El lado correcto de la historia: la música militar nunca me supo levantar
Escribo con voz propia y a título personal. Y lo hago poniendo voz a la que quiero que sea brújula: las personas concretas y, muy en particular, los más desfavorecidos.
Trato de ser un hombre que quiere elegir la coherencia de la verdad por encima de cualquier eslogan.
A estas alturas ya
me he convencido, creo, de que ningún pueblo se libera bajo las bombas o bajo
el asedio económico.
La idea de que
Occidente puede 'educar en democracia' a una nación mediante el castigo colectivo es un
crimen de lesa humanidad antes que político.
Las bombas y los
asedios y sanciones económicas son una guerra invisible que no merma el poder, por más dictatorial y tiránico que sea, sino que devora el presente y el futuro de las personas concretas.
Los medios de
comunicación a los que habitualmente tengo acceso suelen seguir un guion
obsceno hasta la saciedad.
La narrativa es monocromática:
estadounidense y occidental.
Y se alimenta por
precisos centros de poder y lobbies geopolíticos, que reducen al otro a
adversario y enemigo: un objetivo estratégico y táctico, abstracto, deshumanizado…
para justificar su destrucción.
Lo demás... en el mejor de los casos es 'daño colateral'.
No, no es cuestión
de defender a este dictador o a aquel tirano. Los valores más originales de
humanidad llevan nombres de derecho, igualdad, fraternidad, libertad, justicia…
Y precisamente por
eso también rechazo con fuerza la ecuación tóxica y el simplismo deliberado de
las narrativas estadounidenses y occidentales.
Este momento de la historia del mundo es vibrante y complejo. Seguramente no más que otros momentos.
Se va adueñando en mí la sensación de agotamiento
porque entiendo que todo se reduce a un terreno de enfrentamiento simbólico
entre imperios, a polarizaciones temibles entra partidos, etc.
Y trato de observar el caos presente, en mil y un
conflictos de alta, mediana o baja intensidad, con lucidez… pero, me temo, que uno
va viendo naufragar demasiadas ilusiones como para poder alimentar otras
nuevas.
Las bombas y los asedios y sanciones económicas no generan
democracia.
La actual también es una mitología peligrosa que solo
sirve para cambiar una sumisión por otra: cambiar de amo nunca ha sido una
liberación.
Alguien que me lee me dice que la lucidez impone
honestidad. Es verdad. No existen atajos geopolíticos.
La alternativa no suele ser el falso dilema. Por
ejemplo, entre la teocracia y los bombardeos, entre la república islámica y una
monarquía restaurada.
El verdadero cambio suele residir en una
transformación interna, compleja y necesaria, que conduzca a un pueblo al
pluralismo político, a la justicia social, a la reconciliación nacional,…,
Y ese no se desencadena con bombas o con asedios y
sanciones económicas.
El derecho, la igualdad, la fraternidad, la libertad, la justicia… no son un paquete entregado desde fuera sino una conquista de la conciencia colectiva.
Hay quien cree en la revolución como un acto
inmediato, una ruptura violenta y definitiva.
La sensatez que da la madurez y, quiero pensar, la
lección de la Historia, me ayuda más bien a creer que la verdadera revolución
es un proceso lento: es cultural, social, moral…
Y significa liberarse, ante todo, de la lógica del asedio, del odio, de la propaganda… que convierte a los seres humanos en blanco de estrategias y tácticas.
Recordaba una canción. Seguramente ya olvidada para una gran parte del público: «La mauvaise réputation» - “La mala reputación” en castellano -. Una canción del cantautor francés Georges Brassens, publicada en 1952 en el álbum homónimo.
Éste, creo, es el lado correcto de la historia.
No, la música militar nunca me supo levantar. Y seguramente este es el mayor pecado para algunos: el de no seguir los dictados de los abanderados de turno llenos de poder y de soberbia.
No, no estoy con los misiles. Tampoco con los
fanáticos… ni de uno ni de otro bando.
Trato de estar de parte de la gente común que son quienes mueren por
decisiones tomadas en Washington, Tel Aviv o Teherán… No sé si me explico.
La Historia nos ha mostrado la caída de ideologías y sus imperios que pretendían ser eternos. Otros siguen resistiendo.
La vida cotidiana enseña que la libertad (el derecho, la
igualdad, la fraternidad, la justicia…) no nace del estruendo de las armas,
sino de la dignidad cotidiana de las personas.
Y enseña que el futuro no pertenece a los generales ni
a los grupos de presión, sino al pueblo que, tarde o temprano, pide cuentas a
todos: a sus gobernantes y a quienes, desde fuera, juegan cínicamente con su
destino.
Probablemente la mía es la mirada de un ingenuo.
Soy un hombre que contempla este momento de la
historia del mundo, y a los señores poderosos que juegan a sus batallas, con
dolor. Creo que también con lucidez.
Y al que le gustaría tener una obstinada esperanza.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
Posdata:
Por si te interesa, amable lector, te dejo estos links que te pueden interesar:
La mauvaise réputation con Georges Brassens (con subtítulos en castellano): https://www.youtube.com/watch?v=-oUo80SSnoc
La mala reputación con Paco Ibáñez: https://www.youtube.com/watch?v=ZN1TGK5FAas&list=RDZN1TGK5FAas&start_radio=1
Y éste es el link con el texto en castellano de La mauvaise réputation - La mala reputación -: https://trianarts.com/recordando-a-georges-brassens-la-mala-reputacion/#sthash.T90EeoVE.dpbs









