martes, 7 de enero de 2025

La Navidad o tenéis que nacer de nuevo.

La Navidad o tenéis que nacer de nuevo 

Levántate y camina” es una expresión que se repite muchas veces en el Evangelio: condensa en sí misma el significado auténtico de la Navidad, que es renacer a una vida nueva, y capta una necesidad profunda de nuestra alma. 

Toda nuestra vida está llena de fracasos y fracasos: una enfermedad, la pérdida de un ser querido, una separación, una decepción en una amistad, un fracaso profesional, una mudanza no deseada, un proyecto personal o una esperanza colectiva que ha fracasado…

Sin embargo, en nuestro interior siempre sentimos una fuerza mayor, que nos empuja a levantarnos y empezar a caminar de nuevo. 

¿Quién no siente, cada vez, la necesidad de empezar de nuevo y empezar de nuevo, es decir, la necesidad de un renacimiento, tanto personal como colectivo? 

Nacer no es suficiente. Es para renacer para lo que nacimos” (Pablo Neruda). 

Abrimos las páginas del Evangelio y descubrimos que toda la vida y el mensaje de Jesús encierran un entramado continuo de reinicios: la palabra: "levántate" aparece veinte veces (del paralítico a la hija de Jairo, del hijo de la viuda de Naín a Lázaro, etc.). Después de la enfermedad, la culpa, el fracaso, la muerte, nadie está perdido para siempre. 

Donde el hombre dice: 'perdido', Dios dice: 'encontrado'. Donde el hombre dice: 'concluido', Dios dice: 'nuevo comienzo'. Donde el hombre dice: muerto, Dios dice: vuelto a la vida” (Dietrich Bonhoeffer). El secreto escondido que revela el Evangelio es que hay un movimiento de amor, dentro de la vida, que nunca la deja detenerse y que la vuelve a poner en movimiento después de cada muerte y la relanza después de cada revés. 

El ser humano se levanta, comienza de nuevo, retoma su camino, porque se siente atraído por la plena realización de su vida y de su historia personal, compuesta de relaciones y afectos. 

La Navidad nos dice que "el Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros": Dios nace como hombre, para que el hombre nazca como hijo de Dios y se abra a una nueva existencia

La voluntad de Dios coincide con la mayor aspiración del hombre: una vida feliz y una vida totalmente plena. El resorte que brota en nuestro interior, para volver a empezar, proviene de esta necesidad de vida plena, que tenemos en nuestro ADN. 

En la conversación con Nicodemo, Jesús explica cómo realizar este nuevo nacimiento: el hombre sólo puede renacer "de arriba", si se abre a la acción del Espíritu y se deja atraer por el amor del Padre. Si la religión es el esfuerzo del hombre por llegar a Dios y obedecer sus leyes, la fe, en cambio, es responder al amor de Dios por el hombre. 

Yo soy la vid, vosotros sois los sarmientos”: es decir, un mismo tronco, una misma vida, una sola raíz, una sola savia. 

Permaneced en mí y yo en vosotros”: Dios busca la comunión con el ser humano; ésta es la impactante revelación del Evangelio. En este mundo, tantas veces secularizado e indiferente a las cuestiones del sentido de la vida y de la muerte, y donde el debate sobre la fe se vuelve cada vez más irrelevante, los cristianos podemos dar una razón de la esperanza que hay en nosotros, ofreciendo simplemente nuestro testimonio: cuánto hoy nunca es necesario, frente a los riesgos crecientes de deshumanización del ser humano. 

La Palabra del Evangelio saca a la luz un deseo que los seres humanos llevamos dentro, porque se corresponde y coincide con lo que sentimos, en lo más profundo de nosotros mismos

Cuántas veces, escuchando el Evangelio, hemos escuchado esas mismas palabras que nos hubiera gustado escuchar: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" - "Ya no os llamo siervos sino que os llamo amigos" - “Quiero que vuestro gozo sea pleno” – “Quiero que tengáis vida y la tengáis en abundancia” – “Amaos unos a otros como yo os he amado” – y otros innumerables pasajes. 

Además, la Palabra de Dios nos da ese soplo de aire en las velas para iniciar una nueva travesía; nos da aquella pasarela para cruzar los barrancos que encontramos en el camino de la existencia; nos ofrece una mirada alternativa a la realidad; nos regala ir más allá del patio de nuestras necesidades; nos hace ver la inmensa pradera de las necesidades y sufrimientos ajenos; nos ayuda a comprender que el culto al tener y poseer erosiona los cimientos de la sociedad y de la fraternidad humana; nos muestra que el valor de una persona va más allá de la función o rol que ocupa; nos enseña a comprender que toda diversidad es preciosa, porque nos hace más tolerantes y humanos; nos enseña a experimentar que la felicidad no está en lo que otros pueden hacer por nosotros sino en lo que nosotros podemos hacer por los demás; nos revela que la imperfección y la fragilidad pueden ser oportunidades para crear otras cualidades de vida; nos muestra que incluso la vejez es una gran oportunidad y riqueza; nos hace comprender que cada uno de nosotros es un hilo, que somos parte de un solo gran tapiz y, si se rompe un hilo, todo el tapiz queda desfigurado o roto. 

Y nos hace comprender que la Navidad es empezar de nuevo y emprender el camino hacia un nuevo nacimiento. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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