Instrumentos del Alma: abrir ventanas a lo humano
En una época que archiva rápidamente toda complejidad para sustituirla por la eficiencia, la urgencia del resultado y la obsesión por la normalidad, Instrumentos del Alma nos adentra como en un bálsamo, como en un saber que cura, porque no pretende explicarlo todo, sino que se ofrece como una vía de comprensión profunda.
Instrumentos
del Alma es una propuesta
que trata de mediar entre el misterio y la vida. Es una experiencia que no
edifica, no estructura, no impone un modelo. Al contrario, acoge el misterio,
se ofrece como un ejercicio de acordes y vibraciones, como un pensamiento
musical, capaz de asomarse y entrar en el misterio, descalzo, con respeto y
asombro.
No, no es una experiencia
especulativa sino terapéutica: la curación de aquella mentira que es la rigidez
del pensamiento abstracto que pretende explicar la vida sin habitarla. Incluso
diría que es una imagen poética porque solamente la poesía logra adentrarse en
el misterio sin reducirlo a un concepto.
En este sentido, Instrumentos del Alma se
convierte en una medicina para el alma. Y de ahí su valor porque quiere acostumbrar
a las personas a pensar de forma compleja y a sentir en profundidad, a convivir
con lo que no se puede simplificar. Y eso es una tarea siempre necesaria.
Tantas veces una tentación es hacer de la existencia un sistema conceptual cerrado, una exhibición de racionalidad. Max Scheler reclamaba enérgicamente un orden del alma que el racionalismo, más que la razón, ignora.
El racionalismo —entendido como la reducción de la realidad a lo abstracto, al cálculo, a lo útil— ha expulsado el alma del pensamiento, la ha excluido como si fuera un residuo premoderno, algo embarazoso o peligrosamente subjetivo. Pero el precio de esta exclusión es muy alto: es la pérdida de la comprensión profunda de lo humano, de su totalidad.
Ante la complejidad el
sistema responde con diagnósticos, con categorías clínicas, con soluciones
mecánicas... El racionalismo diagnóstico —en el que cada manifestación de
singularidad, de diferencia, de malestar, de… se lee a través del filtro de un
manual o un algoritmo— olvida que hay un orden del alma que se escapa y que, en
lugar de ser reprimido o ajustado, debe ser acogido e interpretado.
En el sistema actual,
saturado de procedimientos, programas y protocolos, tantas veces la
espiritualidad se percibe cada vez más como un cuerpo extraño, una desviación que
hay que regular.
¿Y si hoy la verdad que nos
corresponde descubrir fuera precisamente la insuficiencia del racionalismo? ¿Y si la espiritualidad fuera un saber alternativo, una forma de
inteligencia que pide ser comprendida, no analizada? ¿Y si la espiritualidad fuera,
en el fondo, un mensajero de otra lógica, un portador sano de un sentido que el
pensamiento dominante no logra descifrar?
El saber del alma no es productivo pero es esencial. Es un saber que no se aplica, sino que se practica. Que no mide, sino que comprende. Y que, sobre todo, abre a una verdad que no se puede explicar, sino solo habitar. Con el alma abierta y el corazón dispuesto.
El
saber moderno ha cortado los lazos con el alma, ha separado el pensamiento de
la vida y ha reducido al ser humano a una serie de funciones, mecanismos y
comportamientos observables.
No, Instrumentos del Alma no postula un retorno nostálgico a la
espiritualidad, sino el comienzo de otra posibilidad cognitiva: una «razón
poética» capaz de acoger lo irracional, el sueño, la experiencia mística, la
espiritualidad, la nostalgia, la profundidad,…, todo lo que el pensamiento
racionalista ha desterrado como «desviado».
Una de las contribuciones
más fecundas de Instrumentos del Alma
reside en su visión de la diferencia.
No se trata de tolerar la desviación, sino de comprender que cada ser
humano es, de alguna manera, diferente, único e irrepetible. La desviación, en
el lenguaje de los sistemas normativos, es lo que excede las normas, pero lo
que excede es también lo que revela.
Quien
vive al margen (el exiliado, el loco, el poeta,…, el místico) es a menudo
portador de una verdad que el centro ha olvidado. En este sentido, Instrumentos del Alma es una propuesta de acogida del otro,
de lo incognoscible, de lo inexplicable. Y eso es un bien pedagógico, político
y social: no es solo una forma de pensar, sino una forma de relacionarse con el
mundo y con los demás.
Adentrarse
en Instrumentos del Alma significa, ante todo, cambiar la mirada. No se trata de transmisión
de contenidos sino de acompañamiento del alma en su devenir. No se trata de
adaptar al individuo al sistema, sino de escuchar lo que se mueve en su
interior: sueños, anhelos, vocaciones, intuiciones...
En
una época en la que el sistema está cada vez más marcado por el rendimiento, la
eficiencia y la mensurabilidad, Instrumentos del Alma nos
recuerda que no existe vida sin zonas de silencio. Vivir es también vivir en el misterio. Es
dar voz a lo que no tiene voz, y dar palabra a lo no dicho, a la vida que no
entra en los parámetros de lo funcional, mensurable, pragmático…
La espiritualidad es un arte poético: un conocimiento
del alma que se construye en la relación viva, en la palabra compartida, en la
escucha radical.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF









