martes, 21 de enero de 2025

Espíritu Santo.

Espíritu Santo 

Cuando vendrá el Espíritu Santo, os guiará a toda la verdad. Es la humildad de Jesús, que no pretende de haber dicho todo, de tener la última palabra sobre todo, sino que habla de nuestra historia con Dios con verbos puestos en tiempo de futuro: vendrá, anunciará, guiará, hablará. 

¡Un sentido de vitalidad, de energía, de espacios abiertos! El Espíritu Santo es como una corriente que lleva la historia hacia el futuro, que abre caminos, que hace avanzar. Orar al Espíritu Santo es como asomarse al balcón del futuro. Que es la tierra fértil y no cultivada de la esperanza. 

El Espíritu Santo provoca como un cortocircuito en la historia y en el tiempo: nos lleva al corazón, enciende en nosotros un pedernal que desprende chispas, la belleza del entonces de los gestos y de las palaras de Jesús a lo largo y ancho de los tres años de su ministerio público. Y enamorados de la belleza espiritual nos convertimos en “verdaderos buscadores de Dios” que, tropezando con una estrella y aventurándose por nuevos caminos, se pierden en el polvo mágico del desierto. 

Somos como peregrinos tantas veces sin rumbi, pero tenazmente en camino, o también en medio de un mar tranquilo sobre una cáscara de nuez y donde todo es más grande que nosotros. En ese momento es necesario saber sobre todo hacer izar una vela en el vacío del mar. 

Una vela, y el mar cambia, dejando de ser un vacío en el que perderse o hundirse; es suficiente con que surja una vela y que se deje empujar por el soplo vigoroso del Espíritu Santo (nosotros la vela, Dios el viento) para iniciar una aventura apasionante, olvidando el vacío, siguiente una ruta. ¿Qué es el Espíritu Santo? Es Dios en libertad. Es Dios que inventa, abre, sacude, hace cosas no esperadas. Es Dios que da a María un hijo fuera de la ley, y a Isabel un hijo profeta, y que realiza en nosotros de manera incansable la misma obra de entonces: nos hace vientres del Verbo que dan carne, sangre e historia a la Palabra. 

Dios es libertad, un viento nómada, que lleva el polen allá donde quiere, que lleva primaveras y disipa las brumas, y que nos hace viento en su Viento. Dios es libertad que no soporta pronósticos ni estadísticas. 

Los estudiosos buscan patrones y esquemas constantes. Ellos dicen: en la Biblia Dios actúa así. No les creamos. En la vida y en la Biblia, Dios no sigue nunca los esquemas y patrones. Tenemos necesidad del Espíritu Santo. Nuestro mundo cansado y dolorido tiene necesidad del Espíritu Santo. También esta Iglesia a la que le cuesta tanto atreverse a soñar con imaginación y creatividad. 

El Espíritu Santo con sus dones da a cada cristiano una genialidad propia. Y la humanidad necesita realmente de discípulos cristianos geniales. Necesitamos que cada uno de nosotros crea realmente en su propio don, en su propia especificidad y unicidad, y de esta manera pueda afrontar la vida con inventiva, con coraje, con creatividad, que son dones del Espíritu Santo. Entonces no faltará nunca el viento a nuestro velero o a aquella pequeña vela que tiembla erguida sobre el vacío del mar. 

¡Ven, Espíritu Santo! Ayúdanos a imaginar. Porque imaginar es el líquido amniótico en el que nace el milagro de la novedad de la vida. Porque imaginar no es en absoluto ir a la deriva o navegar a la vista entre los continentes del sueño y de la invención, sino la capacidad de acoger a Dios y, en Él, el mundo y la historia, es decir, la capacidad de existir. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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