lunes, 6 de enero de 2025

Carta de unos padres ante el bautismo de un hijo.

 Carta de unos padres ante el bautismo de un hijo

 

Querido hijo… querida hija…

 

Un día entre muchos días empezarás a preguntar. Te preguntarás... te preguntarás por qué estuviste aquí hoy. Te preguntarás por qué se tomó esta elección. Nos preguntarás por qué esta elección. Y esta es la primera razón por la que nosotros estamos aquí. Porque en la vida nunca dejas de preguntarte y de preguntar, porque te preguntas por qué estás aquí, de dónde vienes, adónde irás y adónde quieres llegar, quién eres y quién quieres ser.

 

Y, mientras lo haces, también estás aquí para no dejar nunca de ocuparte del encuentro de los encuentros: el encuentro del Amor. No podíamos no dejar que lo conocieras, al menos inténtalo. Amor verdadero. Nadie tiene su propia definición y no la acepta de nadie, pero muchas personas adecuadas, en el camino correcto en el momento adecuado, te lo mostrarán. Desde los ojos, desde los corazones, desde los rostros de los demás verás y comprenderás qué es el Amor y podrás sentirlo latiendo en tu corazón, brotando en tu pecho como una fuente de agua viva. Todas son imágenes del Evangelio, ¿sabes, cariño? Agua que brota, fuente que mana, luz que brilla en la oscuridad, fuego que calienta. Teníamos que ponerte en este camino, al menos inténtalo. Entonces tú decidirás.

 

¿Por qué? Porque es un camino que nos ha dado mucho. Sólo el ejemplo y la vida vivida comunican Amor y estamos aquí precisamente por eso. Nos conocimos gracias a este Amor, nos enamoramos y amamos gracias a este Amor y, si Dios quiere, nos amaremos para siempre gracias a este Amor. Has visto cómo se hace, de dónde viene y hacia dónde va, y podrás verlo cada día en nuestros ojos, en nuestros gestos, en nuestras palabras. Eres el primer fruto de este Amor, tú y nuestra felicidad.

 

No pudimos evitar poneros en este camino que insinuará la espléndida duda de querer una vida plena, de buscar la sal y la semilla, de querer llegar a la sustancia de las personas, del tiempo, de las elecciones. No pudimos evitar dejarte conocer a un maestro cautivador como Jesús, noble con los pobres, manso con los arrogantes, concreto y despreocupado al mismo tiempo, siempre en movimiento y siempre (o casi) en paz.

 

No pudimos evitar hacerte encontrar a un Dios que es Amor, que está aquí y ahora, en la concreción de nuestra relación, no en la racionalidad sino en la vida vivida entre hermanos, en el caminar y ensuciarnos las manos juntos para construir un mundo cada vez mejor. Tomar la belleza de todo, de cada instante, persona, circunstancia…

 

No pudimos evitar intentar hacer brillar tus ojos por un abrazo de hermandad recibido, por dos manos que se estrechan, por un agradecimiento, por un perdón, porque en este camino quizás habrás aprendido o aprenderás que en la vida hay belleza, que no se pisotea la belleza, que las cosas simples son las más bellas, que el valor no es intrínseco sino que eres tú quien se lo da a las cosas y a las personas con tu humanidad y descubriendo su humanidad. No pudimos evitar intentar demostrarte que la vida es un regalo para maravillarte, un regalo de cada día en todos sus matices por el que estar siempre agradecido. No pudimos.

 

¿Compartirás? ¿No compartirás? Lo hicimos con Amor, dispuestos a brindarte cada día nuestro ejemplo y nuestro cariño. Ésta es nuestra fe y nuestro mayor regalo para ti, que eres y serás siempre nuestra alegría y el fruto más precioso y profundo de nuestro Amor.

 

Siempre tuyo, tus padres.

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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