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jueves, 23 de abril de 2026

Tráeme una rosa y seré feliz.

Tráeme una rosa y seré feliz 

Con sus pétalos aterciopelados, la sensualidad de la forma de la corola y la intensidad de sus pigmentos, la rosa roja se ha asociado desde siempre al amor, a la pasión, al deseo. 

Es la flor de Afrodita, la diosa del amor, pero también de Adonis, un joven y apuesto cazador al que ella amaba locamente: en la mitología griega, de la sangre de él, muerto por un jabalí, brotaron las anémonas, y de la de ella, herida por las zarzas al acudir en su ayuda, las rosas rojas. 

Pero Zeus, conmovido por el dolor de la diosa, permitió a Adonis vivir un poco más, razón por la cual la rosa roja se convirtió también en símbolo del renacimiento y de la victoria del amor sobre la muerte. 

En la iconografía cristiana, en cambio, representó desde el principio la sangre de Cristo y los tormentos sufridos por los mártires. 

En el antiguo y poético lenguaje de las flores —una especie de código secreto que alcanzó su apogeo en la época victoriana del siglo XIX y permitía a los enamorados e amantes intercambiar complejas conversaciones secretas—, la rosa roja representaba, como era inevitable, el amor apasionado y tenaz. 

«Tráeme una rosa, y seré feliz», pedía Bella (o Belinda) a su padre, un comerciante que se dirigía de viaje para recuperar el barco que se creía perdido. Pero el barco tenía tantas deudas que no le quedaba ni un céntimo y pensó que, al fin y al cabo, la rosa para Belinda era algo tan insignificante que, comprarla o no, no cambiaba nada. 

El resto es historia conocida. Una historia colorida y verdadera, como lo son los cuentos de hadas. Porque esa rosa no comprada, que no podemos imaginar más que roja, lo cambió todo, convirtió a la bella doncella en rehén de un monstruo y luego en señora de un castillo. 

Regalar rosas rojas no es cosa de padres. Los padres solo regalan rosas blancas a sus hijas. La rosa roja es, de hecho, un mensaje secreto y, sin embargo, tremendamente claro, y cuando las rosas rojas aún perfumaban, no es posible malinterpretar su significado. 

Incluso en los poemas, que hablan de rosas, ruiseñores y granados, el amor narrado a través de las rosas es aquel que no se cuenta, el que permanece oculto e intuido. 

La rosa roja es una flor que caracteriza un color, es decir, el rosa, unida a un color que caracteriza la pasión, es decir, el rojo. La literatura rebosa por todas partes de rosas rojas, hasta el punto de parecer casi banales, y sin embargo la rosa roja sigue siendo un clásico, un símbolo imprescindible. 

En el mundo de las flores, pocas pueden rivalizar con la belleza atemporal y el rico simbolismo de la rosa roja. Una exquisita flor que ha cautivado corazones y mentes durante siglos, actuando como un lenguaje universal para expresar emociones profundas. Desde el amor apasionado hasta la profunda admiración, la rosa roja ocupa un lugar de honor en culturas de todo el mundo.


La rosa roja representa el amor y el deseo. Su color vibrante, que va desde el carmesí intenso hasta el rojo aterciopelado, encarna la intensidad del amor apasionado. Ya sea que se presente como una sola flor o como un elaborado ramo, las rosas rojas son una expresión atemporal de la emoción humana más profunda.

 

Aunque el amor y el romanticismo son las principales connotaciones de las rosas rojas, su simbolismo va más allá de los asuntos del corazón. Estas flores también representan valentía, respeto y admiración. Su intenso color rojo es un testimonio de fuerza y resiliencia, lo que las convierte en un regalo adecuado para honrar los logros de alguien o para mostrar apoyo en momentos difíciles.

 

Las rosas rojas también son una opción popular para conmemorar hitos importantes, como aniversarios y graduaciones, lo que las convierte en un emblema versátil de sentimientos sinceros.

 

Regalar rosas rojas es un arte en sí mismo. El momento de ofrecer estas flores está cargado de expectación y emoción. Ya sea que se elija entregar un ramo en mano, o enviar rosas a domicilio o sorprender a alguien en un lugar público, el acto de regalar rosas rojas es un gesto que habla por sí solo. Comunica emociones sin necesidad de palabras, convirtiéndolo en un lenguaje universal del corazón.

 

En el reino de las flores, la rosa roja reina, quizá hasta de manera suprema, como símbolo de amor, deseo, respeto y admiración. Su historia está impregnada de mitología, cultura y siglos de expresión humana.

 

El rojo intenso y la textura aterciopelada de sus pétalos encierran la profundidad de las emociones que las palabras a menudo no logran expresar. Ya sea compartida entre amantes o regalada a amigos y familiares, la rosa roja es un emblema atemporal de la experiencia humana. 

Y, porque es elocuente el lenguaje de la rosa roja… “tráeme una rosa y seré feliz”. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 21 de enero de 2026

¡Felicidades a los enamorados!

¡Felicidades a los enamorados!

Mao Tse-Tung decía que el revolucionario debe ser un pez que nada entre las masas, queriendo decir con esto que no debe ser un snob, alguien que desprecia el contacto con la gente, sino todo lo contrario, debe ser alguien capaz de sentir con el pueblo.

 

Observaba en algunas redes sociales que algunos de mis hermanos, religiosos y/o presbíteros, se esforzaban por hacer saber al mundo entero que ellos NO celebraban San Valentín, sino los Santos Cirilo y Metodio.

 

Lo cual, quiero decir, sería una elección legítima, pero querer decirlo de esa manera implica distanciarse, querer quedarse al margen, lo que suena mucho a esnobismo, a elitismo, y que, además, está reñido con cualquier apostolado, evangelización, misión,…, sea cual sea la forma en que se quiera decir e interpretar.

 

Porque el cristiano (apóstol, evangelizador, misionero,...), más aún que el revolucionario, debe saber nadar entre las masas, debe saber hablar con igual competencia de las cimas de la espiritualidad y del 4-3-3 del fútbol, si es hombre, o de las modas de Chanel y Versace, si es mujer… ¡Que se me perdone esta imagen si alguien se siente ofendido! No es mi intensión ofender a nadie.

 

Debe apasionarse por lo que apasiona a la gente y disfrutar de lo que disfruta la gente. Solo así podrá llevar todo a Cristo, sin rechazar nada, sino acogiendo la pequeña chispa de bien presente en cada cosa y dirigiéndola al Bien superior.


El caso de San Valentín es emblemático.

 

Por supuesto que no soy proclive a un romanticismo todo azúcar y miel, con cajas de bombones y algodón de azúcar rosa… Aunque no gozo del beneficio de la experiencia en carne propia, creo que el verdadero amor de pareja es otra cosa, pero ¿realmente querríais un mundo en el que los adolescentes no fueran adolescentes? ¿Realmente querríais un mundo sin romanticismo?

 

Si miro a mi alrededor, no veo un mundo empalagoso. Veo, en cambio, un mundo de hierro y cemento, aterrador y despiadado, donde el brote de un amor adolescente, como una pequeña margarita en el asfalto, me conmueve y me hace gritar que es un milagro.

 

Ante la aterradora falta de afectividad que nos rodea, incluso este romanticismo propenso a la diabetes es mejor que la trágica muerte del corazón. No es momento de podar los bosques, es momento de regar los desiertos, ¿o es que no nos hemos dado cuenta?

 

No, no pretendo ceder al comercialismo, al populismo, a buscar un consenso fácil, al aplauso de la aclamación... No, no, nada de eso. Pero sí creo en la capacidad de inclinarnos ante la persona concreta, la verdadera, la que ama y odia, la que suda y se enfada y luego se alegra por una sonrisa de su novio o novia y se olvida de todo.

 

Sí creo en la extraordinaria capacidad de inclinarnos ante el pequeño, el humilde, el bajo, y elevarlo hacia lo más grande.

 

Sin que se nadie se sienta juzgado ni despreciado.

 

Porque Dios es tan grande que se ocupa de los dolores amorosos de cualquier Julieta y de cualquier Romeo con la misma solicitud y participación con la que se ocupa de la paz en el mundo. 


Y creo que quien crea que Dios está demasiado ocupado para pensar en esto y aquello es que no lo considera Infinito.

 

Nadie es demasiado pequeño para Dios, nada es demasiado trivial para Él.

 

En el Día de San Valentín felicidades a todos los enamorados, ellos y ellas.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Encuentro y diálogo.

Encuentro y diálogo   Dos historias, dos religiones que se encuentran, dialogan y no se demonizan.   Se despiden con respeto, y el Sultán ...