Te Deum: ayer, hoy y siempre…
Comenzamos con la audición del Te Deum de Marc-Antoine Charpentier (son apenas algo más de 8 minutos): https://www.youtube.com/watch?v=I3LIlzPtsmw
¿Qué significa recitar el Te Deum al final de cada año? ¿Por qué hacerlo incluso cuando a lo largo del año han ocurrido catástrofes en nuestro planeta?
La razón de esta práctica no es dar gracias a Dios por lo negativo que ha ocurrido, ni mucho menos darle las gracias por las victorias obtenidas en los campos de batalla… de las mil y una guerras en curso…
El propósito más auténtico es celebrar al Señor porque todavía somos capaces de cantar sus alabanzas.
Lo sorprendente es que todavía estemos aquí, a pesar de que nada en nuestras vidas garantiza un resultado así.
Más que a los triunfos históricos reales o supuestos, conviene fijarse en la precariedad.
La vida en sí misma solo garantiza de manera imperativa que está destinada a terminar.
Son muchas las causas de las que depende el final, muy incierto es el momento, pero seguro y fatal es que, según la naturaleza, llegará.
El Te Deum de fin de año contiene un eco del antiguo cántico de Ezequías, que escapó de la muerte, en el que se niega al mundo inferior dar gracias a Dios porque la alabanza corresponde a los vivos: «El vivo, el vivo te da gracias, como yo lo hago hoy» (Isaías 38, 19).
Una fórmula litúrgica judía, recitada tanto cuando llegan las fiestas como cuando se comen los primeros frutos de la tierra, bendice al Señor porque nos ha dado la vida, nos ha consolidado y nos ha hecho llegar a este momento.
Nada de lo que existe encuentra en sí mismo una consistencia inquebrantable.
En cierto sentido, la bendición judía presupone la conciencia de que la vida es un soplo destinado a desaparecer.
Es a partir de esta conciencia que se bendice a quien nos ha traído hasta aquí. Solo su cuidado podía hacer tanto.
La bendición es el canto de los vivos y el Te Deum debería serlo también.
Nadie que considere obvio seguir existiendo está en condiciones de captar su sentido más profundo.
La alabanza debería nacer de la conciencia de la fragilidad de nuestras vidas.
También creo que el Te Deum no canta las victorias conseguidas a través de la muerte, hecho inherente a lo que ocurre en todos los campos de batalla.
Continuamnos con la audición del Te Deum de Franz Joseph Haydn (son apenas 9 munutos): https://www.youtube.com/watch?v=PXNGqgNTNIQ
En la vida cotidiana, para expresarnos en un lenguaje acorde con el transcurso común de los días, la persona esperanzada se ve a menudo amenazada por la decepción.
Porque quien espera mucho de sí mismo, de los demás, de la sociedad y de la historia, se ve desmentido una y otra vez.
Si los reveses se suceden unos tras otros, su horizonte, antes luminoso, se vuelve sombrío.
La depresión cruza el umbral del alma, acompañada, no pocas veces, de una compañera infiel: la propensión a culpar a quien le ha decepcionado.
En cambio, quien, aunque resiste activamente el disgusto de vivir, sabe que lo peor siempre acecha a su puerta, no es raro que se encuentre, con sorpresa, en condiciones de darse cuenta de que en la vida se abren más posibilidades positivas de las que había previsto.
La persona que no espera que se le agradezca disfruta más de la gratitud que aquella que da por sentado que se le debe reconocimiento: en este último caso, el agradecimiento se recibe como un tributo obligatorio, mientras que su ausencia suscita rencor.
El Señor que nos ha creado y nos conoce bien no espera mucho de nosotros: sabe de qué pasta estamos hechos.
Si nos ha hecho llegar su Palabra y nos ha enviado a su Hijo a la tierra es para que nuestras vidas no se desperdicien.
No, Dios no lo ha hecho porque necesite nuestro agradecimiento.
Por eso nos gusta pensar que Dios se alegra cuando nosotros, seres pobres, sufridos y desorientados, lo alabamos y le damos las gracias por el simple hecho de estar vivos.
Dios no culpa a los Job de ayer y de hoy, obligados a soportar con sus frágiles hombros cargas demasiado pesadas, y se conmueve cuando sus hijos le dan las gracias repitiendo al final de cada año: «Te Deum laudamus: te Dominum confitemur».
Y acabamos con la audición del Te Deum de Wolfgang Amadeus Mozart (son apenas 9 minutos): https://www.youtube.com/watch?v=imD8ycpbstI
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
Posdata: Por supuesto que hay más y otros Te Deum en la música clásica. Entre los muchos y diversos, he escogido tres que son particularmente breves.
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