viernes, 5 de septiembre de 2025

El sueño de José, un gesto de amor - Mateo 1, 18-24 -.

El sueño de José, un gesto de amor - Mateo 1, 18-24 -

Según el Evangelio de Lucas, la Anunciación se le hace a María, según Mateo, el ángel le habla a José. ¿Quién tiene razón?

 

Superponemos los dos Evangelios y descubrimos que el anuncio se hace a la pareja, al esposo y a la esposa juntos, al justo y a la virgen enamorados. Dios no le quita espacio a la familia, sino que la involucra por completo; no daña la armonía, sino que busca un sí plural, que se vuelve creativo porque es la suma de dos corazones, de muchos sueños y mucha fe.

 

Dios obra en nuestras relaciones, habla dentro de las familias, dentro de nuestros hogares, en el diálogo, en el drama, en la crisis, en las dudas, en los impulsos, en los oasis de verdad y amor que alejan el corazón del desierto.

 

María se encontró embarazada, dice Mateo. Sorpresa absoluta de la criatura que llega a concebir lo inconcebible, a su propio Creador. Algo que, sin embargo, desgarra el corazón de José: sin querer acusarla públicamente, pensó en repudiarla en secreto.

 

Pero no está satisfecho con la decisión tomada, porque está enamorado de María y sigue pensando en ella, presente incluso en sus sueños.

 

José, el hombre de los sueños, nunca habla, pero sabe escuchar su interior, los sueños que lo habitan: es más, el hombre justo tiene los mismos sueños que Dios.

 

No temas tomar contigo a María, tu esposa. No temas, no tengas miedo, son las primeras palabras con las que Dios inicia el diálogo con los hombres en la Biblia: el miedo es lo contrario de la fe, de la paternidad, del futuro, de la libertad. Porque Dios no da miedo; si tienes miedo, no es de Dios.

 

José toma consigo a la madre y al niño, prefiere el amor por María y por Dios a su propio amor. Su grandeza es amar a alguien más que a sí mismo, la primacía del amor.

 

Por amor a María, hace espacio en su corazón y acoge a ese niño que no es suyo. Y se convierte en verdadero padre de Jesús, aunque no sea su progenitor. Engendrar un hijo es fácil, pero ser su padre y su madre, amarlo, hacerlo crecer, hacerlo feliz, enseñarle el oficio de hombre, es otra aventura. Se llega a ser padres y madres a lo largo de toda la vida.

 

La anunciación tiene lugar en los hogares. Dios prefiere el hogar al Templo, porque allí se libra la buena batalla de la vida.

 

Cada día de vida ofrecido es una anunciación cotidiana. Cada hijo que nace nos mira con una mirada en la que nos espera toda la eternidad.

 

Dios nos bendice poniendo a nuestro lado personas como ángeles, anunciadores del infinito, y a veces, para los más fuertes entre nosotros, poniendo a nuestro lado personas que nos necesitan, que nos necesitan enormemente.

 

Y así es como no nos deja vivir sin misterio.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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