viernes, 6 de marzo de 2026

Libres de la trampa del pensamiento dicotómico.

Libres de la trampa del pensamiento dicotómico

Hay quien lo llama “pensamiento en blanco y negro”.

 

El término más técnico es “pensamiento dicotómico”.

 

El pensamiento dicotómico divide la realidad en luz y sombra, borrando su complejidad, ambigüedad, mutabilidad y todos sus matices. Razona en términos de «todo o nada».

 

Ejercer el pensamiento dicotómico significa creer que las cosas solo pueden ser completamente correctas o completamente incorrectas, que las personas son o amigas o enemigas, que los días son perfectos u horribles, que todo lo que no es un éxito es un fracaso y que todo lo que no es virtuoso es vicioso. Que es ahora o nunca. Que o se gana o se pierde. Y aún más: que o se es guapo o se es feo, que se ama o se odia, que o se tiene toda la razón o se está completamente equivocado…

 

Y así sucesivamente…


 

El pensamiento dicotómico tiende a esquematizar haciendo distinciones nítidas, rígidas y permanentes. Reduce el caos multiforme, complejo y a veces indescifrable que es la realidad de las personas y los acontecimientos a solo dos categorías opuestas, que se excluyen entre sí o que están en conflicto irreparable entre sí.

 

El pensamiento dicotómico es muy tranquilizador, sobre todo si el pensador se sitúa automáticamente del lado de la razón, la inteligencia, la justicia, la belleza y la verdad.

 

Basta leer el periódico, mirar una página web de noticias, escuchar un fragmento del telediario… para hacer una lista de cuántos ejemplos de pensamiento dicotómico se encuentran y cuántos pensadores en blanco y negro existen.

 

Son por ejemplo personas que:

 

- amenazan o temen catástrofes si el mundo no hace lo que ellos dicen,

- se acaloran mucho,

- ignoran las pruebas contrarias y no muestran ninguna duda, nunca,

- desprecian (y querrían borrar del universo) a quienes no comparten sus opiniones.

- …

 

El pensamiento dicotómico nubla nuestra capacidad de juzgar y tomar buenas decisiones, porque deforma o borra todos los elementos que no concuerdan con la visión «en blanco y negro», que en cambio deberían considerarse razonablemente.


 

El pensamiento dicotómico es tranquilizador, al menos a corto plazo, pero a largo plazo presenta varias desventajas:

 

- limita la capacidad de leer y comprender el mundo, que no siempre es solo blanco o negro y, sobre todo, que no sigue siendo siempre blanco o negro, en todas partes y de la misma manera,

 

- reduce la cantidad de opciones que tenemos a nuestra disposición y elimina cualquier posibilidad de mediación y síntesis. Y, al eliminar las opciones posibles, es fácil sentirse furioso o impotente, y tal vez ambas cosas al mismo tiempo,

 

- impide soluciones creativas: si las restricciones son estrictas, los límites están trazados, los juicios son inapelables y el camino correcto es uno y solo uno, no queda espacio para la invención de ninguna alternativa nueva o mejor,

 

- es un pensamiento egocéntrico e infantil: los niños pequeños no tienen las herramientas cognitivas suficientes para captar la gradualidad y los matices o para aceptar la ambigüedad,

 

- induce a la depresión: lo que no va bien solo puede seguir yendo a peor. Lo que está mal se volverá irreparable. Lo que es feo se volverá monstruoso, lo que da miedo se volverá aterrador, lo que es negativo se volverá catastrófico... y no hay escapatoria,

 

- …

 


Los psicólogos dicen que el pensamiento dicotómico es indicativo de la posible presencia de un trastorno de personalidad.

 

Todos tenemos en la cabeza algunas esquematizaciones dicotómicas: Naturaleza y Cultura. Oriente y Occidente. Paz y Guerra. Público y Privado. Masculino y Femenino. Vicio y Virtud. Ciudad y Campo. Libertad y Opresión. Derecha e Izquierda. Salud y Enfermedad. Razón y Sentimiento. Juventud y Vejez. Santo y Pecador... Creyente y Ateo.


Y así sucesivamente…

 

En realidad, esas dicotomías expresan las polarizaciones extremas de fenómenos y realidades que son un continuo. Entre un polo y otro no hay un abismo, sino un área más o menos amplia y con diversos matices de gris.

 

Proceder por dicotomías, dilemas y alternativas que se excluyen entre sí puede ser incluso necesario cuando se quiere elegir una causa por la que comprometerse. En cualquier caso, puede ser una forma de desenredarse en la complejidad, de forma apresurada y sin acabar atrapado en mil distinciones cada vez más sutiles.

 

Pequeñas dosis de pensamiento dicotómico pueden ser útiles para orientarse, siempre y cuando se recuerde que la claridad de la dicotomía es solo aparente y puede ser engañosa.

 

Y siempre y cuando nos comprometamos a prestar atención a los mil matices cambiantes (y a los mil arcoíris de color) que una visión paciente, razonable y equilibrada del mundo puede ofrecer.

 

Me venía a la mente a este respecto que, si no me equivoco, los esquimales tienen 22 palabras para referirse a distintos tonos de blanco...



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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