miércoles, 21 de enero de 2026

¡Felicidades a los enamorados!

¡Felicidades a los enamorados!

Mao Tse-Tung decía que el revolucionario debe ser un pez que nada entre las masas, queriendo decir con esto que no debe ser un snob, alguien que desprecia el contacto con la gente, sino todo lo contrario, debe ser alguien capaz de sentir con el pueblo.

 

Observaba en algunas redes sociales que algunos de mis hermanos, religiosos y/o presbíteros, se esforzaban por hacer saber al mundo entero que ellos NO celebraban San Valentín, sino los Santos Cirilo y Metodio.

 

Lo cual, quiero decir, sería una elección legítima, pero querer decirlo de esa manera implica distanciarse, querer quedarse al margen, lo que suena mucho a esnobismo, a elitismo, y que, además, está reñido con cualquier apostolado, evangelización, misión,…, sea cual sea la forma en que se quiera decir e interpretar.

 

Porque el cristiano (apóstol, evangelizador, misionero,...), más aún que el revolucionario, debe saber nadar entre las masas, debe saber hablar con igual competencia de las cimas de la espiritualidad y del 4-3-3 del fútbol, si es hombre, o de las modas de Chanel y Versace, si es mujer… ¡Que se me perdone esta imagen si alguien se siente ofendido!

 

Debe apasionarse por lo que apasiona a la gente y disfrutar de lo que disfruta la gente. Solo así podrá llevar todo a Cristo, sin rechazar nada, sino acogiendo la pequeña chispa de bien presente en cada cosa y dirigiéndola al Bien superior.


 

El caso de San Valentín es emblemático.

 

Por supuesto que no soy proclive a un romanticismo todo azúcar y miel, con cajas de bombones y algodón de azúcar rosa… Aunque no gozo del beneficio de la experiencia en carne propia, creo que el verdadero amor es otra cosa, pero ¿realmente querríais un mundo en el que los adolescentes no fueran adolescentes? ¿Realmente querríais un mundo sin romanticismo?

 

Si miro a mi alrededor, no veo un mundo empalagoso. Veo, en cambio, un mundo de hierro y cemento, aterrador y despiadado, donde el brote de un amor adolescente, como una pequeña margarita en el asfalto, me conmueve y me hace gritar que es un milagro.

 

Ante la aterradora falta de afectividad que nos rodea, incluso este romanticismo propenso a la diabetes es mejor que la trágica muerte del corazón. No es momento de podar los bosques, es momento de regar los desiertos, ¿o es que no nos hemos dado cuenta?

 

No, no pretendo ceder al comercialismo, al populismo, a buscar un consenso fácil, al aplauso dela aclamación... No, no, nada de eso. Pero sí creo en la capacidad de inclinarnos ante la persona concreta, la verdadera, la que ama y odia, la que suda y se enfada y luego se alegra por una sonrisa de su novio o novio y se olvida de todo.

 

Sí creo en la extraordinaria capacidad de inclinarnos ante el pequeño, el humilde, el bajo, y elevarlo hacia lo más grande.

 

Sin que se nadie se sienta juzgado ni despreciado.

 

Porque Dios es tan grande que se ocupa de los dolores amorosos de cualquier Julieta y de cualquier Romeo con la misma solicitud y participación con la que se ocupa de la paz en el mundo. Y creo que quien crea que Dios está demasiado ocupado para pensar en esto y aquello es que no lo considera Infinito.

 

Nadie es demasiado pequeño para Dios, nada es demasiado bajo para Él.

 

En el Día de San Valentín felicidades a todos los enamorados, ellos y ellas.



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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