Brindemos mientras tanto a la vida
Mi cumpleaños. Hoy. Ayer. Mañana.
Empecé las «celebraciones» ayer con un amigo que conoce algunos de mis matices, mis tonalidades…
En un lugar que me encanta. Pamplona.
Me encanta desde hace algunos años en los que conocí más de cerca esta ciudad.
Me encanta porque mi historia también pasa por aquí.
Me encanta el día de mi cumpleaños porque no se trata de envejecer, sino de crecer. De desarrollarme. De mirar hacia el futuro. Sin perder de vista el pasado.
He aprendido, quizá más en los días festivos que en otros, que algunas circunstancias son una dificultad que nos creamos nosotros mismos más que una dificultad real.
Y no porque quiera convencerme a mí mismo, sino porque creo que el secreto de la vida es una cuestión de sentir, percibir, comprender.
Sé que tengo cerca a todas esas personas que físicamente están lejos. Algunas, eso creo y espero, incluso en la casa del Padre.
Sé que cada uno de ellos tendrá un pensamiento para mí. Incluso quienes no lo demuestren.
Porque el día de mi cumpleaños también es esto: saber que los demás tendrán un pensamiento para ti. La realidad no es solo lo que tocamos. La verdad es que incluso lo que no es tangible es real.
Lo aprendí cuando se fueron personas importantes para mí y aún siento sus enseñanzas, lo que me dieron, cómo cuidaron de mi corazón, cómo me animaron.
El día de mi cumpleaños es un día solo para mí. Pero también para todas las personas de mi vida. Cada persona que entra en nuestra vida nos invita a la reflexión. Nosotros provocamos reflexiones. Y «nuestro» día es también un día de reflexión. Para nosotros, para los demás.
Es un día en el que nos ocupamos del presente para hacerlo especial. Con una mirada al pasado. Con un ojo puesto en el futuro. Porque lo fundamental es el camino. Reconocer nuestro camino.
Es un día importante por eso. O, al menos, debería serlo por eso.
Hay lugares que recordaré
Toda mi vida, aunque algunos han cambiado
Algunos para siempre, y no para mejor
Algunos han desaparecido, y otros
permanecen
Todos estos lugares tuvieron sus momentos
Con amantes y amigos, que aún puedo
recordar
Algunos han fallecido, y otros siguen vivos
En mi vida, los he amado a todos
In My Life, The Beatles
Sí, he superado esa mitad, tanto en términos de edad como por todo lo que he vivido hasta hoy.
Porque la vida, hasta ahora, no me ha ahorrado absolutamente nada, para bien o para mal.
Así que, a pesar de todo, sigo teniendo mucho por lo que estar agradecido.
Una vida plena, a pesar de sus adversidades. Sueños cumplidos, otros por cumplir, y otros más que sé que nunca cumpliré, pero que aún no puedo dar por rotos.
Hoy que he cumplido 61 años, y mientras visitaba el cementerio de San José de Pamplona, me preguntaba si la dirección que estoy dando a las velas es la correcta.
En mis recuerdos tengo algunas imágenes. A veces nítidas. Otras veces difusas.
A los 61 años se supone que es la edad de la madurez, de las certezas, de las confirmaciones y de la realización personal y profesional. Al menos, eso es lo que dicen.
¿Por qué no consigo sentir todas esas certezas?
Las únicas seguridades están en muy pocas cosas mientras que todo lo demás está en constante cambio.
Creo que Dios me está volviendo muy minimalista.
Y creo que en el cambio reside la vida misma, un poco como ocurre en la naturaleza, donde muere quien se queda quieto, quien no se adapta, quien permanece inmóvil. Solo la materia inanimada nunca cambia.
O tal vez esta percepción de cambio continuo se deba únicamente a que la naturaleza humana siempre busca un poco de paz, y en este sentido siento que aún tengo que hacer las paces con muchos aspectos de mi vida.
Estoy en esa edad en la que aprecio y valoro a quienes creen en algo, que tienen valores. No valoro a las almas vacías, a las quejas que nacen del egocentrismo infantil, a los superficiales ni a quienes nunca se cuestionan a sí mismos. Esto lo sé con meridiana certeza.
Pero tengo que encontrar un equilibrio en tantas cosas y hacer las paces todo aquello que pocos conocen porque siempre las he enmascarado tras mi silencio.
Todavía tengo que conseguir nadar en aguas profundas y no tener miedo, al girarme, al ver aquellos que ya no están físicamente a mi lado, como siempre lo estuvieron en buena parte de mi vida.
Espero tener aún tiempo en la vida para poder hacer las paces con tantos y tantos aspectos.
Y si no es precisamente paz, al menos tener un poco de tregua de vez en cuando.
Lo que he deseado para este cumpleaños es poder seguir viendo un poco más del mundo con la mochila a la espalda.
El mío no es un balance; espero tener el privilegio de envejecer para poder hacer balances más adelante en mi vida; es solo una reflexión y un deseo que me hago a mí mismo mientras avanzan los años de este camino.
Crezco. Maduro. Envejezco.
Lo podéis llamar como queráis. Lo cierto es que vuelvo a cumplir años. «Mientras los celebres, todo va bien», dicen los que dicen que saben.
Sin embargo, este cumpleaños tiene algo diferente y no sé muy bien qué es.
De los 60 del año pasado tengo la sensación de que el tiempo está pasando.
Soy consciente de ello, eso es seguro. He recorrido un largo camino, tanto interior como exterior, que me ha llevado a ser quien soy ahora. Nada es perfecto, todo es mejorable, pero soy mejor de lo que era, o mejor dicho, de lo que fui.
Siento un pequeño peso en mi interior, me siento dividido en dos.
Por un lado, me sigue pareciendo que tengo aquellos años al alcance de la mano, me siento lleno de energía, tengo ganas de hacer aún muchas cosas. Pero también siento que aquellos años ya están lejos. Lo noto, por ejemplo, cuando me miro al espejo.
Creo que estoy en ese momento en el que percibo el futuro no como algo que va a suceder, sino como algo que debo hacer que suceda de alguna manera. Como algo que, aunque todavía es largo, se va acortando poco a poco en comparación con el pasado.
Crecer. Madurar. Envejecer. Quizá, al final, se trate solo de esto: mirar una foto de hace años y pensar «¡Madre mía, qué joven era!».
No lo sé… ni lo sabré jamás. Mientras tanto, este año lo celebro así, volviendo a escribir mis pensamientos. Sin la ansiedad por el tiempo que ha pasado, sino con la ilusión de todo lo que, inevitablemente, pasará.
Muchas felicidades al que fui, al que soy y al que seré.
Mientras tanto, brindemos a la vida que es primera y última palabra de Dios.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF











