viernes, 5 de septiembre de 2025

Este mundo lleva otro en su seno - Lucas 1, 26-38 -.

Este mundo lleva otro en su seno - Lucas 1, 26-38 -

Comienzo del Evangelio de Jesús. Parece casi una nota práctica, un simple título externo al relato. Pero leamos mejor: comienzo del Evangelio, de una noticia hermosa, alegre, gozosa. Lo que nos hace comenzar y volver a vivir y a proyectar es siempre una buena noticia, un presagio de alegría, una esperanza vislumbrada.

 

Comienzo del Evangelio que es Jesús. La Buena Noticia es una persona, un Dios que florece en nuestra tierra.

 

Pero a lo largo de nuestros días también florecen otros evangelios, aunque sean pequeños; otras buenas noticias hacen que la vida vuelva a empezar: la bondad de las criaturas, quienes viven a mi lado, los sueños compartidos, la belleza sembrada en el mundo, «la ternura que encuentra misterios donde otros ven problema. Y si ha ocurrido algo malo o doloroso, la buena noticia es el perdón, que borra las sombras de los rincones oscuros del corazón.

 

Viene después de mí uno más fuerte que yo. Jesús es fuerte, no porque sea «omnipotente», sino porque es «omniamoroso»; fuerte hasta el punto de dar su vida; más fuerte porque es el único que habla al corazón.

 

Y llama a todos a ser «más fuertes», como lo son los profetas, a ser una voz que clama, a ser personas que expresan con pasión su doble pasión por Cristo y por el hombre, de manera inseparable. La pasión fortalece la vida.

 

Juan no dice: vendrá un día, o está a punto de venir, y eso ya sería algo grande. Sino  que, sencillo, directo y seguro, dice: viene el día. Día tras día, continuamente, incluso ahora, Dios viene. Aunque no lo veas y no te des cuenta de él, Dios está en camino. El infinito está en la esquina de cada calle.

 

Hay quienes saben ver los cielos reflejados en una gota de rocío, Juan sabe ver el camino de Dios, pastor de constelaciones, en el polvo de nuestras calles.

 

Y nos sacude, nos abre los ojos, nos insinúa la sospecha de que algo decisivo está sucediendo, algo vital, y corremos el riesgo de perderlo: Dios que se encarna, que incansablemente se convierte en levadura, sal y luz de nuestra tierra.

 

El Evangelio nos enseña a leer la historia como seno del futuro, a no detenernos en el hoy: este mundo lleva otro mundo en su seno.

 

La presencia del Señor no se ha disuelto. Al contrario, el mundo está más cerca de Dios hoy que ayer. Lo atestiguan mil señales: la creciente conciencia de los derechos humanos, el movimiento trascendental de lo femenino, el respeto y el cuidado de los discapacitados, el amor por la madre tierra...

 

La Buena Noticia es que nuestra historia está llena de un futuro bueno para el mundo, llena de luz, y Dios está cada vez más cerca, tan cerca como la respiración, tan cerca como el corazón. Tú estás aquí, y yo acaricio la vida porque huele a Ti.


 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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