jueves, 26 de febrero de 2026

La vulnerabilidad como punto de partida.

La vulnerabilidad como punto de partida

La vulnerabilidad es una característica fundamental del ser humano, es una forma de expresar la humanidad. Etimológicamente, vulnerable deriva del latín vulnerabilis, del verbo vulnerare: herir.

 

Vulnerable significa débil, delicado, frágil, indefenso, inerme, endeble, desvalido… susceptible de ser herido.

 

Cuando se habla de vulnerabilidad frente a los abusos, se hace referencia más habitualmente a los menores y a los adultos vulnerables - personas con deficiencias físicas, cognitivas y psicológicas -.

 

Considerando la vulnerabilidad dentro de este horizonte, seguramente algunas personas están objetivamente más expuestas de forma permanente a cualquier tipo de abuso.

 

Pero quizá también hay que ser sensibles a otras vulnerabilidades.


Por ejemplo, quienes atraviesan etapas y momentos de vulnerabilidad transitoria.

 

Me refiero a etapas relacionadas con las vicisitudes de la vida: duelos, separaciones, enfermedades, pérdida del trabajo, dificultades para llevar adelante con dignidad la propia vida,…

 

Otro dato importante para la reflexión que surge de la observación atenta de cada situación de abuso —de conciencia, espiritual, económico, sexual— es que la vulnerabilidad es un riesgo potencial inherente a toda relación educativa, en el momento en que quien debería ser responsable pierde la finalidad y el estilo del servicio educativo y, de manera más general, el verdadero significado de ser ‘autoridad’.

 

La vulnerabilidad también está intrínsecamente relacionada con la alianza de confianza: nos volvemos más vulnerables precisamente en el momento en que nos abrimos y nos confiamos dentro de una relación de confianza, tan valiosa en una relación (especialmente en una relación educativa).

 

No es extraño que precisamente quienes viven con mayor sensibilidad, sinceridad y generosidad puedan llegar a ser más vulnerables.

 

Digo todo esto porque es importante tener en cuenta que la condición de vulnerabilidad no depende solo de la edad o de la posible discapacidad de la persona, sino también de la situación existencial personal y, no lo olvidemos, de la diferencia de poder, de rol y de autoridad en la relación.


Puede ocurrir que quienes hablan de la vulnerabilidad exclusivamente de los menores callen y oculten una parte importante de la realidad de los abusos de autoridad, de conciencia, espirituales y sexuales.

 

La cultura de la vulnerabilidad es un contenido que debe cultivarse en la formación de líderes y responsables (también en el ámbito educativo, pastoral, espiritual).

 

También en la formación de los presbíteros y las autoridades eclesiásticas es decisiva la cultura de la vulnerabilidad para aprender a integrar, en primer lugar, las propias partes vulnerables y, a continuación, para vivir relaciones respetuosas y empáticas.

 

En el drama de los abusos emerge un triple y grave desconocimiento de la vulnerabilidad: del otro, de uno mismo y - especialmente para los cristianos - del Dios de Jesucristo. ¡Se necesita una profunda conversión, no solo cultural, sino también espiritual!


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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