¡Felicidades a los enamorados!
Mao Tse-Tung decía que el revolucionario debe ser un pez que nada entre las masas, queriendo decir con esto que no debe ser un snob, alguien que desprecia el contacto con la gente, sino todo lo contrario, debe ser alguien capaz de sentir con el pueblo.
Observaba en algunas redes sociales que algunos de mis
hermanos, religiosos y/o presbíteros, se esforzaban por hacer saber al mundo
entero que ellos NO celebraban San Valentín, sino los Santos Cirilo y Metodio.
Lo cual, quiero decir, sería una elección legítima,
pero querer decirlo de esa manera implica distanciarse, querer quedarse al
margen, lo que suena mucho a esnobismo, a elitismo, y que, además, está reñido
con cualquier apostolado, evangelización, misión,…, sea cual sea la forma en
que se quiera decir e interpretar.
Porque el cristiano (apóstol, evangelizador, misionero,...), más aún que el revolucionario, debe
saber nadar entre las masas, debe saber hablar con igual competencia de las
cimas de la espiritualidad y del 4-3-3 del fútbol, si es hombre, o de las modas
de Chanel y Versace, si es mujer… ¡Que se me perdone esta imagen si alguien se
siente ofendido!
Debe apasionarse por lo que apasiona a la gente y
disfrutar de lo que disfruta la gente. Solo así podrá llevar todo a Cristo, sin
rechazar nada, sino acogiendo la pequeña chispa de bien presente en cada cosa y
dirigiéndola al Bien superior.
El caso de San Valentín es emblemático.
Por supuesto que no soy proclive a un romanticismo
todo azúcar y miel, con cajas de bombones y algodón de azúcar rosa… Aunque no
gozo del beneficio de la experiencia en carne propia, creo que el verdadero
amor es otra cosa, pero ¿realmente querríais un mundo en el que los
adolescentes no fueran adolescentes? ¿Realmente querríais un mundo sin
romanticismo?
Si miro a mi alrededor, no veo un mundo empalagoso.
Veo, en cambio, un mundo de hierro y cemento, aterrador y despiadado, donde el
brote de un amor adolescente, como una pequeña margarita en el asfalto, me
conmueve y me hace gritar que es un milagro.
Ante la aterradora falta de afectividad que nos rodea,
incluso este romanticismo propenso a la diabetes es mejor que la trágica muerte
del corazón. No es momento de podar los bosques, es momento de regar los
desiertos, ¿o es que no nos hemos dado cuenta?
No, no pretendo ceder al comercialismo, al populismo,
a buscar un consenso fácil, al aplauso dela aclamación... No, no, nada de eso.
Pero sí creo en la capacidad de inclinarnos ante la persona concreta, la
verdadera, la que ama y odia, la que suda y se enfada y luego se alegra por una
sonrisa de su novio o novio y se olvida de todo.
Sí creo en la extraordinaria capacidad de inclinarnos
ante el pequeño, el humilde, el bajo, y elevarlo hacia lo más grande.
Sin que se nadie se sienta juzgado ni despreciado.
Porque Dios es tan grande que se ocupa de los dolores
amorosos de cualquier Julieta y de cualquier Romeo con la misma solicitud y
participación con la que se ocupa de la paz en el mundo. Y creo que quien crea
que Dios está demasiado ocupado para pensar en esto y aquello es que no lo
considera Infinito.
Nadie es demasiado pequeño para Dios, nada es
demasiado bajo para Él.
En el Día de San Valentín felicidades a todos los
enamorados, ellos y ellas.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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