viernes, 13 de febrero de 2026

El cumplimiento de la ley es su superación - San Mateo 5, 17-37 -.

El cumplimiento de la ley es su superación - San Mateo 5, 17-37 - 

Esta página sigue el largo discurso que comenzó con las bienaventuranzas. 

Jesús habla de reglas que deben observarse minuciosamente; habla de castigos y juicios incluso por una simple ofensa. Jesús es duro incluso con una sola mirada de deseo. Habla de sacarse los ojos y cortarse las manos y menciona varias veces el fuego del Gehena  - una especie de vertedero de basura a los pies de Jerusalén... y anticipo del infierno -. 

Quizá sea un discurso que no nos gusta ni poco ni mucho… más bien nada… porque creemos que no responde al discurso liberador de las bienaventuranzas. 

Y, sin embargo, no nos podemos saltar esta página. Tal vez es un desafío espiritual. 

Al fin y al cabo, quien habla es Jesús, y sus palabras son palabras de vida eterna (como dijo Pedro una vez, en el Evangelio de Juan, capítulo 6), por lo que seguramente estas palabras, aparentemente duras, son también palabras liberadoras. 

Así que nos vemos obligados a leer en profundidad para descubrir que, en el fondo, Jesús, si bien por un lado destaca la fidelidad a la tradición religiosa a la que pertenece, no es un simple ejecutor de la misma, sino alguien que ha venido a «llevarla a cabo». 

En Jesús, a través de su vida y sus palabras, podemos comprender el alcance liberador de toda la fe que se narra en el Antiguo Testamento. 

Con Jesús, el plan de salvación iniciado con Abraham, Moisés y todos los profetas llega a su culminación. 

En otras palabras, no podemos leer los 10 mandamientos sin tener en nuestros ojos y en nuestro corazón a Jesús, sus palabras y su vida. No podemos leer los mandamientos sin Jesús, de lo contrario ya no son leyes de libertad y no comprendemos su verdadero significado para nosotros hoy. 

Varias veces en esta página Jesús dice «habéis oído que... pero yo os digo...». 

De esta manera, Jesús lleva a la raíz lo que enuncia la ley. La raíz de la ley es siempre el amor, la relación con Dios y con el prójimo. 

No basta con no matar, sino que incluso una pequeña ofensa va en la dirección del asesinato, porque la semilla del odio es siempre pequeña, y si la toleramos, al final se convierte en la gran planta de la violencia humana. 

No basta con no repudiar a la esposa y no romper los lazos. Para Jesús, incluso una sola mirada puede iniciar una traición, incluso una simple actitud de indiferencia y poca atención puede iniciar el camino de la separación. 

Para Jesús no basta con celebrar cultos y entonar oraciones. Si la oración no está arraigada en una vida de amor concreto, entonces se convierte en una oración inútil y desagradable a Dios. Por eso, también para nosotros, celebrar la Eucaristía no es suficiente si no es en un contexto real de amor al prójimo. 

Cuanto más leamos estas palabras, aunque sean duras, más nos daremos cuenta de que Jesús no las pronuncia para asustarnos y aplastar nuestra vida de fe en un pozo de culpa. 

Al contrario, Jesús nos quiere verdadero y libre de falsos legalismos. 

Para Jesús, al fin y al cabo, lo importante no son la ley y las normas, sino que a través de ellas lleguemos a una verdadera y plena comunión entre nosotros y con Dios. 

El objetivo de la antigua Ley de Israel era precisamente éste: el amor a Dios y al prójimo (justamente más adelante, de hecho, leemos en el Evangelio: «... uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó, para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?». Jesús le respondió: «Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente». Este es el gran y primer mandamiento según Jesús en Mateo 22, 34-40). 

Muchos fariseos y escribas lo habían olvidado y habían caído en un legalismo que al final mortificaba y no conducía a Dios. Por eso Jesús mismo dice aquí: «Si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». 

Sí, este pasaje es muy largo y rico en referencias a la tradición y la práctica religiosa en la época de Jesús. Y seguramente Mateo se detiene en él para mostrarnos cómo también para nosotros hoy es importante redescubrir el corazón de nuestra fe y nuestras normas, prácticas,…, religiosas.

 

El Maestro nos invita a comprobar si nuestra vida de fe, aunque aparentemente espiritual, fiel y devota, en realidad nos aleja del Evangelio. Y lo hace recordándonos una vez más cuál es el punto de referencia para poder comprender si vamos en la dirección correcta. El corazón de la Ley se convierte en la ley del corazón…

 

La atención al pobre, la búsqueda de la justicia y la paz, el estilo manso y pacífico, la búsqueda del bien del prójimo como primera preocupación,…, es todo aquello que nos hace verdaderamente fieles al plan de Dios para la humanidad.

 

Sí, el cumplimiento y la plenitud de la Ley son precisamente su superación en la lógica de las bienaventuranzas. 


También Juan lo dirá a su manera: «Pues la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Juan 1, 17).


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Gestos de vida.

Gestos de vida 

Cuando el mundo sigue funcionando pero parece que deja de tener sentido no nos podemos limitar contentándonos con gestionar lo existente. Es necesario reabrir el espacio del pensamiento. No a través de grandes reformas o nuevos eslóganes, sino mediante gestos mínimos y radicales, capaces de devolver peso a las palabras, reconocer los límites, hacer visible la diferencia y reabrir el conflicto como forma de responsabilidad. 


A partir de ahí puede renacer un mundo que ha dejado de creer en sí mismo. 


Un gesto es devolver peso a las palabras. Tantas veces las palabras ya no dicen nada: simplemente circulan. No orientan, no fundamentan, no distinguen; producen presencia, no verdad. 


Una forma de resistencia es, por tanto, lingüística, porque devolver la gravedad a las palabras significa sustraerse a la retórica de la reacción inmediata, a la inflación comunicativa, a la confusión entre promesa y responsabilidad.


Una palabra que pesa no es solemne, sino exigente: no ocupa espacio, lo abre; no sirve para mostrarse, sino para construir mundo. En una época en la que el lenguaje se ha convertido en un flujo sin memoria, devolver peso a las palabras es un acto primordial, la primera forma de romper el vacío.

 

Otro gesto es reconocer el límite como condición para reconstruir mundo. El vacío no nace del exceso, sino de la ausencia de límites: cuando todo es posible, nada es real; cuando todo está disponible, nada tiene significado. El límite no es una restricción, sino lo que permite que las cosas tengan forma, valor, duración.

 

Reconocerlo significa aceptar que no todo se puede decir de la misma manera, que no todas las decisiones son equivalentes, que la vida no es omnipotencia, sino medida.

 

Sin límites, la libertad se disuelve en capricho, el poder se transforma en ocupación, el mundo se convierte en una superficie sin profundidad. Reconstruir el mundo significa entonces reconstruir límites: fronteras simbólicas, criterios, distinciones, responsabilidades…



Otro gesto es volver a hacer visible la diferencia. En el régimen de la indiferencia estructural, las diferencias no desaparecen: simplemente pierden peso. Todo puede ponerse al mismo nivel porque nada importa realmente. Pero sin diferencia no hay responsabilidad, no hay juicio, no hay vida.

Hacer visible la diferencia no significa restablecer jerarquías, sino devolver al mundo su articulación, distinguiendo lo que es opinión de lo que es decisión, lo que es interés de lo que es bien común, lo que es visibilidad de lo que es valor.

 

La diferencia no es un privilegio, sino una condición de la realidad: permite decir «esto sí» y «esto no», «esto cuenta» y «esto no basta». Sin diferencia, todo se vuelve intercambiable y, por lo tanto, irresponsable; hacerla visible significa reabrir la posibilidad misma del juicio.

 

Otro gesto es reabrir el espacio del conflicto no destructivo. La vida no es armonía, sino conflicto: no un conflicto que apunte a la destrucción del otro, sino a la construcción de una vida y un mundo comunes.

 

En el régimen del vacío, el conflicto ha sido sustituido por dos formas patológicas: la polarización espectacular, que incendia sin decidir, y la gestión técnica, que decide sin pensar.

 

Reabrir el espacio del conflicto significa reconocer que el desacuerdo es un recurso, no una amenaza; aceptar que la pluralidad no se resuelve, sino que se gobierna; comprender que la política no es la eliminación del otro, sino la negociación del mundo;…

 

Un conflicto no destructivo no es un conflicto débil: es un conflicto que reconoce al otro como interlocutor, no como obstáculo, y que transforma la diferencia en responsabilidad, no en violencia. Sin conflicto, la vida se reduce a gestión, el mundo se aplana, el vacío avanza.


Devolver peso a las palabras, reconocer el límite, hacer visible la diferencia, reabrir el conflicto: estos cuatro gestos no son programas, sino interrupciones.

 

No resuelven la disfunción pero la rompen.

 

No reconstruyen inmediatamente el mundo pero reabren la posibilidad de que exista un mundo.

 

En una época en la que todo funciona y nada significa, estos gestos representan la forma mínima y necesaria de la vida humana.

 

No prometen un retorno a la normalidad, sino el comienzo de algo que aún no existe: un mundo que no se limite a funcionar, sino que vuelve a tener valor.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 12 de febrero de 2026

Archivos Epstein: sintomatología de un sistema enfermo.

Archivos Epstein: sintomatología de un sistema enfermo

Cuando se habla de los archivos Epstein se entra como en una zona gris entre la justicia, el poder y la opinión pública. Esos archivos cuentan mucho más que una simple historia. Muestran cómo el sistema puede proteger o exponer a figuras en el centro de acusaciones muy graves.

 

Los archivos Epstein recogen años de documentos sobre Jeffrey Epstein, financiero acusado de abusos sexuales y tráfico de menores. No son solo documentos procesales: son el mapa de una red de relaciones, favores, omisiones...

 

En estos documentos se cruzan testimonios, declaraciones juradas, correos electrónicos, registros de vuelo, acuerdos confidenciales... Por eso, cada nueva publicación reaviva las preguntas sobre quién sabía, quién guardó silencio y quién debería haber intervenido.

 

Entender lo que realmente representan estos expedientes significa cuestionarse la relación entre la crónica judicial, la responsabilidad pública y el derecho a la información.

 

Este mosaico, fragmentario pero denso de información, es como una prueba de un sistema que da la imagen de un poder que, a menudo, intenta permanecer en la sombra, y en el que la influencia y el dinero frenan la plena y transparente rendición de cuentas.

 

Algunos documentos revelan detalles sobre encuentros en lugares exclusivos, como la isla privada de Jeffrey Epstein, a menudo descrita como un lugar de lujos desenfrenados y acceso reservado a unos pocos.

 

Además, los correos electrónicos muestran cómo la red de contactos se extendía a figuras destacadas del mundo de la política y de otros mundos, poniendo de relieve una trama de relaciones que ha suscitado numerosas preguntas sobre la influencia ejercida. Estos elementos ofrecen una visión por lo menos inquietante de las dinámicas de poder ocultas.


Los nombres que surgen de los archivos Epstein muestran la decadencia ética y moral de cierta élite financiera, política, económica, mediática, académica... que ha participado en esa orgia... No todos están acusados de delitos, pero la proximidad a Jeffrey Epstein plantea preguntas incómodas. La línea entre la relación social y la responsabilidad ética-moral se vuelve difusa.

 

Es verdad. Nada, por sí solo, prueba un delito. Sin embargo, el panorama general alimenta la sospecha de una complicidad sistémica, compuesta también por silencios y falta de controles. 


Los archivos Epstein describen cenas privadas, donaciones cruzadas, becas concedidas a figuras vinculadas a la red… Quienes frecuentan ciertos círculos suelen conocer información sensible, pero optan por no hablar de ella.


Considerar los archivos Epstein solo como crónica negra sería seguramente reduccionista. En esos expedientes se entrelazan dinámicas de responsabilidad, poder, información y fragilidad de las víctimas. Para quien observa desde fuera queda la sospecha de esas zonas oscuras en torno a algunos centros de decisión. Es difusa la frontera entre la justicia y la opacidad.

 

Si una imagen vale más que mil palabras, tal vez no hay una imagen más nítida para reflejar las miserias de cierta élite (financiera, política, económica, mediática, académica,…) en su expresión más abominable, que las imágenes procedentes de los archivos Epstein.

 

El grado de complacencia sexual, de exhibición descarada del poder masculino, blanco, sobre el cuerpo de las mujeres, procedente no de hombres cualquiera… sino de una élite mundial super seleccionada recuerda a aquella película de 1975 de Pier Paolo Pasolini “Saló o los 120 días de Sodoma” (https://es.wikipedia.org/wiki/Sal%C3%B3_o_los_120_d%C3%ADas_de_Sodoma).


Una asamblea de hombres poderosos, capaces de gobernar y condicionar, en el plano político, económico, cultural e imaginario, las vidas de miles de millones de personas, que se ha unido, cerrado filas y compactado en la humillación de las mujeres.

 

En los archivos Epstein no se trata solo de información relacionada con el tráfico sexual, sino que también hay documentos financieros de sus clientes, intercambios de correos electrónicos y mensajes de texto personales, vídeos y fotos. La relación entre el poder y la violencia (sexual y de cualquier otro tipo imaginable o no) no podría ser más explícita. Es una imagen que revela el muestrario más retrógrado y humillante.

 

Una historia de poder sexual masculino entrelazado con el poder económico, financiero, político y cultural. Desde este punto de vista, si se observan los hechos y los archivos a través de esta lente, hasta quizá no sorprende la larga lista de hombres conocidos y de aquellos que se autodenominan demócratas, progresistas...

 

Todo ellos amigos, conocidos, íntimos,…, del círculo de Jeffrey Epstein unidos por una única identidad: ser hombres de la élite. Todos en fila para rendir homenaje a Jeffrey Epstein, independientemente de sus convicciones y valores que exhiben en su discurso público y que, en cambio, se someten a una de las formas más retrógradas y humillantes que es la violencia... también sexual.


Si una imagen vale más que mil palabras, esta imagen demuestra cómo funciona cierta sociedad de cierta élite en todo el mundo. Revela cómo el dinero, independientemente de cómo se gane, atrae la atención de la gente, lo que a su vez atrae más dinero y más atención y más poder. 


Y revela cómo ciertas personas de cierta sociedad elitista consideran a las mujeres. En todo esto siempre hay un fuerte componente de clase. Las chicas eran vistas, básicamente, como objetos, si no para usar sexualmente, al menos para tener cerca, casi como muebles. Eran vistas como consumo de usar y desechar.

 

El harén de Jeffrey Epstein parece una película de terror, una historia de abusos, y obviamente lo es. Pero por el tipo de personas involucradas, por el papel de cantores del sistema dominante que desempeñaban los protagonistas, esa historia se convierte en símbolo de una casta y de una jerarquía tristemente tan bien conocidas como siempre actuales.

 

Está por ver si los archivos de Epstein van a perturbar demasiado a una sociedad que se aferra a un imaginario consolidado e interiorizado hasta el punto de convertirlo en algo anecdótico, banal... Ciertamente, y en la mayoría de los comentarios que yo he escuchado, no falta la indignación...

 

Pero está por ver, creo, si esa indignación desestructura formas inveteradas de dominio, esquemas consolidados de poder, relaciones enquistadas de superioridad, imaginarios de casta y de jerarquía de no se sabe qué moralidad…, incluso con su grado de violencia y humillación. 


Me refiero a todo eso que trasciende la jet set creada por Jeffrey Epstein y que puebla nuestro imaginario y el caldo espeso en el que se cultiva hasta crecer y retroalimentarse cierto sistema. Y que a menudo no rechazamos, y sobre todo no desmantelamos.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 11 de febrero de 2026

Instrumentos del Alma (Vic, Barcelona): abrir ventanas a lo humano.

Instrumentos del Alma (Vic, Barcelona): abrir ventanas a lo humano

En una época que archiva rápidamente toda complejidad para sustituirla por la eficiencia, la urgencia del resultado y la obsesión por la normalidad, Instrumentos del Alma nos adentra como en un bálsamo, como en un saber que cura, porque no pretende explicarlo todo, sino que se ofrece como una vía de comprensión profunda.

 

Instrumentos del Alma es una propuesta  que trata de mediar entre el misterio y la vida. Es una experiencia que no edifica, no estructura, no impone un modelo. Al contrario, acoge el misterio, se ofrece como un ejercicio de acordes y vibraciones, como un pensamiento musical, capaz de asomarse y entrar en el misterio, descalzo, con respeto y asombro.

 

No, no es una experiencia especulativa sino terapéutica: la curación de aquella mentira que es la rigidez del pensamiento abstracto que pretende explicar la vida sin habitarla. Incluso diría que es una imagen poética porque solamente la poesía logra adentrarse en el misterio sin reducirlo a un concepto.

 

En este sentido, Instrumentos del Alma se convierte en una medicina para el alma. Y de ahí su valor porque quiere acostumbrar a las personas a pensar de forma compleja y a sentir en profundidad, a convivir con lo que no se puede simplificar. Y eso es una tarea siempre necesaria.

 

Tantas veces una tentación es hacer de la existencia un sistema conceptual cerrado, una exhibición de racionalidad. Max Scheler reclamaba  enérgicamente un orden del alma que el racionalismo, más que la razón, ignora. 


El racionalismo —entendido como la reducción de la realidad a lo abstracto, al cálculo, a lo útil— ha expulsado el alma del pensamiento, la ha excluido como si fuera un residuo premoderno, algo embarazoso o peligrosamente subjetivo. Pero el precio de esta exclusión es muy alto: es la pérdida de la comprensión profunda de lo humano, de su totalidad.

 

Ante la complejidad el sistema responde con diagnósticos, con categorías clínicas, con soluciones mecánicas... El racionalismo diagnóstico —en el que cada manifestación de singularidad, de diferencia, de malestar, de… se lee a través del filtro de un manual o un algoritmo— olvida que hay un orden del alma que se escapa y que, en lugar de ser reprimido o ajustado, debe ser acogido e interpretado.

 

En el sistema actual, saturado de procedimientos, programas y protocolos, tantas veces la espiritualidad se percibe cada vez más como un cuerpo extraño, una desviación que hay que regular.

 

¿Y si hoy la verdad que nos corresponde descubrir fuera precisamente la insuficiencia del racionalismo? ¿Y si la espiritualidad  fuera un saber alternativo, una forma de inteligencia que pide ser comprendida, no analizada? ¿Y si la espiritualidad fuera, en el fondo, un mensajero de otra lógica, un portador sano de un sentido que el pensamiento dominante no logra descifrar?


El saber del alma no es productivo pero es esencial. Es un saber que no se aplica, sino que se practica. Que no mide, sino que comprende. Y que, sobre todo, abre a una verdad que no se puede explicar, sino solo habitar. Con el alma abierta y el corazón dispuesto.

 

El saber moderno ha cortado los lazos con el alma, ha separado el pensamiento de la vida y ha reducido al ser humano a una serie de funciones, mecanismos y comportamientos observables.

 

No, Instrumentos del Alma no postula un retorno nostálgico a la espiritualidad, sino el comienzo de otra posibilidad cognitiva: una «razón poética» capaz de acoger lo irracional, el sueño, la experiencia mística, la espiritualidad, la nostalgia, la profundidad,…, todo lo que el pensamiento racionalista ha desterrado como «desviado».

 

Una de las contribuciones más fecundas de Instrumentos del Alma reside en su visión de la diferencia. No se trata de tolerar la desviación, sino de comprender que cada ser humano es, de alguna manera, diferente, único e irrepetible. La desviación, en el lenguaje de los sistemas normativos, es lo que excede las normas, pero lo que excede es también lo que revela.

 

Quien vive al margen (el exiliado, el loco, el poeta,…, el místico) es a menudo portador de una verdad que el centro ha olvidado. En este sentido, Instrumentos del Alma es una propuesta de acogida del otro, de lo incognoscible, de lo inexplicable. Y eso es un bien pedagógico, político y social: no es solo una forma de pensar, sino una forma de relacionarse con el mundo y con los demás.



Adentrarse en Instrumentos del Alma significa, ante todo, cambiar la mirada. No se trata de transmisión de contenidos sino de acompañamiento del alma en su devenir. No se trata de adaptar al individuo al sistema, sino de escuchar lo que se mueve en su interior: sueños, anhelos, vocaciones, intuiciones...

 

En una época en la que el sistema está cada vez más marcado por el rendimiento, la eficiencia y la mensurabilidad, Instrumentos del Alma nos recuerda que no existe vida sin zonas de silencio. Vivir es también vivir en el misterio. Es dar voz a lo que no tiene voz, y dar palabra a lo no dicho, a la vida que no entra en los parámetros de lo funcional, mensurable, pragmático…

 

La espiritualidad es un arte poético: un conocimiento del alma que se construye en la relación viva, en la palabra compartida, en la escucha radical.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

La nave de los locos.

La nave de los locos

Una nave a la deriva, sin velas y sin timón, que navega llevando consigo una carga de humanidad enloquecida, completamente inconsciente de su estado y de la naturaleza del barco y empeñada sólo en satisfacer su propia voracidad incontenible. 

Se trata de “La nave de los locos”, obra de 1494 del pintor flamenco Hieronymus Bosch y conservada en el Louvre; un tema, la locura, que entonces dominaba el arte, la literatura y la política. Una pequeña obra al óleo (menos de 60 centímetros por 30 de madera pintada). 

Y son muchos los significados que se le han atribuido, que aquí, con cierta libertad, intento utilizar también como metáfora o representación del mundo actual. 

Porque Trump, Putin, Netanyahu, Musk… hoy están locos -y la lista no termina aquí porque se podría agregar a los negacionistas de la crisis climática; aquella Europa que suspende procedimientos y decisiones para solicitantes de asilo; el húngaro Orban; el argentino Milei que anda con una motosierra en la mano empobreciendo a su país; los paranoicos primero contra los inmigrantes y los barcos de las ONG y ahora contra magistrados y sindicatos; los llamados tecnócratas; los populistas y soberanistas/autócratas; el capitalismo y el neoliberalismo (pero que son la misma cosa); Silicon Valley y las grandes empresas tecnológicas que nos imponen su voluntad (y sus productos para obtener ganancias, diciendo que lo hacen para ayudarnos y hacernos la vida más fácil, mientras nos roban la vida robando nuestros datos), sin importar ningún proceso ni sistema democrático que gobierne la innovación. 

Pero todos estamos locos también si les permitimos hacerlo: cada vez más guerras, más y más crisis climática, más y más capitalismo y explotación de los seres humanos y de la biosfera, más y más desigualdades sociales y pobres, la caza de inmigrantes, cada vez más, el beneficio de unos pocos cada vez más, la violación de la privacidad y de la libertad individual cada vez más, las motosierras sociales (pero no sobre el gasto militar, al contrario) cada vez más…

Es decir, el barco está sobrecargado pero cada día alguien intenta subir a bordo y el barco se inclina, se vuelve más pesado pero no se hunde, es el barco de los locos, enfrascados en su guerra de todos contra todos contra los que acumulan más y más, porque en realidad el timón está ahí y se llama beneficio, y la crisis climática cada vez más grave bastaría para demostrarlo. 

Pero nos consolamos con unos auriculares en los oídos o viviendo de TikTok, o atiborrándonos de series de televisión en Netflix, o esquiando felices en la nieve (aprovechémoslo, mientras esté; el que quiera ser feliz, que sea, ahí está no hay certeza sobre el mañana…; o en todo caso estaremos todos muertos, entonces…). 

Un barco/mundo verdaderamente loco. Por supuesto, este mundo de locos no es el único mundo. Escondidos hay otros mundos hechos de solidaridad, de justicia social, de sostenibilidad, de cultura, de análisis en profundidad, de pensamiento crítico, de náufragos. Pero claro, el de los locos parece ser el mundo dominante. 

Se dice que estamos en una poli-crisis, es decir, con muchas crisis (militar, política, ecológica, social, antropológica, de valores…) todas juntas y al mismo tiempo. 

Pero, tal vez sea más correcto utilizar, tomándolo de la economía y del ‘corporacionismo’ (al fin y al cabo, ¿ni siquiera los estados se gobiernan ahora como empresas...? ¿Y no se reduce quizás ahora el mundo a un gran mercado...? ) el concepto de "perturbación" (es otra manera de decir "locura") y aplicarlo también al caos de esta Tercera Guerra Mundial en fragmentos y a la muerte del derecho internacional, a la crisis climática y medioambiental, a... 

La nave de los locos es la imagen perturbadora de enésimo grado –tanto en el mercado como en las relaciones internacionales y en la casa común que es la Tierra– pero muy rentable en términos capitalistas. 

¿Por qué no se rebelan?” – escribió Karl Marx – reflexionando sobre la derrota del proletariado en el París del golpe de Estado de Luis Bonaparte en 1851. 

Sí, ¿por qué nadie se rebela? De hecho, ¿no estamos también nosotros perturbados cuando votamos por los locos del barco? 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

martes, 10 de febrero de 2026

Educar la mirada.

Educar la mirada

 

«Si deseas ver los valles, sube a la cima de la montaña.

Si quieres ver la cima de la montaña, eleva tu mirada por encima de las nubes.

Pero si buscas comprender las nubes, cierra los ojos y piensa»

- Gibran Kahlil Gibran - 

Antes de proceder a la lectura, te invito a que veas un vídeo. No llega a 5 minutos. Es un vídeo de hace unos años y que a mí me causó y me sigue causando una honda impresión: https://www.youtube.com/watch?v=cn2K0D6WvZ4 

¿Qué te ha sugerido? 

Mirar no siempre significa ver. La vista es un acto fisiológico, es uno de los cinco sentidos con los que estamos dotados materialmente. Todos pueden mirar, pero pocos logran ver. 

Y si no se ve, ¡poco se puede hacer! No basta con ir al oftalmólogo o cambiar de gafas. 

Ver es algo que va más allá de los sentidos, involucra la psique, la mente y el alma: es la búsqueda del significado profundo de las cosas y de nuestras propias experiencias. 

Solo vemos lo que estamos preparados para ver, cuando miramos sin oscurecimientos ni distorsiones. 

«¿Cómo puedes ver todo tan claramente?», preguntó un alumno a su maestro. «Cierro los ojos», respondió este. 

Hay quienes miran y no ven, y hay quienes ven sin mirar. 

La realidad externa (lo que hay fuera de nosotros) es solo una representación de lo que vemos dentro. 

Para mirar más allá de lo que nos aparece, para ver en profundidad, hay que ser capaz de penetrar en el interior (en), de entrar en las cosas, ya sean la naturaleza, las cosas de la vida u otras personas. 

Vemos, pues, lo que estamos dispuestos a sentir. 

Solo sintonizando el mirar, el ver y el sentir podemos atravesar el mundo con conciencia. Esto significa, en esencia, experimentar la vida y ampliar nuestra conciencia. 

La plena conciencia permite, en última instancia, experimentar el sentido de cohesión interna y la integración del Ser. La realidad externa se conecta finalmente con nuestro mundo interno. 

«Afortunadamente, el alma tiene un intérprete, a menudo inconsciente, pero fiel: la mirada» - Charlote Brontë -. 

Es como si los ojos escucharan al mundo, mientras que la mirada habla, interpreta y expresa nuestra alma. Los ojos son la puerta del alma. 

Cuando lloramos, es evidente que nuestro corazón llora: los ojos expresan nuestros sentimientos. 

Sin embargo, el alma encuentra más espacio para expresarse en el silencio que en el ruido del mundo. 

«El alma de una persona se esconde en su mirada. Por eso tenemos miedo de que nos miren a los ojos» - Jim Morrison -. 

A menudo, de hecho, no soportamos la mirada del otro, bajamos los ojos, más que para no penetrar en el otro, nos retraemos por miedo, vergüenza o pudor de revelar nuestra intimidad. 

Parecemos confirmar el lugar común según el cual los ojos y la mirada son el paso secreto hacia el alma. La mirada del otro, si traspasa la pantalla de la nuestra, sería capaz de «ver» dentro de nosotros, nuestro yo interior. 

Algunas veces pienso que a través de los ojos podemos expresar, más allá de las palabras, la autenticidad, el asombro, el placer o, por el contrario, el cierre, la negación o el miedo. 

Siempre y cuando el otro esté dispuesto a captar en nuestras miradas la riqueza de nuestra interioridad. 

«Me he pasado la vida mirando a los ojos de la gente. Es el único lugar del cuerpo donde quizá aún exista un alma» - José Saramago -. 

El hecho es que no siempre quien mira es capaz de ver todo lo que realmente se quiere revelar. 

Nuestro viaje terrenal se convierte en un descubrimiento continuo si no nos conformamos con buscar superficialmente cada vez más cosas materiales, sino que sabemos vislumbrar lo inmaterial que nos sucede, con ojos siempre nuevos y penetrantes. 

«La visión es la capacidad de ver lo invisible. Si se consigue ver lo invisible, es posible obtener lo imposible» - Shiv Khera -. 

Hay un aspecto más, además de mirar y ver. El mayor don que ha recibido el hombre probablemente no es el don de la vista, sino el de la visión. 

«La vista es una función de los ojos, la visión es una función del corazón… porque el mayor regalo que Dios le dio al ser humano no es el don de la vista, sino el don de la visión» - Myles Munroe -. 

Tener una visión, una perspectiva clara, un horizonte amplio, es más necesario que nunca en la vida. Sin visión, arrastramos una existencia lastrada por la pesadez de las tareas cotidianas. 

La visión da sentido a la vida. 

La visión es la capacidad de ver lo invisible, de mirar más allá del horizonte de lo visible. 

Quien tiene una visión es capaz de ver lo que los demás no ven. 

De hecho, solo el visionario puede construir lo que los soñadores apenas se atreven a imaginar. 

La visión implica en sí misma la acción, la construcción de puentes que trascienden el pasado y, desde el presente, conducen hacia el futuro. 

Una visión sin acción no es más que un sueño. La acción sin visión puede convertirse en un ajetreo sin impulso, en un esfuerzo infinito, en una pesadilla. 

«Prefiero ser un soñador entre los más humildes, con visiones que realizar, que el príncipe de un pueblo sin sueños ni deseos» - Gibran Kahlil Gibran -. 

El visionario es aquel que aspira a construir lo que ha visto, yendo a contracorriente y más allá de las renuncias comunes de aquellos que se aferran a las precarias certezas del presente. 

Es aquel que es capaz de hacer realidad los sueños antes de que la siguiente puesta de sol los haga desaparecer del horizonte. 

«Tu visión se vuelve clara cuando miras dentro de tu corazón. Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia dentro, despierta» - Carl Gustav Jung -. 

Acabo ya. Y lo hago con otro vídeo de 5 minutos - ‘Mírame a los ojos’ -: https://player.vimeo.com/video/191175863?h=7bc27b0b54%22 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Posdata: Tal vez algún día se pudiera escribir otro Evangelio. El Evangelio de las miradas de Jesús.

El cumplimiento de la ley es su superación - San Mateo 5, 17-37 -.

El cumplimiento de la ley es su superación - San Mateo 5, 17-37 -   Esta página sigue el largo discurso que comenzó con las bienaventuranzas...