A la izquierda española: una política de las cosas concretas y reales
En una etapa en la que avanzan hasta galopando actitudes políticas antidemocráticas y se normalizan ciertos discursos autoritarios, la falta de unidad de la izquierda no es un detalle. Es una cuestión muy importante.
La colaboración y la unidad no significan un partido
único, ni una fusión organizativa, ni necesariamente presentarse siempre juntos
a las elecciones.
Significa, por ejemplo, construir convergencias
políticas sólidas sobre objetivos claros, adoptar posiciones comunes cuando
están en juego los derechos, la justicia social y la calidad de la democracia,
coordinar fuerzas en temas decisivos para el país…
Personas más competentes que yo - que tampoco soy para
nada competente en política - seguramente indicarán cuáles sean las prioridades
más evidentes y cómo traducirlas en decisiones concretas.
Pero lo que creo que está en juego es contrarrestar ciertas
derivas autoritarias y neofascistas, que se manifiestan en las propuestas
políticas, en el lenguaje, en los estilos… de algunas derechas y de las
corrientes que están más a la derecha que la derecha.
Esto significa, por ejemplo, defender el Estado de
derecho y la centralidad del bien común frente a otros intereses particulares,
particularmente, de los poderosos.
Una democracia también se mide por cómo protege a quienes tienen menos voz y menos poder.
A mí me parece que es la sociedad la que necesita una unidad
de izquierda como proyecto político para colaborar siempre desde el respeto
mutuo y decidir sobre prioridades compartidas.
Y para oponerse a ciertas derivas y modelos de la
sociedad que nos quieren proponer desde la derecha más extrema. Pero sobre todo
para construir juntos algo mejor.
En el fondo, y por eso esta reflexión, yo creo que
nuestra democracia sigue necesitando consolidarse, tanto como seguir haciendo
más justa la sociedad.
A estas alturas no sé si es tan necesario hacer ruido
sino centrarse en lo esencial: un proyecto que canalice todas las fuerzas,
políticas y sindicales, y que pretenda construir una alternativa a la derecha sin
caer, como ha ocurrido a menudo en el pasado, en el personalismo.
Incluso, mejor aún, sin entrar en la trampa de eso
discursos de salón típicos de una cierta política desconectada de las luchas
concretas.
¿Será esta la ocasión adecuada para unir finalmente las fuerzas en torno a un objetivo común? ¿O nos encontramos ante el enésimo intento de marchar por separado, para luego disipar las energías de cara a las próximas elecciones autonómicas, municipales, nacionales…?
¿No es necesario promover la cooperación de mentes críticas y comprometidas de izquierda, evitando así su dispersión? ¿No es necesario abrir espacios de alternativa plausible a tanto neoliberalismo político rampante? ¿No es necesario garantizar una izquierda fuerte y crítica, capaz de producir respuestas socialmente avanzadas a las necesidades y expectativas existentes?
Sí, detrás de tanto discurso de lo “macro”…
necesitamos una izquierda que abogue por una política de las cosas concretas y
reales. La tarea es ardua. Tiene su complejidad. También su dificultad. Pero
siempre vale la pena intentarlo.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF











