domingo, 22 de febrero de 2026

Una Via Crucis en forma de plegaria - Franz Liszt -.

Una Via Crucis en forma de plegaria - Franz Liszt -

El «Vía Crucis» de Franz Liszt, una composición que recorre las emociones más profundas de la Pasión de Jesús, es una obra que va más allá de la música, convirtiéndose en una reflexión espiritual y una experiencia intensa.

 

Compuesta en 1878, esta secuencia de meditaciones es una de las expresiones más extraordinarias del romanticismo musical. Franz Liszt, conocido por su extraordinaria habilidad pianística y su intensidad emocional, supo plasmar en notas los sufrimientos y reflexiones del Vía Crucis, creando una obra que no solo narra el sufrimiento, sino que invita a vivir cada paso del camino con una profunda participación.

 

Via Crucis es el fruto de la experiencia religiosa y musical personal de Franz Liszt y se basa en tres pilares fundamentales: el gregoriano, lenguaje musical de la Iglesia católica; el coral luterano, que rinde homenaje a Johann Sebastian Bach y recuerda sus lejanos orígenes alemanes; y, por último, su propio lenguaje artístico-expresivo, madurado a lo largo de toda su vida.

 

Franz Liszt une sabiamente estos tres mundos muy distantes entre sí de una manera original e innovadora, dando vida a un lenguaje renovado, basado en el gregoriano, pero al mismo tiempo consciente de los avances musicales contemporáneos.

 

Se trata de una obra fuera del canon por su modernidad, a pesar de que Franz Liszt había respetado las normas eclesiásticas prescritas en los reglamentos de música sacra de la época: lenguaje sobrio, melodías sencillas y el órgano como único instrumento de acompañamiento del canto.

 

La obra se compone de quince piezas breves, catorce estaciones más un episodio inicial, que tienen la función de acompañar el rito religioso; la formación incluye soprano, mezzosoprano, contralto, tenor, barítono, bajo, coro y solo órgano (o, eventualmente, piano).

 

El estilo es sobrio, crudo, sin adornos, ecléctico, pero sobre todo muy expresivo. Por lo tanto, no es una obra que sorprenda por su originalidad estructural, sino más bien por la audacia del lenguaje y la mezcla de géneros. 

 

Cada estación del Vía Crucis, representada en la composición, conlleva un significado profundo y universal, que va mucho más allá de la simple narración bíblica.

 

La interpretación de esta obra no es solo una celebración de la Pasión de Jesús, sino también una meditación sobre el dolor, el sacrificio, la esperanza,…, temas que aún hoy resuenan con fuerza en nuestras vidas.

 

El ejercicio de escucha que te propongo es una oportunidad para sumergirte en una obra de gran valor histórico y espiritual. La experiencia musical del «Vía Crucis» ofrece la posibilidad de explorar la conexión emocional y espiritual con la música. Ciertamente es un momento de profunda reflexión.


La Via Crucis, dividida en 14 estaciones (más el episodio inicial), es un recorrido musical que fusiona diferentes estilos: desde el canto gregoriano hasta los corales luteranos, con un lenguaje armónico innovador y profundamente personal.

 

Franz Liszt refleja aquí no solo su fervor religioso, sino también su deseo de expresar el drama de la Pasión de Cristo de una manera universal.

 

Franz Liszt abre el Via Crucis con el himno gregoriano Vexilla regis, que data del siglo VI. Es uno de los himnos más antiguos de la Iglesia latina y se canta tradicionalmente en la liturgia del Viernes Santo. Musicalmente, Franz Liszt mantiene su carácter austero y solemne, con una escritura modal y una armonía esencial, evocando una atmósfera de meditación y sacralidad.

 

Avanzan los estandartes del Rey:

resplandece el misterio de la Cruz,

donde la Vida soportó la muerte

y con su muerte dio la vida.

Se han cumplido las cosas

que David había predicho

en su canto profético,

diciendo a las naciones:

Dios ha reinado desde la madera [de la Cruz].

 

Le sigue O Crux, ave, que constituye una estrofa posterior del himno Vexilla regis. Liszt lo armoniza a cuatro voces con un estilo sobrio y solemne, creando una atmósfera de recogimiento. La música se caracteriza por una armonía esencial y un ritmo austero, que enfatiza la función meditativa de la obra.

 

O Crux, ave, spes unica

O Crux, ave, spes unica,

hoc passionis tempore!

Piis adauge gratiam,

reisque dele crimina.

 

Oh Cruz, te saludo, única esperanza

Oh Cruz, te saludo, única esperanza,

en este tiempo de la Pasión.

Aumenta la gracia para los piadosos

y borra los pecados de los culpables.

 

1. Jesús es condenado a muerte 

Jesús recibe la sentencia de muerte. El ambiente es dramático, con tonos sombríos que sugieren el peso del juicio.

 

Innocens ego sum a sanguine justi hujus.

Soy inocente de la sangre de este justo.

 

2. Jesús toma la cruz 

Jesús acepta su destino y toma la cruz. El tema musical es grave y meditativo, simbolizando la aceptación del sacrificio.

 

Ave crux, spes unica!

¡Salve, cruz, única esperanza!

 

3. Jesús cae por primera vez 

El esfuerzo de su andadura lleva a Jesús a su primera caída. Los ritmos entrecortados y las progresiones armónicas descendentes representan el peso de la cruz.

 

Jesus cadit.

Jesús cae.

 

Sigue un breve coral a tres voces femeninas con el texto del Stabat Mater. Franz Liszt armoniza esta estrofa para tres voces femeninas (soprano I, soprano II y contralto), creando una atmósfera suspendida y dolorosa, que enfatiza el dolor de María al presenciar la caída de su Hijo bajo el peso de la cruz. La armonía es esencial y meditativa, con una escritura vocal que encaja perfectamente en la austeridad general del Via Crucis.

 

Stabat Mater dolorosa

juxta crucem lacrimosa,

dum pendebat Filius.

 

La Madre dolorida estaba

llorando junto a la cruz,

mientras su Hijo colgaba.

 

4. Jesús se encuentra con su Madre 

El encuentro entre Jesús y María expresa el máximo dolor maternal. Tema lírico y doloroso, que expresa compasión y amor infinito.

 

Órgano solo.

 

5. Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz 

Simón de Cirene se ve obligado a compartir el peso de la cruz. El tono es consolador pero con acentos de esfuerzo compartido.

 

Órgano solo.


6. Verónica seca el rostro de Jesús 


En esta estación, Franz Liszt inserta un coral a cuatro voces basado en el famoso himno luterano O Haupt voll Blut und Wunden. Este texto, escrito en el siglo XVII, fue musicalizado por Johann Sebastian Bach en la Pasión según San Mateo. Franz Liszt retoma esta melodía con gran sobriedad, manteniendo una armonía austera y profundamente meditativa.

 

El ambiente de la pieza es doloroso, con algunas progresiones que acentúan la intensidad expresiva y el pathos de la escena. El uso de las cuatro voces confiere a la música un carácter contemplativo y casi místico, mientras que la ejecución a capella refuerza aún más la sensación de recogimiento y devoción.

 

El texto del coral, que expresa veneración y compasión por Jesús sufriente, se integra perfectamente con el gesto de Verónica. Su acto de piedad y amor se ve sublimado por esta conmovedora melodía, que convierte la escena en uno de los momentos más íntimos y emotivos de todo el Vía Crucis.

 

Oh cabeza llena de sangre y heridas,

llena de dolor y escarnio,

Oh cabeza, atada por burla

con una corona de espinas;

Oh cabeza, antes adornada

con el más alto honor y esplendor,

ahora tan humillada:

¡te saludo!

 

7. Jesús cae por segunda vez 

- La segunda caída de Jesús marca su esfuerzo extremo, pero también su humanidad. La música retoma el dramatismo de la primera caída, con un ritmo entrecortado y acentos fuertes que expresan el dolor y el cansancio.

 

El tema «Jesus cadit», confiado de nuevo a los tenores y bajos, se desarrolla en un registro más alto que la primera caída, casi para subrayar el esfuerzo extremo y el dolor creciente de Jesús a medida que su camino se hace cada vez más arduo.

 

La armonía se vuelve más tensa y las líneas melódicas ascendentes parecen evocar un anhelo de resistencia y, al mismo tiempo, el inevitable agotamiento.

 

Jesus cadit.

Jesús cae.

 

Inmediatamente después, el coro femenino vuelve a entonar el Stabat Mater, esta vez también en un registro más alto que en la tercera estación. La elección de tesituras más agudas para ambas secciones contribuye a crear una sensación de creciente intensidad emocional, como si el peso de la cruz se hiciera cada vez más insoportable y el dolor de María se amplificara ante el sufrimiento de su Hijo. 

 

Stabat Mater dolorosa

juxta crucem lacrimosa,

dum pendebat Filius.

 

La Madre dolorida estaba

llorando junto a la cruz,

mientras su Hijo colgaba.

 

8. Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén 

Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús, quien las exhorta a llorar por ellas mismas y por sus hijos. El tema musical se vuelve más dulce, con un tono de consuelo, pero con una sutil tristeza.

 

La melodía avanza con un ritmo sobrio pero expresivo, casi como si reflejara la voz de Jesús que, a pesar del dolor, mantiene una fuerza interior y una conciencia superior a la de quienes le rodean. La armonía, aunque sigue siendo austera, evita excesos de tensión, sugiriendo un momento de reflexión más que de sufrimiento físico.

 

El contraste con las secciones anteriores es evidente: si en las caídas la música se doblega bajo el peso de la cruz, aquí se eleva en una especie de advertencia, subrayando el carácter profético de las palabras de Jesús.

 

Franz Liszt consigue restituir este matiz con un uso sabio de la dinámica y las progresiones armónicas, haciendo de la octava estación un pasaje de gran profundidad espiritual dentro del Vía Crucis.

 

Nolite flere super me,

sed super vos ipsas flete

et super filios vestros.

 

No lloréis por mí,

sino llorad por vosotras mismas

y por vuestros hijos.

 

9. Jesús cae por tercera vez 

La tercera y última caída de Jesús presagia su inminente muerte. El carácter de esta caída es trágico, con una armonía que resalta el agotamiento de Jesús, pero también su última resistencia antes de completar su muerte.

 

La música se vuelve cada vez más tensa y disonante, con un crescendo que culmina en la expresión del máximo dolor. No se trata solo de un momento físico, sino también simbólico, en el que la tercera caída representa la derrota temporal de la humanidad, pero también el acto final de redención por el mundo y la historia.

 

La melodía parece casi detenerse en un punto de ruptura, simbolizando el momento en el que Jesús, a pesar de sus sufrimientos, no se rinde.

 

A continuación viene el Stabat Mater; Liszt retoma la misma línea melódica con una importante diferencia tonal, que amplifica la sensación de melancolía y tristeza y aumenta la sensación de resignación y sufrimiento silencioso.

 

Franz Liszt utiliza esta transición con mucho cuidado para intensificar la expresión emocional del momento, resaltando la sensación de soledad y dolor de María.

 

Jesus cadit.

Jesús cae.

 

Stabat Mater dolorosa

juxta crucem lacrimosa,

dum pendebat Filius.

 

La Madre dolorida estaba

llorando junto a la cruz,

mientras su Hijo colgaba.

 

10. Jesús es despojado de sus vestiduras 

Jesús es despojado de sus vestiduras, un acto que simboliza la pérdida de toda dignidad humana. La música en esta estación es más severa y distante, simbolizando la violencia del gesto.

 

Órgano solo.

 

11. Jesús es clavado en la cruz 

Jesús es finalmente clavado en la cruz, momento culminante de su tormento físico. La tensión musical aumenta, con acentos marcados que simbolizan la agonía de la crucifixión.

 

Crucifige eum!

¡Crucifícalo!


 12. Jesús muere en la cruz 


Jesús muere en la cruz, el punto culminante de su pasión. La música refleja el drama de la muerte con un lento decrecimiento, como si la vida abandonara el cuerpo de Jesús. El tono es solemne y doloroso.

 

Eli, Eli, lamma sabacthani?

In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum.

Consummatum est.

 

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Todo está consumado.

 

A continuación, sigue el coral O Traurigkeit, o Herzeleid, de origen luterano, que expresa el duelo y el sufrimiento por la muerte de Jesús, al tiempo que subraya la redención obtenida a través de su muerte.

 

El tono es extremadamente triste y solemne, perfecto para acompañar el momento de la crucifixión. Franz Liszt utiliza este coral para transmitir una sensación de gran sufrimiento y pérdida, enfatizando el elemento trágico del acontecimiento con el uso de armonías sombrías y disonantes.

 

El ritmo es lento, casi como un lamento, para reflejar la gravedad del sacrificio que se está llevando a cabo. La elección de una melodía grave y un ritmo lento expresan la tristeza y el dolor que impregnan toda la escena de la muerte de Jesús.

 

Este coral es otro de los momentos más emotivos de la obra, ya que resume el sufrimiento humano universal ante la muerte y, al mismo tiempo, la solemnidad del sacrificio redentor.

 

¡Oh tristeza, oh dolor del corazón!

¿No es esto motivo de llanto?

El Hijo único de Dios Padre

es depositado en la tumba.

 

13. Jesús es bajado de la cruz 

El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre. La música en esta estación es dulce y meditativa, expresando el dolor de la separación y la muerte.

 

Órgano solo.

 

14. Jesús es depositado en el sepulcro 

- El cuerpo de Jesús es depositado en el sepulcro, un acto que marca el final de su martirio físico. La música es tranquila, reflexiva y envuelve al oyente en una sensación de paz y tristeza a la vez. La atmósfera final es de abandono, pero también de esperanza.

 

Ave crux, spes unica,

Mundi salus et gloria,

Auge piis justitiam,

Responde dona veniam.

Amén.

¡Ave crux!

 

Salve, oh Cruz, única esperanza,

salvación y gloria del mundo,

aumenta la justicia de los piadosos,

responde con el don del perdón.

Amén.

¡Salve, oh Cruz!

 

La música de Franz Liszt nos lleva a un círculo completo: partimos del sufrimiento y el dolor de la Pasión, pero llegamos al final con un mensaje de gloria y esperanza.

 

La cruz, que inicialmente aparece como el signo de la muerte y el sufrimiento, se convierte en el símbolo de la victoria y la salvación.

 

La belleza y el dramatismo de la música no solo cuentan una historia bíblica, sino que invitan al oyente a entrar en una experiencia espiritual íntima y conmovedora. Cada estación no es solo un paso físico, sino también un momento de meditación y reflexión profunda sobre el significado del sufrimiento y la redención.

 

Via Crucis es el punto culminante de la música sacra de Franz Liszt, ya que contiene en sí misma las diferentes almas del compositor húngaro: el cristianismo, la audaz exploración musical y el ecumenismo de una fe que derriba las barreras de las divisiones entre católicos y protestantes y se une en un único credo en el momento más importante de la vida religiosa de un cristiano, el de la muerte y resurrección de Jesucristo.

 

Lo más importante es tu ejercicio de audición (tal vez, y si son de alguna ayuda, con mis notas). Te ofrezco dos versiones. Ninguna de las dos llega a los 45 minutos.

 

1.- https://www.youtube.com/watch?v=SkNj_Y3ijVg (una visión en vivo muy centrada en el órgano).

 

2.- https://www.youtube.com/watch?v=y_WoxAOonoY (con los ‘cuadros’ de las estaciones del Via Crucis).


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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