¿Qué es el ser humano…?
Tal vez asistimos a no pocas historias, trágicas o divertidas, que nos llegan cada día. No sé si estamos en los albores de la comprensión de un tema tan complejo como la disforia de género, es decir, la imposibilidad de identificarse con el propio sexo biológico… Pero la existencia de la disforia de especie, creo, es desconocida para la mayoría.
Se trata de una condición en la que se encuentran
aquellas personas que no se reconocen como personas, sino como animales, ya
sean reales (perros, gastos,..) o fantásticos (dragones, unicornios…).
Leía a un neuropsicólogo que no existe una condición
clínica denominada “disforia de especie”. Pero seguramente vivimos en una época en
la que algunas personas quieren identificarse con algo diferente de lo que son.
Sea o no controvertida la existencia de una condición
denominada “disforia de especie” es innegable que existe una nutrida
comunidad de personas a las que les gusta identificarse y vestirse como
animales. Me refiero a animales antropomórficos, procedentes de dibujos
animados, cómics o videojuegos, caracterizados por ser bípedos y dotados del
habla.
De hecho, a esas personas les encanta llevar disfraces
que les permiten identificarse con su animal de referencia, ya sean orejas o
colas peludas, pero pueden llegar a llevar trajes reales, trajes de peluche,
para sumergirse totalmente en el personaje elegido.
Se trata de personas que, a diferencia de lo que se
cree erróneamente, no se identifican con una especie animal, sino que eligen
una especie de alter ego peludo con fines lúdicos y, en cierto modo,
catárticos. En este caso la identidad animal es una especie de visión
idealizada de lo que son. Básicamente en este caso no se identifican, en
sentido estricto, como animales, sino que el disfraz tiene que ver con la
diversión dentro de un grupo que les apoya y no les juzga. Un grupo en el que
pueden sentirse cómodos.
Pero todo eso es diferente al caso de las personas que tienden a identificarse con un animal específico. Me refiero, en este caso, al término “therian”.
Ésta es una forma abreviada de “therianthropia”, del
griego “ther”, que significa animal salvaje,
y “antropos”,
ser humano (cf. https://es.wikipedia.org/wiki/Teriantrop%C3%ADa).
Estas personas se sienten ‘atrapadas’ (valga la expresión) dentro de un
cuerpo humano, mientras que, 'instintivamente', sienten una naturaleza animal que
lucha por emerger. De hecho, los que pertenecen a esta comunidad destacan el
hecho de que ellos mismos se perciben como animales (lo cual no se hay que
confundir con adoptar la apariencia de un animal fuertemente antropomorfizado
con fines más bien artísticos, lúdicos,…).
Ser “therian”, por lo tanto, es una
necesidad, involuntaria e instintiva, de dar voz al animal con el que uno se
identifica. La forma de sentirse “therian” es, sin embargo, muy
subjetiva: hay quienes creen ser la reencarnación de un animal, quienes solo
sienten una afinidad espiritual con él y quienes se perciben como personas
híbridas,… Pero, en cualquier caso, todos se niegan a ser identificados
únicamente como seres humanos.
No lo sé a ciencia cierta pero hasta quizá la llegada
de Internet ha sido determinante para poner en contacto a estas personas y,
actualmente, abundan en las redes sociales los vídeos de quienes quieren
mostrar su forma de vida, llevando disfraces y adoptando físicamente, en la
postura y en la forma de caminar, el aspecto de su animal interior.
Hay adolescentes y jóvenes que comparten su toma de
conciencia, hablando a menudo de un impulso incontrolable, y otros que dan
consejos sobre cómo confiar este estado de cosas a sus progenitores. Por lo
general, los “therian” son muy conscientes de que tienen un aspecto humano, y
el uso de máscaras, orejas o colas falsas, así como la modificación de su forma
de andar o la emisión de sonidos animales, es una herramienta para adaptarse a
la naturaleza animal que se percibe interiormente.
Incluso en el caso de aquellos que se identifican como
“therian”, existe una zona gris que,
desde el punto de vista médico, es difícil de explicar.
Para algunos expertos esta forma de vivir la propia
identidad es algo que pone en peligro la salud mental. Para otros es una forma,
especialmente para los más jóvenes, de profundizar en su propia naturaleza, en
una edad en la que aún se está buscando la propia identidad.
Sí, confieso que todo esto me ayuda a seguir creyendo la naturaleza multifacética y polifacética del ser humano.
Y, aunque trato de no hacer ningún juicio de valor ante un
realidad que me resulta tan compleja como difícil de formular, sí me viene a la
mente y le estoy dando vueltas a aquella frase de aquellos Salmos de la tradición judía 8 y 143 que da título a este esbozo de
reflexión: “¿Qué es el ser humano…?”
Y, lo confieso, me encuentro perplejo. Seguramente
porque fui educado y he creído en un ser humano imagen y semejanza divinas, poco inferior a los ángeles,
coronado de dignidad y gloria, pastor y señor de las bestias... Y porque he entendido,
y sigo entendiendo, el proceso de 'humanización' (que ha hecho y sigue haciendo avanzar a la especie humana en conciencia, libertad, moral...) de una determinada manera. Por
supuesto, con respeto a todas las criaturas vivientes en nuestra casa común con las que comparto la misma condición de criatura viviente.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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