejarse llevar por las ondas y hacer que vuelva a suceder la historia. 

Como la página del Evangelio de hoy: es el Éxodo que se reescribe. El Éxodo en las tramas de la vida de José, María y Jesús, el Éxodo que se reescribirá infinitas veces, cada vez que haya hombres y mujeres dispuestos a hacerlo realidad. 

Esperemos solo tener siempre las palabras para reconocer el relato bíblico, esperemos estar tan capacitados para soñar como para reconocer en la trama de lo que está sucediendo, a pesar de su total novedad, los indicios de esa historia que nos precede y nos cuenta y nos revela el sentido de nuestra existencia. 

Una historia hecha de esclavitud y libertad, de valor y desierto, de palabras que salvan y de idolatrías que aplastan. 

Sabio es el hombre que sabe reconocer y dar nombre a todo esto. Sabio es aquel que sabe encontrar entre las líneas a menudo confusas de la crónica ese camino de libertad que fue de los padres y será de los hijos. José fue un hombre sabio. 

El Éxodo ocurrió también para la familia de Nazaret. Inmediatamente levantarse y llevar a un niño a un lugar seguro, a Egipto, es el sueño el que lo dice, se reescribe la historia de un nuevo José, rey de los sueños, y luego hay que volver, ida y vuelta, y Jesús guardará en sus pupilas de recién nacido esta antigua trayectoria de libertad, y la reescribirá, a su manera, para nosotros. Para nosotros, que necesitamos otro éxodo, y un nuevo Moisés, un posible paso para no quedarnos atrapados en el mar de la muerte. 

La Biblia pide poder ser reescrita siempre, esta es su verdad más profunda, su estatuto de verdad, somos nosotros los que damos vida a la página cada vez que, como José, en la noche, intentamos levantarnos, en la noche de una vida, la nuestra, una vida que nunca se comprende del todo. 

Escribir y dejarse escribir por Dios es aceptar que hay que levantarse incluso cuando se preferiría esconderse o, en el límite, morir, hay que levantarse y mostrarse bien y mirar de frente a la vida y decidir salvar una parte de ella. Unos padres con un niño, aparentemente insignificante, pero que hay que salvar. 

Si creemos que la Palabra no es una aburrida pérdida de tiempo, es urgente darle carne, encarnación, que no bastan las discusiones de los eruditos, la vida no pide ser explicada, ni siquiera las homilías sirven si no están encarnadas por cuerpos valientes, la Palabra pide ser masticada y comida, convertirse en carne, esa carne que una noche decide que ha llegado el momento de levantarse y, en respuesta a un sueño, salvar una parte del mundo. Huir de la muerte haciéndose cargo de los indicios de vida naciente. 

Hay un Éxodo que pide ser reescrito en la trama de nuestros sueños, deseos, decisiones. No se trata de tener fe, sino de sentir que Dios quiere volver a confiar en nosotros. 

Hay que levantarse y amar con un gesto temerario un pedazo del mundo e intentar huir con él, será un enamoramiento o un ideal, cualquier cosa, basta con que implique el riesgo de «hacerse cargo» de algo o alguien, levantarse para salvar solo a uno mismo es un acto ignominioso, además de inútil, nunca nos salvamos solos. 

Levantarse para salvar solo a uno mismo, sin la dulce carga de la debilidad ajena, deja la huida como huida; si, en cambio, se juega en el abrazo de un corazón que late, la huida se convierte en peregrinación, éxodo, resurrección. 

Y mientras José se levanta en la noche, y mientras intenta descifrar los sueños que lo guían, lo que parece claro es que la fe en Dios siempre complica las cosas. La decisión de obedecer a la Anunciación es un gesto peligroso e incómodo. 

Parece volver a ver a Abraham, con Isaac, primero la promesa de un hijo, luego la locura divina de quererlo de vuelta y luego desatado, para la libertad definitiva. Puede ser que José haya releído en su historia ese trágico entrelazamiento de promesas y cambios de opinión, golpes y caricias que dejan aturdido, que hacen dudar de este Dios tan oscuro. Otra vez reescritura. 

La fe es también esta lucha, esta trágica exposición a la vida, esta aceleración impuesta a los días, este empujón contra el filo afilado de los acontecimientos. Y es que la vida te mira a los ojos y te obliga a decidir entre la vida o la muerte, a elegir entre salvarte a ti mismo o a tus seres queridos. 

Cuando la vida es punzante, cuando en nombre de un sueño una mujer o un hombre deciden poner en peligro lo que tienen para ampliar los límites de un aliento naciente, en ese momento se reescribe la Biblia. 

La fe no es ponerse a salvo, no es un refugio cómodo en el que recuperar el equilibrio y la serenidad, creer es transformar el instante en una pregunta, es aceptar el riesgo de dejarse reescribir por una Historia que siempre pide tinta nueva para narrar la palabra más insidiosa de todas: Amor. 

La fe no es rezar a un Dios para que nos salve, sino que es Él quien nos reza a nosotros, quien se pone en nuestras manos, para seguir narrando una relación que no tiene otra gramática que la vida real, los cuerpos, el espacio y el tiempo. 

La fe es levantarse en mitad de la noche, amar tanto el mundo que queremos salvar al menos una parte de él, arriesgándonos. Amar tanto el mundo que nos hacemos cargo de un aliento naciente para aprender a reconocer a todas las personas que ya nos están salvando. 

Y es en esa trama de acontecimientos encarnados, donde la Biblia se convierte en historia íntima y colectiva, descubrir que esa es la única manera de escribir y reescribir el nombre de Dios sin caer en el error. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 6 de septiembre de 2025

La humilde huida responsable de un justo - Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

La humilde huida responsable de un justo - Mateo 2, 13-15. 19-23 -

La infancia de Jesús está marcada por amenazas, hostilidad y enemistades que obligan a los padres del niño a emigrar a Egipto: una sombra de muerte se cierne sobre el niño que acaba de nacer.

 

El primer Domingo después de Navidad presenta el acontecimiento de la encarnación en su reflejo sobre la familia en la que Jesús nació y creció. Si, por tanto, el tema de la familia parece relevante en este Domingo, hay que decir, para evitar posibles caídas retóricas y devocionales relacionadas con la idealización de la familia y de la «sagrada» familia, y también con las derivas y los abusos ideológicos o políticos a los que este delicado tema está sujeto hoy en día, que, en la economía cristiana, y según las propias palabras de Jesús, la realidad decisiva es la nueva familia de Jesús, la de sus discípulos reunidos en torno a él por el anuncio de la Palabra de Dios y que se basa no en los lazos de sangre, sino en «hacer la voluntad de Dios» (cf. Mt 12,46-50).

 

En este año el pasaje del Evangelio según Mateo presenta la infancia de Jesús marcada por amenazas, hostilidades y enemistades que obligan a los padres del niño a emigrar a Egipto para escapar de la amenaza de muerte dirigida al recién nacido por el poderoso y cruel Herodes. Una sombra de muerte se proyecta sobre el niño que acaba de nacer.

 

Varios indicios subrayan esta situación de peligro. Mateo utiliza el verbo anachoréo para decir que los Magos acababan de alejarse, de retirarse (Mt 2,13; cf. Mt 2,12). Se trata de un verbo que no solo indica una partida, sino un alejamiento casi fugitivo, apresurado, precipitado, porque se enfrentan a un grave peligro.


 

En particular, en Mateo, el «retirarse», el «hacer anacoresis» está a menudo relacionado con peligros o situaciones de muerte (Mt 2,14.22; 9,24; 14,12-13; 27,5). El mismo Jesús hace anacoresis cuando se enfrenta a situaciones que lo amenazan (Mt 4,12) o ante amenazas de muerte (Mt 12,14-15).

 

Nuestro texto evangélico se titula a menudo «Huida a Egipto» y, efectivamente, presenta una huida: y la huida no siempre es un acto deshonroso, sino que también puede ser un acto de discernimiento que lee la historia y capta los peligros que se esconden en ella, y un acto de valentía que se atreve a afrontar el miedo y toma la decisión posible.

 

Y, a veces, no hay otra posibilidad que la huida. La huida puede convertirse en un acto de humildad (porque expresa la conciencia de la propia limitación e impotencia) y en un acto de resistencia (porque no se doblega ante el mal dominante). Y en el caso concreto de nuestro texto evangélico, es un acto de responsabilidad con el que José asegura un futuro a María y a Jesús.

 

Pero también es un acto de fe. Mateo señala que es el Ángel del Señor quien se aparece en sueños a José y le dice que huya a Egipto. Esta expresión, «Ángel del Señor», designa la intervención divina en los asuntos humanos para poner fin a situaciones desesperadas, sin salida, que parecen no tener remedio.

 

Es el «Ángel del Señor» el que se presenta a Agar, que ha huido de Sarai, la esposa de Abraham, que la maltrataba y le hacía la vida imposible, y le dice que vuelva con Sarai, asegurándole con su promesa que tendrá descendencia (Gn 16,7-11).

 

Es el «Ángel del Señor» quien detiene la mano armada con un cuchillo con la que Abraham se disponía a sacrificar a su hijo Isaac, y así se salva la historia de la salvación (Génesis 22,11-15).

 

Es de nuevo un «Ángel del Señor» quien pone fin al cautiverio de Pedro en Hechos 12,7.


 

En los dos primeros capítulos de Mateo, el Ángel del Señor interviene tres veces: para resolver el dilema de José y orientarlo a tomar a María como su esposa (1,20), para impulsarlo a huir a Egipto llevando consigo al niño y a su madre (2,13) y, finalmente, para hacerlo regresar a la tierra de Israel llevando consigo al niño y a su madre (2,19).

 

La solución, la salida de situaciones desesperadas, va siempre acompañada del acto de responsabilidad, que es también un acto de amor y justicia, con el que se invita a José a «tomar consigo», primero a María como su esposa, y luego «al niño y a su madre».

 

Si José huye a Egipto, ciertamente no huye ni de la responsabilidad, ni del amor, ni de la justicia. Es significativo que el Ángel del Señor intervenga en otra situación a puerta cerrada, es decir, en la tumba donde había sido depositado el cuerpo de Jesús, el día de la resurrección (Mt 28,2). Su intervención declara la apertura de una situación cerrada, proclama la victoria de la vida sobre la muerte.

 

El texto evangélico pretende sin duda mostrar que Jesús recorre el camino de Israel, «el hijo de Dios» («Israel es mi hijo primogénito»: Ex 4,22), descendiendo a Egipto y luego regresando a la tierra de Israel. Es como si toda la historia de la salvación se resumiera en la persona y en la historia de Jesús.

 

La historia de la salvación se desarrolla a través de historias particulares, historias de nombres y rostros, historias familiares, a través de esa red de relaciones cotidianas que teje la existencia humana.

 

Y pasa a través de la salvación de historias y relaciones cotidianas: al salvar a su familia del peligro inminente, José salva también la historia de la salvación de Dios con toda la humanidad. Salvar una vida es salvar el mundo.

 

Y aquí hay que decir que Jesús, en nuestro texto, aparece como objeto de salvación. Él es salvado, sustraído de la matanza que Herodes llevará a cabo con los niños menores de dos años, gracias a la acción de José. Este, llevándose al niño y a su madre, bajando a Egipto y luego haciendo el camino de vuelta, como en un nuevo éxodo, desempeña esa tarea de presencia y protección propia de los padres y que permite al niño atravesar esas contradicciones y dificultades de la infancia —que podrían marcar profundamente su futuro— habiendo conocido el amor y el cuidado.

 

El decreto de Herodes que ordena el exterminio de los niños menores de dos años es una repetición y evocación, una referencia y remisión, según la técnica judía del midrash, al texto del Éxodo en el que se narra el exterminio ordenado por el faraón de los hijos varones de los hebreos (Éxodo 1,15-22).

 

Moisés se salvó de ese exterminio al ser escondido primero durante tres meses y luego abandonado en una cesta en el Nilo, donde fue encontrado y adoptado por la hija del faraón, que lo llamó Moisés, diciendo: «Yo lo he salvado de las aguas» (Éxodo 2,10). Jesús también fue salvado. La tipología de Moisés se refleja en Jesús. El que «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21) es el que ha sido salvado él mismo, el que ha conocido en su carne la experiencia de ser salvado.

 

Ciertamente, a diferencia de Moisés, que nunca entró en la tierra prometida, Jesús sí entrará en ella. De hecho, Mateo especifica en tres etapas el regreso de José, Jesús y María: tierra de Israel (Mt 2,21); región de Galilea (Mt 2,22); ciudad llamada Nazaret (Mt 2,23).


 

Y precisamente el destino final de Jesús en la tierra de Israel, es decir, la ciudad de Nazaret, localidad que nunca se menciona ni en el Antiguo Testamento ni en el Talmud, le brinda a Mateo la oportunidad de mostrar cómo en esa historia de enemistad y crueldad, de sufrimiento y penurias, se esconde la realización de la historia de la salvación.

 

El establecimiento en Nazaret tiene como objetivo el cumplimiento de lo dicho por los profetas: «Será llamado Nazareno» (Mt 2,23). El significado de este apelativo es objeto de debate.

 

Un primer significado es que indica a Jesús como aquel que tuvo Nazaret como lugar de infancia y adolescencia. Sin embargo, es más probable que el término contenga diferentes resonancias que se revelan en posibles alusiones a algunos textos del Antiguo Testamento.

 

Por ejemplo, la palabra podría ser una referencia al término hebreo que en Is 11,1 indica el «brote», término que designa al Mesías. O bien que signifique «nazareo», «consagrado», «santo». O incluso que signifique «salvado», «preservado», «superviviente», en referencia a un término que aparece en Is 49,6. Y esta última referencia nos remitiría de nuevo a la experiencia de salvación que conoció el propio Jesús.

 

Lo que es seguro es que, para Mateo, la historia de la salvación que Dios lleva a cabo con los hombres pasa por acontecimientos oscuros y tenebrosos, acontecimientos en los que el mal y la prepotencia, la violencia y la crueldad prevalecen, causando la muerte de muchos inocentes (Mt 2,16-18) y obligando a mucha gente pobre a éxodos forzados.

 

De hecho, no se puede olvidar que esta página de Mateo, al presentar la migración forzada de José con su familia, se presenta como de gran actualidad.

 

Lo expreso con las palabras del papa Francisco en la homilía de la noche de Navidad de 2017:

 

«En los pasos de José y María se esconden muchos pasos. Vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a partir. Vemos las huellas de millones de personas que no eligen irse, sino que se ven obligadas a separarse de sus seres queridos, son expulsadas de su tierra. En muchos casos, esta partida está llena de esperanza, llena de futuro; en muchos otros, esta partida solo tiene un nombre: supervivencia. Sobrevivir a los Herodes de turno que, para imponer su poder y aumentar sus riquezas, no tienen ningún problema en derramar sangre inocente».

 


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

José, mediador de salvación para su familia - Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

José, mediador de salvación para su familia - Mateo 2, 13-15. 19-23 -

En este primer Domingo después de Navidad meditamos sobre un aspecto particular del misterio de la encarnación y humanización de Dios en Jesucristo.

 

Apenas nacido, Jesús es hostigado por los poderosos de este mundo, como sucederá a lo largo de toda su vida; en este caso, sin embargo, él no es capaz de pensar en sí mismo en primera persona y solo gracias a los cuidados de José y María se salva la vida: la historia de la salvación pasa a través de los acontecimientos cotidianos de la familia de Jesús, a través de la salvación de las historias cotidianas.

 

Los Reyes Magos acaban de partir de Belén, después de adorar a Jesús (cf. Mt 2,9-12), y he aquí que la luz resplandeciente da paso a la noche.

 

Sobre Belén reina el rey Herodes el Grande, quien, turbado por la búsqueda del recién nacido «rey de los judíos» (Mt 2,2) por parte de los Magos, decide tomar medidas drásticas para eliminarlo. Entonces, un ángel, un mensajero del Señor, se aparece en sueños a José y le ordena: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes busca al niño para matarlo».

 

José obedece prontamente, toma consigo al recién nacido y a María y se dirige a Egipto, tierra en la que Israel había conocido la dura opresión y la esclavitud: de este modo, Jesús recorre el camino del pueblo de Israel, llamado por Dios mismo «mi hijo» (cf. Ex 4,22), revive el éxodo descendiendo a Egipto y luego regresando a la tierra de Israel.

 

No solo eso, al igual que Moisés tuvo que huir del faraón que «quería matarlo» (Ex 2,5), Jesús tiene que huir de Herodes, el poderoso que siempre se opone a los designios de Dios.


 

Al conducir a Jesús en este éxodo, sus padres le hablan del Dios salvador, y lo hacen viviendo su experiencia de peligro a la luz de la fe en Dios y en su Palabra: así «se cumple lo que había sido dicho por el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo»» (Os 11,1), un Mesías que debe huir porque está amenazado de muerte, un Mesías salvado (cf. Zc 9,9).

 

Es más, bajo la custodia de José se cumple aquí lo que Jesús realizará como sujeto libre y responsable cuando se retire al desierto durante cuarenta días para vivir más intensamente en la presencia del Padre (cf. Mt 4,1-2), actualizando los cuarenta años de Israel en el desierto antes de entrar en la tierra prometida...

 

Después de algún tiempo, a la muerte de Herodes, un Ángel revela de nuevo en sueños a José que puede regresar a Israel.

 

Sin embargo, la situación aún no es segura, porque en Judea reina Arquelao, hijo de Herodes. Por eso, Jesús y los suyos se dirigen a Galilea, tierra que, según el profeta, vería primero el amanecer de la gran luz (cf. Is 8,23-9,1; Mt 4,15-16), tierra de tinieblas que vería sentarse en el trono de David al niño llamado «Consejero admirable, Dios poderoso, Padre eterno, Príncipe de la paz» (Is 9,5).

 

Se trata de una tierra impura porque también está habitada por paganos, pero al ir allí José lleva inmediatamente a Jesús a todos los hombres, a los judíos y a las gentes... Y Jesús «fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por los profetas: «Será llamado Nazareno»».

 

El nombre del lugar lleva al Evangelista a un doble juego de palabras significativo: Jesús, llamado Emmanuel, Dios-con-nosotros por el Ángel, será llamado también «Nazareno», es decir, habitante de Nazaret y, al mismo tiempo, «nazir», nazareo, es decir, separado de Dios y consagrado a él desde el seno de su madre (cf. Hch 2,22; 3,6).

 

Padre de Jesús según la Ley, José es verdaderamente el instrumento de Dios para salvar a Jesús: lo salva de nacer sin un padre legal, lo salva de la amenaza asesina de Herodes, lo salva del exilio en tierra extranjera.

 

Así se cumple el designio de salvación querido por Dios, a pesar de la oposición de los poderosos de este mundo, que con su arrogancia parecen dirigir el curso de la historia: pero Dios necesita hombres y mujeres que escuchen su voz y preparen todo para que su salvación se manifieste en la tierra.

 

Este debe ser nuestro compromiso diario, para que la oscuridad de nuestras noches sea iluminada por la luz del Hijo de Dios.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

La historia cotidiana como sacramento de historia de salvación - Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

La historia cotidiana como sacramento de historia de salvación - Mateo 2, 13-15. 19-23 -

En Navidad contemplamos en el Evangelio según San Lucas el nacimiento de Jesús en Belén, mientras su madre María y su padre según la Ley, José, estaban de viaje debido al censo ordenado por el emperador romano (cf. Lc 2,1-14).

 

Hoy, primer Domingo después de Navidad, la Iglesia nos hace contemplar en el Evangelio según Mateo la familia de Jesús, su nacimiento en una genealogía de judíos descendientes del rey y mesías David (cf. Mt 1,1-17).

 

Cada uno de nosotros nace de una madre, es acogido por alguien, por una familia que lo alimenta y lo hace crecer, y así viene al mundo. Así fue también para Jesús.

 

Pero, ¿qué historia tenía esta familia? Era una familia cuyo padre era artesano, una familia pobre pero no miserable, pero al nacer ese hijo surgió un grave peligro para él. Un decreto de Herodes prescribía la muerte de los niños varones, porque según los magos entre ellos había nacido el Mesías de Israel (cf. Mt 2,2.16-18).

 

Entonces José fue advertido en sueños por un Ángel: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto», y, siempre en su silencio, obedeció inmediatamente y se retiró a esa tierra extranjera.

 

Fueron años de exilio, de extranjería, vividos en medio de un pueblo de lengua y cultura diferentes, donde esta familia conoció la condición del emigrante: soledad, desconfianza, dificultades para vivir...

 

Pero he aquí que, una vez pasado el peligro para Jesús por la muerte de Herodes, el Ángel volvió a decir a José en sueños: «Levántate, toma al niño y a su madre y vete a la tierra de Israel, porque han muerto los que buscaban matar al niño». Y José, siempre con prontitud, en silencio cumple la palabra del Señor.

 

Se trata, pues, de una historia muy humana que convirtió a la familia de Jesús en perseguida, migrante, extranjera, pero al mismo tiempo comprendemos cómo esta historia cotidiana y sencilla era también el cumplimiento de la promesa de Dios y recapitulaba una historia que había sido la de Abraham, la de Israel y sus hijos, la del pueblo que había entrado en alianza con el Dios vivo. De hecho, Abraham había bajado a Egipto y había vuelto de Egipto, Jacob y sus hijos habían bajado allí en busca de comida y luego habían vuelto como pueblo.

 

Es el camino del descenso y del éxodo-ascenso, el que Jesús recorre con María y José, de modo que también Él puede considerarse salvado, como proclama el creyente judío en la noche de Pascua: «En cada generación, cada uno debe considerarse a sí mismo como si él mismo hubiera salido de Egipto en esa noche».

 

Pero también podemos ver un paralelismo entre la historia de Jesús y la de Moisés, también Él amenazado de muerte por el faraón (cf. Ex 2,15), también Él huyendo a tierra extranjera, también él regresando del exilio, por orden del Señor, para cumplir su misión hacia el pueblo (cf. Ex 4,19-20).

 

Historia cotidiana, pero a los ojos de quienes tienen fe, también historia de salvación. Historia de una familia similar a tantas historias de nuestras familias: condiciones de vida difíciles, criar y hacer crecer a un hijo en condiciones precarias, cambiar de casa y de lugar donde vivir, y sin duda las dificultades de la convivencia de una pareja y un hijo...


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

En esa familia, el destino del mundo - Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

En esa familia, el destino del mundo - Mateo 2, 13-15. 19-23 -

Herodes envía soldados, Dios envía un ángel en el humilde camino de los sueños. Un grano de sueño caído en los duros engranajes de la historia basta para cambiar su curso.

 

José en su sueño no ve, pero escucha y siente. Un sueño de palabras. Es lo que también se nos concede a nosotros: Dios camina junto a nuestros miedos con su Palabra, camina con todos los refugiados y con quienes les prestan socorro, con un sueño de palabras, un sueño del Evangelio.

 

«José tomó al niño y a su madre durante la noche y huyó a Egipto». ¡Un Dios que huye en la noche! ¿Por qué ordena huir, sin garantizar un futuro, sin marcar el camino y la fecha del regreso?

 

Dios no salva del sufrimiento, sino en el sufrimiento; no salva de la muerte, sino en la muerte; no protege de la noche, sino en la noche.

 

José sueña tres veces. Cada vez es un anuncio parcial, una profecía de corto alcance. Sin embargo, para partir no pide tenerlo todo claro, ver el horizonte, sino solo la luz suficiente para dar el primer paso, la fuerza necesaria para la primera noche.

 

A José le basta un Dios que entrelaza su aliento con el de los tres fugitivos para saber que el viaje va hacia casa, aunque pase por Egipto.

 

Es su fe: sé que en el mundo mandan los más fuertes y los más violentos, sé que Herodes se sienta en su trono de muerte, sé que la vida es una aventura de peligros, de caminos, de refugios y de sueños, pero sé que detrás de todo esto hay un hilo rojo cuyo extremo está firmemente sujeto en la mano de Dios.

 

Sé que en cada vida hay un sueño de Dios que se va encarnando lentamente.

 

Sé que todo tiende a separar, a deshacer ese nudo germinal de la vida que es la familia, pero sé que Dios viene como alegría y como fuerza dentro del abrazo amoroso de las vidas, dentro de los afectos, en nuestras familias.

 

Un padre, una madre, un hijo: el destino del mundo se decide dentro de una familia, en el humilde coraje de una, de muchas, de infinitas criaturas enamoradas y silenciosas.

 

José el justo representa a todos los justos de la tierra, hombres y mujeres que, asumiendo la vida de otros, viven el amor sin contar las fatigas y los miedos; todos aquellos que, sin proclamas ni recompensas, en silencio, hacen lo que deben hacer; todos aquellos que saben que la tarea suprema en el mundo es custodiar vidas con la propia vida.

 

Y así lo hacen: concretos y a la vez soñadores, indefensos y, sin embargo, más fuertes que cualquier faraón.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

José, modelo de todo creyente - Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

José, modelo de todo creyente - Mateo 2, 13-15. 19-23 -

La Navidad no es sentimental, sino dramática: es el comienzo de un nuevo orden de todas las cosas. No es una fiesta de buenos sentimientos, sino el juicio sobre el mundo, la conversión de la historia.

 

La gran rueda del mundo siempre había girado en una sola dirección: de abajo hacia arriba, de lo pequeño hacia lo grande, de lo débil hacia lo fuerte.

 

Cuando nace Jesús, o mejor dicho, cuando el Hijo de Dios nace de una mujer, el movimiento de la historia se detiene por un instante y luego comienza a fluir en sentido contrario: el omnipotente se hace débil, el eterno se hace mortal, lo infinito está en el fragmento.

 

El destino del mundo se decide dentro de una familia: un padre, una madre, un hijo, el nudo de la vida, el eje del futuro.

 

Las cosas decisivas, hoy como entonces, suceden dentro de las relaciones, de corazón a corazón, en el valor cotidiano de una, de muchas, de infinitas criaturas enamoradas y generosas que saben «tomar consigo» la vida de los demás.

 

José es el modelo de todo creyente, en el que la fe y los afectos son fuerza el uno para el otro. Herodes envía soldados, Dios envía un sueño. Un grano de sueño caído en los duros engranajes de la historia basta para cambiar su curso.

 

«José tomó al niño y a su madre durante la noche y huyó a Egipto». ¡Un Dios que huye en la noche!

 

¿Por qué el ángel ordena huir, sin garantizar un futuro, sin marcar el camino y la fecha del regreso? Porque Dios no salva del exilio, sino en el exilio; no te evita el desierto, sino que es fuerza dentro del desierto, no protege de la noche, sino en la noche.

 

José sueña tres veces. Cada vez es un anuncio parcial, una profecía de corto alcance. Sin embargo, para partir no pide tenerlo todo claro, ver el horizonte completo, sino solo la luz suficiente para dar el primer paso, la fuerza necesaria para la primera noche.

 

A José le basta un Dios que entrelaza su aliento con el de los tres fugitivos para saber que el viaje va hacia casa, aunque pase por el lejano Egipto; que es una aventura de peligros, de caminos, de refugios y de sueños, pero que hay un hilo rojo cuyo extremo está firme en la mano de Dios.

 

José representa a todos los justos de la tierra, hombres y mujeres que, asumiendo la vida de otros, viven el amor sin contar las fatigas y los miedos; todos aquellos que, sin proclamas ni recompensas, en silencio, hacen lo que deben hacer; todos aquellos cuya tarea suprema en el mundo es custodiar vidas con su propia vida).

 

Y así lo hacen: concretos y a la vez soñadores, indefensos y sin embargo más fuertes que cualquier faraón.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

José, un padre realista y soñador - Mateo 2, 13-15. 19-23 -.

José, un padre realista y soñador - Mateo 2, 13-15. 19-23 -

El Evangelio nos habla de una familia guiada por un sueño.

 

Hoy, con la distancia, vemos que el personaje importante de aquellas noches no es Herodes el Grande, ni su hijo Arquelao, sino un hombre silencioso y valiente, realista y soñador: José, el desarmado que es más fuerte que cualquier Herodes.

 

¿Y qué hace José? Sueña, abraza a su familia y se pone en camino.

 

Tres acciones: seguir un sueño, caminar y custodiar. Tres verbos decisivos para cada familia y para cada individuo; más aún, para el destino del mundo.

 

Soñar es el primer verbo. Es el verbo de quien no se conforma con el mundo tal como es. Una pizca de sueño, caída en los duros engranajes de la historia, basta para cambiar su curso. José en su sueño no ve imágenes, escucha palabras, es un sueño de palabras.

 

Es lo que se nos concede a cada uno de nosotros, todos tenemos el Evangelio que habita en nosotros con su sueño de cielos nuevos y tierra nueva.

 

En el Evangelio, José sueña cuatro veces (el hombre justo tiene los mismos sueños que Dios), pero cada vez el ángel trae un anuncio parcial, cada vez una profecía breve, demasiado breve; sin embargo, para partir y volver a partir, José no pretende tener todo el horizonte claro ante sí, sino solo la luz suficiente para dar el primer paso, el valor necesario para la primera noche, la fuerza suficiente para empezar.

 

Caminar es la segunda acción. Sin embargo, lo que Dios indica es muy poco, indica la dirección hacia la que huir, solo la dirección; luego deben intervenir la libertad y la inteligencia del hombre, la creatividad y la tenacidad de José.

 

Nos corresponde a nosotros estudiar las opciones, las estrategias, los itinerarios, los descansos, medir el esfuerzo. El Señor nunca ofrece un manual de reglas para la vida social o individual, Él enciende los objetivos y el corazón, luego te confía a tu libertad y a tu inteligencia.

 

El tercer verbo es custodiar, llevar consigo, abrazar, proteger. Tenemos la historia de un padre, una madre y un hijo: el destino del mundo se decide dentro de una familia. Sucedió entonces y siempre sucede.

 

Dentro de los afectos, dentro del amoroso abrazo de las vidas, en el humilde coraje de una, de muchas, de infinitas criaturas enamoradas y silenciosas. La tarea suprema de toda vida es custodiar vidas con la propia vida, sin contar las fatigas y sin acumular remordimientos.

 

Entonces veo el Evangelio de Dios cuando veo a un hombre y una mujer que asumen la vida de sus pequeños; es Evangelio de Dios cada hombre y cada mujer que caminan juntos, detrás de un sueño. Y es Palabra de Dios quien hoy me acompaña en el camino, es gracia de Dios que comienza y vuelve a comenzar siempre desde el rostro de quien me ama.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

La muerte médicamente asistida.

La muerte médicamente asistida En 1974 se firmó - con la firma también de premios Nobel como Jacques Monod - un llamamiento a favor de la eu...