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martes, 5 de mayo de 2026

Elogio de nuestra fragilidad.

Elogio de nuestra fragilidad 

Barro de la tierra y polvo de estrellas: esto es el ser humano. 

Frágil pero sagrado. 

Hijo de la tierra e imagen de Dios. 

Carne y espíritu. Debilidad y fuerza en los dedos de Dios. 

Esta definición del ser humano me ayuda a aceptar mi fragilidad y la de los demás y me anima a mirarla con ojos positivos. 

La fragilidad no es un defecto, sino una expresión de la condición humana. 

Y es hermoso saber que Dios no convoca héroes para su Reino, sino hombres y mujeres concretos y por tanto marcados por la fragilidad que nos une a todos. 

A Dios no lo merecemos, simplemente lo aceptamos como un regalo gratuito e inmerecido. 

Así que hay esperanza para aquellos que nos sentimos fracasados ​​en la vida. 

En el libro del profeta Jeremías leemos la historia de un alfarero que quiere hacer un hermoso jarrón pero si el jarrón que está modelando se rompe, como sucede con el barro en la mano del alfarero, lo utiliza para hacer otro jarrón. 

Dios nunca tira la arcilla, la vuelve a poner en el torno, la vuelve a tomar en su mano, la trabaja de nuevo con la suave presión de sus dedos, con el calor de la palma de su mano. 

Mi fuerza es la confianza que Dios deposita en mí, a pesar de mis repetidas caídas. 

El primer “creyente” es Dios que continúa, con tenacidad, creyendo en mí y en ti. Jesús no busca en mí a la persona adecuada, cosa que no sé si algún día podré ser. 

Él busca mi profunda debilidad en la que quiere encarnarse como levadura, como sol, como fuego, como espíritu en el barro, como paz en la tormenta. 

Jesús nos levanta, nos da confianza, nos consuela, pero después nos impulsa, diciéndonos, como a aquel ladrón: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». O a Zaqueo: «Hoy ha llegado la salvación».  

O como a Simón: «Desde ahora serás Pedro». 

De ahora en adelante seguirás siendo pecador pero te convertirás en pescador de hombres. Y también la barca de aquellos que no han tomado nada se puede llenar con su palabra, no con nuestro talento. 

Entonces podré decir: Creo en Ti, Señor, porque Tú crees en mí. Confío en Ti, Señor, porque Tú confías en mí. Tengo esperanza porque Tú tienes esperanza en mí. 

El coraje de la fragilidad es el coraje de vislumbrar las pequeñas señales de lo nuevo que nace, los primeros brotes, las primeras luces del alba que quizá no iluminan todo el camino, pero sí el corto tramo de camino que puedes recorrer ahora y que está justo frente a ti. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 26 de febrero de 2026

La vulnerabilidad como punto de partida.

La vulnerabilidad como punto de partida

La vulnerabilidad es una característica fundamental del ser humano, es una forma de expresar la humanidad. Etimológicamente, vulnerable deriva del latín vulnerabilis, del verbo vulnerare: herir.

 

Vulnerable significa débil, delicado, frágil, indefenso, inerme, endeble, desvalido… susceptible de ser herido.

 

Cuando se habla de vulnerabilidad frente a los abusos, se hace referencia más habitualmente a los menores y a los adultos vulnerables - personas con deficiencias físicas, cognitivas y psicológicas -.

 

Considerando la vulnerabilidad dentro de este horizonte, seguramente algunas personas están objetivamente más expuestas de forma permanente a cualquier tipo de abuso.

 

Pero quizá también hay que ser sensibles a otras vulnerabilidades.


Por ejemplo, quienes atraviesan etapas y momentos de vulnerabilidad transitoria.

 

Me refiero a etapas relacionadas con las vicisitudes de la vida: duelos, separaciones, enfermedades, pérdida del trabajo, dificultades para llevar adelante con dignidad la propia vida,…

 

Otro dato importante para la reflexión que surge de la observación atenta de cada situación de abuso —de conciencia, espiritual, económico, sexual— es que la vulnerabilidad es un riesgo potencial inherente a toda relación educativa, en el momento en que quien debería ser responsable pierde la finalidad y el estilo del servicio educativo y, de manera más general, el verdadero significado de ser ‘autoridad’.

 

La vulnerabilidad también está intrínsecamente relacionada con la alianza de confianza: nos volvemos más vulnerables precisamente en el momento en que nos abrimos y nos confiamos dentro de una relación de confianza, tan valiosa en una relación (especialmente en una relación educativa).

 

No es extraño que precisamente quienes viven con mayor sensibilidad, sinceridad y generosidad puedan llegar a ser más vulnerables.

 

Digo todo esto porque es importante tener en cuenta que la condición de vulnerabilidad no depende solo de la edad o de la posible discapacidad de la persona, sino también de la situación existencial personal y, no lo olvidemos, de la diferencia de poder, de rol y de autoridad en la relación.


Puede ocurrir que quienes hablan de la vulnerabilidad exclusivamente de los menores callen y oculten una parte importante de la realidad de los abusos de autoridad, de conciencia, espirituales y sexuales.

 

La cultura de la vulnerabilidad es un contenido que debe cultivarse en la formación de líderes y responsables (también en el ámbito educativo, pastoral, espiritual).

 

También en la formación de los presbíteros y otras personas eclesiales es decisiva la cultura de la vulnerabilidad para aprender a integrar, en primer lugar, las propias partes vulnerables y, a continuación, para vivir relaciones respetuosas y empáticas.

 

En el drama de los abusos emerge un triple y grave desconocimiento de la vulnerabilidad: del otro, de uno mismo y - especialmente para los cristianos - del Dios de Jesucristo. ¡Se necesita una profunda conversión, no solo cultural, sino también espiritual!


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 5 de marzo de 2025

La semilla más pequeña.

La semilla más pequeña 

Jesús compara el Reino de Dios a un grano de mostaza (Mc 4,30-32). Es una semilla muy pequeña, y sin embargo, aun siendo tan pequeñita, está llena de vida: de su ruptura nace un brote, capaz de romper la tierra, de salir a la luz del sol y de crecer hasta hacerse «más grande que todas las plantas del jardín» (cf. Mc 4,32): la debilidad es la fuerza de la semilla, la ruptura es su potencia. 

Así es el Reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, formada por pobres de corazón, por quienes no confían en sus propias fuerzas, sino en las del amor de Dios, por quienes no son importantes a los ojos del mundo; Y sin embargo, es precisamente a través de esta pequeñísima realidad que la fuerza de Cristo irrumpe y transforma lo que aparentemente es débil e insignificante. 

Es el milagro del amor de Dios, que hace que cada semilla de bien esparcida en la tierra brote y crezca. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace esperanzados, a pesar de las dificultades, del sufrimiento y del mal que encontramos. La semilla brota y crece porque el amor de Dios la hace crecer. 

La Palabra del Señor sorprende: cuando la encontramos, es pequeña como un grano de mostaza, breve como un versículo del Evangelio, pero luego, cuando echa raíces en nuestro corazón, surge junto con el amor y crece sin medida, hasta convertirse en un árbol poderoso: «tanto que los pájaros del cielo vienen a anidar en sus ramas». 

Un grano, una semilla tan pequeña que es casi invisible, crece, toma forma y da origen a algo nuevo, vivo, grande, que ofrece al hombre refugio del sol abrasador y a los pájaros del cielo un lugar seguro donde anidar, para crear nueva vida juntos. No nos resulta fácil entrar en esta lógica de pequeñez y debilidad que son los caminos elegidos por Dios. El Señor nos invita a tener una actitud de confianza en Él, pero también nos pide colaboración para construir el Reino de Dios. 

¿Estamos preparados para esto? ¿Queremos salir a la calle y ayudar a Jesús? ¿Queremos intentar poner nuestra vida, nuestras manos, nuestra lengua, nuestra inteligencia, nuestras fuerzas al servicio del Señor para ser instrumentos de su amor? Un corazón ardiente puede difundir el Evangelio a todo aquel que conoce. 

Que la Virgen María, que acogió la semilla de la Palabra divina como «tierra buena» y fue instrumento dócil en las manos del Señor, nos obtenga que nuestra existencia perfume de cielo las vidas que encontremos, anunciando a todos el Evangelio, la buena noticia, la historia de la ternura de Dios. No las ideas más bellas, no las soluciones a todos los problemas: sino simplemente el Evangelio, la vida y la persona de Cristo, la plenitud de la humanidad y la ternura del Padre. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Una mirada inocente.

Una mirada inocente   Llegará un momento en que el hombre ya no soportará el vacío que tiene ante sus ojos.   Y buscará imágenes capaces d...