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sábado, 1 de agosto de 2026

(En algún lugar) Más allá del arcoíris - con motivo de mi 61 cumpleaños -.

(En algún lugar) Más allá del arcoíris - con motivo de mi 61 cumpleaños - 

Mi cumpleaños. Hoy es mi cumpleaños… y por eso he pensado en felicitarme a mí mismo, con estos pensamientos dispersos, estas palabras que algún día volveré a leer. 

Hoy es un día importante. Como lo fue ayer y como, Dios mediante, lo será mañana. Cuando era joven, si hubiera querido imaginarme cómo sería hoy, sin duda habría pensado en una vida diferente, en una persona diferente. 

En cambio, soy quien soy. 

Alguien decía que envejecer es un privilegio… porque la alternativa no es mejor. Estoy convencido de ello. 

La vida es demasiado corta para estar contando el tiempo, incluso cuando nos damos cuenta de que lo que nos queda será menos, mucho menos que lo que ya ha pasado. 

Este es, por el contrario, el momento de rejuvenecer espiritualmente con aquella gracia divina que nos acompaña y sostiene. 

Sería bonito nacer mayores y morir de niños, pero el ciclo es al revés. No hay nada que hacer. Entonces pienso en los pequeños, en los adolescentes y en los jóvenes que no han podido disfrutar de este privilegio: el de avanzar en la edad. 

Pienso en los niños que nunca nacieron. 

Es por respeto a las vidas perdidas por lo que no tengo derecho a quejarme de los años que pasan; es al aferrarme a cada día que viene, a cada minuto que viene, donde encuentro el entusiasmo y la fuerza para seguir haciendo lo que puedo hacer. Lo que consigo hacer. Cada día. 

En estos últimos años de mi vida he cambiado, pero en el fondo sigo siendo el mismo de siempre. Diría que el cambio ha sido solo para mejor. 

He aprendido a tener menos ansiedad. 

He aprendido a simplificar toda esa complicación presuntuosa de creerse importante y necesario. 

He aprendido a disfrutar más de las cosas. 

He aprendido que la vida te regala lo más importante. Y lo hace con gratuidad y en exceso. 

He aprendido que hay que perseverar en los sueños que Dios puso en mí. 

He aprendido que hay que escucharse a sí mismo. 

He aprendido a alejar de mi vida a quien quiera robarme el alma. 

He aprendido que, aunque te equivoques, no pasa nada, todo es aprendizaje y experiencia. 

He aprendido a amar aquellas canas que pueblan mi calvicie, algunas arrugas y esos kilos persistentes de más… en definitiva, he aprendido a quererme. 

Y sigo aprendiendo todo lo anterior. Y más. 

Hoy me miro al espejo y veo mis ojos serenos, siempre curiosos por el mundo. 

Veo mi rostro sereno y tranquilo, tantas veces serio y agradecido por lo que la vida me ha puesto delante. 

No pasa nada si no me he convertido en aquello que aquel Otro soñó que yo llegara a ser. Cuando llegue a casa, Él saldrá a mi encuentro, me abrazará, me cubrirá de besos. Y completará lo que yo no logré ser. 

No pasa nada si he tenido que sufrir y pasar por mil dificultades y si aún me quedan muchas más por superar… No pasa nada, lo acepto todo con paciencia y serenidad, deseando siempre vivir lo que haya que vivir porque eso será lo que el Otro haya dispuesto para mi bien. 

Trato de bordear la ribera de la vida desde el otro margen. Encuentro aburrida hasta la saciedad tanta ortodoxia. Y me fascina infinitamente el otro punto de vista de la herejía. Camino haciendo equilibrios. No sé hacerlo de otro modo. 

Hoy he decidido escribir estas palabras aquí, en mi diario personal que también es este blog, para poder releerlas algún día, quizá al cumplir los siguientes 62 años. 

Gracias a todas las personas que hoy me enviarán sus felicitaciones, a quienes encuentren aunque solo sean unos segundos para dedicarme. A ti, que me estás leyendo y quizá me respondas (aunque, entre tú y yo, créeme que no es necesario). 

Pero también a ti, que me estás leyendo y no responderás, porque sé que, de todos modos, el recuerdo espontáneo es una forma sincera de cordial felicitación. 

Normalmente siempre he celebrado mi cumpleaños discretamente. Es una de las facetas de mi manera de ser. Así será también hoy. No quiero renunciar a la discreción de la normalidad. Forma parte de mi ADN. 

Felicidades a mí, por mis 61 años… Me impacta muchísimo incluso solo decirlo, porque no me los creo. Pero debe ser cierto. 

Para este día he elegido una música: «Over The Rainbow». A la que también se conoce como «(Somewhere) Over The Rainbow», y el significado exacto del título es, de hecho, «(en algún lugar) más allá del arcoíris». 

Es una referencia a la esperanza de que, más allá de lo que vemos, haya algo maravilloso, de que lo que deseamos nos esté esperando. 

Esta canción fue compuesta por Harold Arlen, con letra de Edgar Yipsel «Yip» Harburg, en 1939 para la película «El mago de Oz». Fue Judy Garland quien interpretó por primera vez esta canción, destinada a convertirse en uno de los mayores clásicos de la historia de la música. 

Desde entonces se han propuesto decenas de versiones; grandes cantantes han interpretado esta canción. Por citar solo algunos, recuerdo a: Frank Sinatra, Ray Charles, Glen Miller, Aretha Franklin y muchos más. 

Pero quizá sea la versión de Israel Kamakawiwoʻole - y conocido como «Iz» - la que ha dotado a la canción de una intensidad aún mayor. 

El cantante hawaiano ha logrado crear una atmósfera etérea, suspendida en el tiempo, la expresión ideal para narrar el sueño de un mundo más justo y más bello, más allá del horizonte del arcoíris. 

La letra es un poema que te envuelve hasta conmoverte. En su sencillez surge el deseo natural de disfrutar de las cosas que ya están aquí, pero que nuestra forma de vida nos impide apreciar: el «natural» canto de los pájaros, las nubes, el cielo azul… Parecen casi obvias, pero se nos están escapando de las manos. 

La canción transmite alegría, serenidad y muchas ganas de vivir, incluso aunque la frase final lo envuelve todo en una triste melancolía: «¿Por qué, por qué yo no podría soñar también?» 

(En algún lugar) Más allá del arcoíris 

En algún lugar más allá del arco iris

Muy arriba

Y los sueños que soñaste

Una vez en una canción de cuna

 

En algún lugar más allá del arco iris

Pájaros azules vuelan

Y los sueños que soñaste

Sueños realmente se hacen realidad

 

Algún día, pediré un deseo a una estrella

Despertarme en donde las nubes están muy detrás de mí

Donde los problemas se derriten como los caramelos de limón

Muy por encima de la parte superior de la chimenea

Allí es donde me encontrarás

 

En algún lugar más allá del arco iris

Pájaros azules vuelan

Y el sueño al que te atreves a soñar, oh, ¿por qué?

Oh, ¿por qué yo no podría soñar también?

 

Algún día, pediré un deseo a una estrella

Despertarme en donde las nubes están muy detrás de mí

Donde los problemas se derriten como los caramelos de limón

Muy por encima de la parte superior de la chimenea

Allí es donde me encontrarás

 

En algún lugar más allá del arco iris

Muy arriba

Y el sueño al que te atreves a soñar, oh, ¿por qué?

Oh, ¿por qué yo no podría soñar también?

 

Te dejo, pues, con esta canción que voy a tararear en tu honor… y en el mío: https://www.youtube.com/watch?v=V1bFr2SWP1I 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 28 de junio de 2026

My way - A mi manera -.

My way - A mi manera -

Te invito a escuchar esta interpretación de Frank Sinatra con subtítulos en castellano: https://www.youtube.com/watch?v=JN9xkgnZi4M 

Y ahora que el final se acerca, me enfrento al último telón… Amigo mío, lo diré claramente: te cuento cuál es mi situación, de la que estoy seguro. 

Así comienza lo que parece un intercambio epistolar entre amigos. Melancólico, a ratos trágico, un grito de despedida y quizás de resignación. 

Para explicar el nacimiento de esta canción, debemos pasar por tres «madres».


La parte musical de «My Way» fue compuesta a mediados de los años 60 por un tal Jacque Revaux, compositor francés. Su título era «For Me». La letra no era su punto fuerte, ya que estaba escrita en un inglés simplista y con temas de poca profundidad.

 

Como era de esperar, no gustó a las discográficas y quedó archivada.

 

En ese momento, en 1967, «For Me» llegó a manos de Claude François, un cantante de moda en aquella época que, junto con un letrista, la adaptó con otra letra.

 

El título cambió de «For Me» a «Comme d’Habitude».

 

La nueva letra se centraba en su amor perdido y en la vida rutinaria y sin sentido de un hombre.

 

Se publicó en 1967 como sencillo y alcanzó el número uno en las listas francesas.

 

Durante unas vacaciones en Francia, un cantante canadiense, naturalizado estadounidense, Paul Anka, escuchó en la radio «Comme d’Habitude».

 

Intuyó el potencial que encerraba la riqueza de la melodía; llamó por teléfono al editor de la canción y compró los derechos por ¡solo un dólar!

 

De vuelta en Estados Unidos, intentó escribir una letra mejor, pero, falto de inspiración, la dejó en un cajón, a la espera de tiempos mejores.



A finales de los años 60, Frank Sinatra, atravesaba un bache: los nuevos sonidos del pop y el rock estaban dejando obsoleto su estilo.

 

Durante una cena con su amigo Paul Anke, se desahogó largo y tendido sobre esta situación y sobre su estado de ánimo.

 

Nada más llegar a casa, Paul Anke acó su canción francesa y escribió la letra de «My Way», narrando la historia de un hombre que reflexiona sobre sus éxitos y sus errores, pero que no tiene remordimientos ni reniega de nada, porque siempre se ha mantenido fiel a sus propios deseos.

 

Frank Sinatra no quedó convencido de inmediato, pero grabó la canción en Los Ángeles el 30 de diciembre de 1968.

 

Publicada a principios de 1969, «My Way» alcanzó el puesto 27 en las listas. Una acogida tibia y poco prometedora.

 

Sin embargo, con el paso del tiempo, el sencillo fue recibiendo cada vez más elogios hasta convertirse en un auténtico éxito.

 

Mientras tanto, los responsables discográficos de Paul Anka se enfurecieron y le obligaron a grabar también su propia versión de la canción.

 

A partir de ese momento comenzó una larga serie de versiones que aún hoy no ha llegado a su fin.

 

Desde entonces, muchos artistas se han atrevido con «My Way». La primera versión de «My Way» es de la cantante galesa Dorothy Squires y data de 1970, cuando la versión original aún estaba en las listas de éxitos.

 

Otros artistas han sido: Aretha Franklin, Tom Jones, Celine Dion, Elvis Presley, hasta Robbie Williams, Michael Bublé y Shakira.

 

La versión más alejada del original, aunque no por ello menos fascinante, es la de Sid Vicious, bajista de los «Sex Pistols». La transformó en una canción punk que, a pesar de lo aparentemente absurdo, ¡logró tener sentido!


En cambio, el protagonista de esta canción, seguramente es Frank Sinatra. 

Y ahora, el fin está cerca,
y así, encaro el telón final.
Mi amigo, lo diré claro,
te expondré mi caso, del cual estoy seguro.

He vivido una vida que está llena,
he recorrido todas y cada una de las carreteras.
Y más, mucho más que esto,
lo hice a mi manera.
 

Podemos pensar por ejemplo que se trata de un anciano que se enfrenta a la muerte. De una persona que se enfrenta a una decepción y vive la rutina de siempre. Una persona que ha tenido una vida agitada y a menudo incomprendida, con un rico bagaje de experiencias y que pide la comprensión de quien le escucha. Una vida extrema, tal vez, pero una vida en la que todas las decisiones se han tomado de forma consciente. 

Remordimientos, he tenido algunos,
pero de nuevo, muy pocos como para mencionarlos.
Hice lo que tuve que hacer,
y lo vi todo sin exenciones.

Planifiqué cada senda trazada,
cada paso cuidadoso a lo largo del camino.
Y más, mucho más que esto,
lo hice a mi manera.
 

Quizá trivial pero auténtico. Alguien que ha vivido la vida al máximo, que ha tomado todas las decisiones con firmeza, que ha exprimido la vida hasta la médula, admite haber cometido errores y tener remordimientos. Es como decir: si te equivocas es normal, yo también me equivoco, pero al final los éxitos han compensado con creces las decepciones. Muy refinado cuando dice: «Hice lo que tenía que hacer». Muchas decisiones no son compartidas, otras incluso pueden hacer daño a las personas que nos rodean. Pues bien, eso también significa ser hombre: saber tomar incluso las decisiones difíciles. 

Sí, hubo momentos, estoy seguro de que lo sabes,
cuando mordí más de lo que podía masticar.
Pero a través de todo eso, cuando hubo duda,
me lo tomé todo y lo escupí.
Me enfrenté a todo y me mantuve erguido,
y lo hice a mi manera.
 

Amé, me reí y lloré,
tuve mi parte de pérdidas.
Y ahora, mientras las lágrimas se secan,
encuentro todo esto tan divertido.
 

Pensar que hice todo eso,
y puedo decir, sin pena ni timidez:
Oh, no, yo no, lo hice a mi manera.
 

Me he metido en líos demasiado grandes pero me he mantenido en pie y he seguido mi camino. Todo lo que me ha llegado —risas, llantos, amor, victorias y derrotas— lo he acogido con gusto, porque forma parte del camino de la vida. Y estoy orgulloso de poder decir en voz alta que todo esto lo he elegido yo. 

Independientemente de nuestros modelos y nuestras elecciones, a todos nos llega el día en que sufrimos y el día en que somos felices. Esto es normal y es un destino del que no podemos escapar. Lo importante es que todo esto sea fruto de nuestras elecciones, de nuestro camino, y no de dejarnos llevar por la corriente. 

¿Qué es un hombre, qué tiene?
Si no se tiene a sí mismo, entonces no tiene nada.
Decir lo que realmente siente
y no las palabras de alguien que se arrodilla.
La historia muestra que recibí los golpes.
Y lo hice a mi manera.

Al fin y al cabo, ¿qué es un hombre? Solo él mismo y nada más. Por eso es más importante poder vivir la propia vida con valentía, tomar decisiones y llevarlas hasta el final, en lugar de ser complaciente con la sociedad y conformarse con lo que nos ofrece que al final es todo.

Y uno casi parece ver, mientras Frank Sinatra canta, al Clint Eastwood triste, desencantado, pero aún capaz de pasiones, de «Gran Torino» o a aquellos héroes solitarios y melancólicos que «hacen lo correcto porque es lo correcto y no porque convenga». 

Y aquí tienes otra versión en vivo de Frank Sinatra y ya hacia el final de su carrera: https://www.youtube.com/watch?v=JXbZ7vS010E 

Cada uno… a su manera. No pudo ser de otra manera. Y esa es la manera correcta que cada uno supo y pudo hacer. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 20 de junio de 2026

En la otra orilla.

En la otra orilla

Uno trata de continuar su camino, en libertad y con responsabilidad, viendo en los retos del presente —ante todo, la decisión de no huir de la complejidad— y tratando de buscar motivos de esperanza y encontrar signos del Espíritu.

 

Uno trata, en la sinfonía de sensibilidades que componen la profecía de la vida de cada día, mantener el Evangelio como criterio para interpretar este tiempo, un tiempo que ha vuelto a acelerarse, que ve el regreso cada vez más marcado de conflictos y tensiones, y que, ante cambios trascendentales, a menudo apunta, de forma interesada, a atajos y simplificaciones.

 

Uno trata de no sentirse ajeno a nada sino, todo lo contrario, a ser caja de escucha y resonancia, lugar de eco sobre el que trata de aportar alguna semilla de reflexión, alguna ocasión de diálogo, algún punto de vista diferente.

 

Los años que vivimos parecen años de escombros, pero —como decía T. S. Eliot— elijo habitar estos escombros, sin huir de ellos, sin proyectos inmediatos de reconstrucción que no tengan en cuenta los rostros, las historias, las experiencias vividas, las heridas, lo obtenido, lo perdido...

 

Me parece que hay que atravesar los años de este tiempo un poco como Eneas, que abandona Troya (una época pasada) y se pone en camino para intentar construir una nueva ciudad, aunque aún no sabe perfilar sus contornos, una ciudad en la que la humanidad, magnífica en su potencial, pero también atravesada por fuerzas desintegradoras y violentas, pueda encontrar las razones para vivir juntos y, por lo que a mí respecta, para vivir inspirados en el Evangelio y en lo que reveló Jesús de Nazaret.


Sí, uno trata, con el silencio y la palabra, de alejar un poco más la línea de la oscuridad, manteniendo la vigilancia, la libertad de conciencia y la esperanza en el futuro; es una labor imperceptible, pero es lo que me siento llamado a hacer.

Dietrich Bonhoeffer - siempre mi autor preferido -  escribía, en años de tinieblas:

 

«Para quien es responsable, la pregunta última no es: ¿cómo me las arreglo heroicamente en este asunto?, sino: ¿cómo será la vida de la generación venidera? Solo de esta pregunta históricamente responsable pueden surgir soluciones fecundas, aunque provisionalmente sean muy humillantes».

 

Gran parte de lo que siento, pienso y escribo seguramente no sea aplicable de forma inmediata; pero es una pieza de un mosaico que se completará con otras voces en esta polifonía o sinfonía de la vida. Por mi parte contar historias de humanidad de Evangelio es también recordarme que el bien ya existe, que la esperanza ya actúa y, para quien tiene fe, tiene su raíz en Dios, padre y madre de todos.

 

Y, como el Maestro de Nazaret, el Profeta de Galilea, cada vez más me ha ido quedando clara la elección de habitar en la otra orilla, en los márgenes menos transitados, de alojarme en las fracturas, de permanecer en las fronteras, de hacer silencio y de escuchar, de sentir y de reflexionar, de aprender y hablar, y de dejarme evangelizar por la Humanidad del Crucificado y Resucitado.

 

Estoy persuadido de que el Dios del que habla el Evangelio habita en los márgenes de la otra orilla.

 

Y allí sigo buscándolo, sabiendo que es por ahí por donde pasan muchas mujeres y muchos hombres de este siglo XXI. En la otra orilla.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 7 de junio de 2026

Tened en vosotros los mismos sentimientos que Jesús - San Pablo a los Filipenses 2, 5 -.

Tened en vosotros los mismos sentimientos que Jesús - San Pablo a los Filipenses 2, 5 -

En el corazón se siente… porque es el corazón quien siente, es el corazón el órgano de los sentimientos...

 

Mirar el corazón es también mirar los sentimientos.

 

«Tened en vosotros los mismos sentimientos que Jesús», decía San Pablo a los cristiano de Filipos, y hoy estoy asombrado, no, más que eso, estoy atónito ante la constatación de una simple verdad: Dios tiene sentimientos.

 

Dios tiene corazón, por lo tanto, Dios tiene sentimientos.

 

No solo ama sino que ama apasionadamente, con ternura, con entusiasmo.

 

Toda la Biblia está ahí para hablarnos del pathos de Dios.

 

Toma nota, Aristóteles, que pensabas que la perfección era no sentir ninguna pasión.

 

Tomad nota, moralistas, que estáis ahí dividiendo el pelo en cuatro, destilando el amor para distinguir al microscopio entre eros y ágape, entre filia y simpatía…

 

Tomad nota, intelectuales hervidos, que parece que tenéis una gran cabeza solo porque está montada sobre un corazón muy pequeño.

 

Dios tiene un corazón, Dios es un corazón, porque si Dios es amor, entonces esto no puede prescindir ni distinguirse de la forma de este amor, y la forma del amor de Dios es la del corazón, no la del amor intellectualis de memoria spinoziana.

 

Porque no basta con creer, hay que amar.

 

Porque el amor es algo de carne, de tripas, de sudor y lágrimas, de piel, de vida, de color, de sol y flores, de caricias y tormentas, el amor es corazón.


No basta con la caridad…, se necesita afecto, ternura, pasión, fuego.

 

¿Qué es el amor sin corazón?

 

¿Qué es la amistad sin el gusto, la pasión, la alegría de encontrarse, de estar juntos, de abrazarse, de quererse?

 

Y Dios se apasiona por mí, está feliz de estar conmigo, me abraza, me quiere.

 

Me ama tanto que se hizo carne por mí, y sudó, lloró y sangró, y se hizo pan para que lo tocaran, amigo para que lo abrazaran, se hizo sol y flores, caricia y tormenta. Se hizo corazón, y corazón humano.

 

Dios ama con un corazón humano.

 

El mundo está enfermo de esclerocardia, es decir, de corazón endurecido.

 

Y entonces necesita ante todo corazón, fuertes inyecciones de corazón.

 

El corazón de Dios, que solo puede pasar a través de otros corazones.

 

Como en la ley de los vasos comunicantes, el corazón de Dios quiere derramarse en el corazón del mundo.

 

«Tened en vosotros el corazón de Dios», se podría parafrasear así la máxima de San Pablo y entonces me pregunto, ¿de verdad?

 

¿Puede mi pobre corazón ser realmente como el de Dios?

 

Mi corazón está un poco cansado, lo admito.

 

Ha trabajado mucho, ha sufrido mucho.

 

También por mi culpa, de acuerdo, porque lo he estresado mucho con pasiones inútiles.

 

Antes era mucho más rápido, quizás demasiado, siempre dispuesto a encenderse de ira y amor, enamorado de todo, apasionado por todo, asombrado por todo.

 

Y el cerebro, pobrecito, le costaba seguirle el ritmo. Tan pronto como entendía algo, el corazón ya estaba más allá, en otra parte, enamorado de otra cosa, como si quisiera poseer el mundo.


Pero ahora es al revés. Ahora tengo una mente veloz y un corazón lento, muy lento.

 

Tardo en comprender, tardo en amar.

 

O tal vez solo haya comprendido que no debe poseer el mundo, que basta con tener otro corazón en el que volcarse, sentirse como en casa, tal vez más, y a través de él, como un prisma, amar al mundo entero.

 

Y entonces tengo que ralentizar.

 

Vivo demasiado deprisa, vivo tan deprisa que mi corazón no tiene tiempo de reconocer y amar a los otros corazones que encuentra.

 

Y la vida pasa.

 

Pasan las personas, pasan las ocasiones, pasan los días y se encadena un rosario de ocasiones de amor perdidas, de oportunidades de ternura desperdiciadas.

 

Cuántas veces por la noche me encuentro reprendiendo a este pobre corazón, diciéndole: has sido lento, has sido perezoso, has sido duro.

 

Pero quizá la culpa no sea toda suyo, pobre corazón mío.

 

Quizá bastaría con vivir más despacio, dejar espacio a los días y a las personas, darles tiempo y modo de entrar en mí para que este viejo corazón pueda reaccionar y reencontrar las razones de su fuego.

 

Porque el fuego sigue ahí, lo sé bien. A veces lo siento arder y ardería más si le diera la oportunidad.

 

Sí, el corazón no quiere correr, el corazón quiere quedarse, encontrar a alguien en quien hacer su hogar y quedarse.

 

Y, si es necesario, esforzarse por construirlo y luchar por defender ese hogar.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 23 de mayo de 2026

Recuerda todo el camino - San Juan 6, 51-58 -.

Recuerda todo el camino - San Juan 6, 51-58 -

Deja que las cosas canten.

 

Permite que la vida no se pierda en los límites de las explicaciones, no lo ocupes todo con el pensamiento; retírate ante el latido vital de la naturaleza, deja que los elementos inventen melodías inéditas.

 

Haz un paso hacia la escucha, no lo satures con tu presencia; recuerda que cada cosa es más de lo que parece.

 

Aprende que hay un canto enterrado bajo la sombra de las cosas y que incluso una piedra abandonada al borde del camino tiene un corazón que pide ser escuchado.

 

Escucha el mar, el viento y el último aliento del anciano que muere; aprende a seguir el llanto del niño, el vuelo de un pájaro, el aroma del atardecer.

 

El corazón enamorado escucha.

 

La hierba, el terrón de tierra, el descanso del animal. Y las estrellas. Todo canta.


No solo de pan vivimos, sino de esa palabra que sale de la boca enamorada de Dios y que se posa en el corazón de lo existente. Y espera. Espera a ser escuchada.

 

No solo de pan vive el hombre, transforma el tiempo en una ocasión para escuchar y hacer existir aquello que solo pide poder contar el beso de Dios que arde en el corazón.

 

Acaricia cada cosa con curiosa delicadeza, y espera.

 

«Recuerda todo el camino», de todo, nada es tan banal como para merecer el silencio, y no censures el dolor, impide que el tiempo lo arregle todo, escucha el ruido del desorden, el grito de las heridas y la muerte. Deja que hable incluso cuando quieras huir.

 

Rebélate, no permitas que el silencio te robe el discurrir de las lágrimas derramadas. Deja que el corazón se retuerza y se pierda. Respeta cada dolor, escucha su canto, lo necesitarás para descifrar los abismos de lo real.

 

Recuerda todo el camino por el desierto, no olvides el hambre, la sed, las serpientes venenosas y los escorpiones, ellos también cantan el beso divino, sin ellos el perfil del Señor estaría incompleto. Ilusorio. Patético.

 

Para recordarlo todo, para no tirar nada, para no creer que puedan existir instantes sin valor, debes aprender a enamorarte también de las partituras que no te son afines.

 

Se puede llorar de dolor, pero no se puede creer que haya instantes que no tengan la dignidad de ser escuchados. No le pidas a Dios que te libere del cansancio de vivir, pídele en cambio que agudice el oído del corazón.


Aprende el canto de las cosas enterrado bajo las apariencias, no tengas miedo de descubrir lo que hay en tu corazón. ¿De qué te sirve ese misterio en el fondo de tu pecho si no aceptas habitarlo?

 

Aprende el pentagrama de la creación y descubre que el pan que no canta ya está muerto; aprende a escuchar al Señor en el viento, en las abejas, en la noche, en el gorjeo, en un arroyo, en un silencio casi perfecto, en esta nada que se deja habitar. Lo que sale de la boca del Señor es un aliento incontenible y fantasioso, es el canto secreto de cada cosa.

 

Y luego escúchalo a Él, a Él que dice que es en la carne donde habita lo divino. No solo en las cosas, a lo que un corazón de poeta ya podía llegar, sino en esta carne que tantas veces nos apresuramos a considerar impura. En este cuerpo que a menudo no nos gusta, en esta nuestra historia tan ambigua y fatigosa. En esta carne que no nos concede paz.

 

Aprende a escuchar el sonido divino en el pan, busca el corazón del ser, descubre el Cielo en la Tierra, cree en el Cuerpo, de Cristo, de Dios y de cada hombre.

 

No solo el maná habla de Dios, no solo la Creación tan majestuosa y solemne, sino también esta pobre cosa que es el hombre.


Recuerda todo, no olvides nada, ni siquiera de ti mismo.

 

Recuerda todo el camino por el desierto, recuerda los pasos en falso, los errores y las humillaciones. Enseña a tus hijos a escuchar la vida vivida, el susurro de Dios no se conforma con el maná, ni siquiera con la hostia consagrada, sino que decide permanecer en cada hombre que se entrega al amor.

 

Aprende a inclinarte ante la custodia de Su presencia, que es el cuerpo que respira, que come, que hace el amor, que se esconde, que se arrastra, que herido muere.

 

Aprende a escuchar el susurro divino en los cuerpos de las personas con las que te cruzas; el hombre no vive solo de pan, sino de ese silencio misterioso que habita el secreto de cada vida.

 

Aprende a escuchar la nostalgia de lo divino en los silencios incómodos de los fracasados, en las palabras excesivas de quien reclama atención, en quien exige, en quien te desprecia o te insulta, en quien no logra amarte sin pretender la exclusividad.


No juzgues solo las apariencias, escucha el canto divino en esa necesidad de amor que te ha llevado a amar y a abandonar, escucha la necesidad de Dios en quien te ha herido. Escúchalo en los miedos del hombre que nunca se siente a la altura.

 

Escucha al hombre, escucha el cuerpo y la sangre. Escucha como escuchaba Jesús, escucha el hambre y la sed, escucha la necesidad de ser perdonado, escucha el miedo, escucha y haz espacio.

 

Crea espacios de silencio. Y nunca los llenes con palabras de condena.

 

Transforma tu cuerpo y tu sangre en un instrumento afinado.

 

Y haz cantar la historia de cada hombre, es la única manera de encontrar a Dios.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 16 de mayo de 2026

¿Qué quiero decir cuando digo que creo en Dios?

¿Qué quiero decir cuando digo que creo en Dios?

Es verdad. Me acompaña en el fondo una pregunta radical: ¿en qué Dios creo yo? O mejor dicho: ¿en qué imagen de Dios creo?

 

Porque siempre estamos en una tensión continua entre la imagen de Dios que es una proyección de nosotros mismos, de nuestros miedos, de nuestras aspiraciones, de nuestros deseos, y el relato que el Evangelio nos entrega de Dios.

 

La revelación de Dios del que, ciertamente para mí, es el mejor intérprete del misterio divino, las palabras, los silencios, los gestos,…, la persona de Jesús de Nazaret son para nosotros una descripción del Padre, que quiere ser conocido por el hombre y la mujer de ayer y de hoy. Que quiere entrar en relación con nosotros.

 

¿Creemos en un Dios que es relación, que quiere estar en relación?

 

Porque una cosa es decirlo, y otra muy distinta es vivirlo. Una cosa es decir que el Evangelio es el relato del Padre, y otra muy distinta es vivirlo.


Sabiendo que todo nuestro conocimiento es siempre imperfecto y está siempre en movimiento: ¿quién puede decir que tiene un conocimiento completo de Dios?

 

Y ésta es la gran parábola de nuestra vida de fe. Porque conocer a Dios sin llegar a conocerlo realmente debería enseñarnos humildad y prudencia cada vez que tenemos la certeza de saber qué piensa y cómo actúa Dios.

 

¿Estamos realmente tan seguros al trazar retratos de Dios o, por el contrario, es mucho más cristiano estar en un camino, en un seguimiento nunca agotado, nunca definitivo, siempre relacionalmente abierto a las sorpresas?

 

Sí, sorpresas que pueden ser de alegría y, también, de decepción.

 

Porque, si somos honestos, seguramente tenemos en la memoria algún episodio en el que Dios nos ha sorprendido con alegría, algún episodio (quizás muchos) en el que no lo hemos entendido, otros en los que quizás nos ha decepcionado.


No deberíamos tener miedo de admitir también la decepción: si Dios está en relación con nosotros, toda relación conoce el momento de la decepción, de los dolores del parto, el momento de las expectativas que hay que recalibrar.

 

Y esto, en la fe, puede hacer mucho bien, porque nos ayuda a no dar nunca por sentado nuestro conocimiento de Dios. Nos estimula a dar un paso más.

 

Sí creo en un Dios presente en toda su evidencia. Y también creo que deja espacio a un Dios presente en la penumbra, presente y al mismo tiempo ausente: porque éste es el tiempo de la fe, que es tiempo de búsqueda, de nuevos comienzos, de certezas cuestionadas e inseguridades aceptadas.

 

Hay una apertura de la fe que exige nuestra partida, siempre; que pide nuestra disponibilidad para cuestionarnos a nosotros mismos, para cuestionar lo que creemos saber sobre Dios, porque allí es donde Él puede revelarse.


P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Transfigurarse en el Espíritu a imagen de Cristo.

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