domingo, 15 de marzo de 2026

Al Dios de la Anunciación.

Al Dios de la Anunciación 

La vida no se anuncia una sola vez; la vida nunca ha dejado de anunciarse porque la ceguera es recurrente. 

Y cuando vuelve, es peor que la primera vez. 

Creer en la Anunciación no es difícil cuando todo te habla de comienzos.

Lo difícil es estar abierto y dispuesto al final, cuando el vientre está rígido y la decepción es grande y el fruto ya no está, y ni siquiera tú estás ya, de vuelta de todo. 

Cuando ya no se cree en los ángeles. 

Cando se ha masticado demasiada oscuridad. 

Cuando toda esperanza ha traicionado. 

… Hay que rasgar a la fuerza el velo de la ceguera. 

Hay que arrancarlo con los dientes, o con las lágrimas, con alguna obstinación de la vida, una especie de instinto de supervivencia: porque al final uno querría mantener los ojos cerrados. 

En el Calvario el velo se rasgó, pero no vi ángeles. 

Y Dios no estaba. 

¿Cómo creer en la Anunciación? 

Pero fue precisamente en el Gólgota donde descubrí que ya no había que buscar en lo alto, sino a ras de tierra, en lo bajo. 

Bajo el corazón, en ese punto cálido del que la vida saca el valor y la osadía para nacer, en el lugar más íntimo donde permanece el recuerdo de Ti, como el calor de una brasa tierna, allí, donde permanece todo el amor hecho, todo. 

En aquel vientre de mujer preñado de semen divino portador de vida. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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