El caso de las monjas de Belorado - ¿Cuánto hay de verdad en la Ley de Murphy? -
«Si un dispositivo mecánico se rompe, lo hará en el peor momento posible». «El que ronca se duerme primero». «Siempre encontrarás algo en el último lugar donde lo buscas». «Todo lleva más tiempo de lo que crees».
¿Verdad científica? Casi… La ley de Murphy. En otras palabras, una consideración irónica con la que se intenta predecir los peores escenarios de la vida cotidiana.
Al menos una vez nos habrá pasado oír hablar de ella en una película, en un bar, en la radio, o quizá incluso la hayamos experimentado en carne propia, ya que «si hay una posibilidad de que varias cosas salgan mal, la que cause el mayor daño será la primera en hacerlo».
Pero ¿de dónde viene esta misteriosa Ley de Murphy, a
medio camino entre la predicción estadística y la sagaz invención irónica?
Para descubrirlo, debemos retroceder unos decenios y trasladarnos a los Estados Unidos de América en la posguerra, más concretamente a 1949. En ese año, de hecho, el ingeniero aeronáutico Edward Aloysius Murphy estaba comprobando la eficacia de algunos experimentos en el cuerpo humano cuando se dio cuenta de que los técnicos con los que trabajaba, al tener que elegir entre dos formas de acoplar los sensores a un soporte, siempre optaban instintivamente por la incorrecta.
«Si hay dos o más formas de hacer algo, y una de ellas puede conducir a una catástrofe, entonces alguien lo hará de esa manera», teorizó nuestro hombre, dando vida a la primera ley de Murphy de la historia, presente hoy en día incluso en el Standard College Dictionary de Funk and Wagnalls, seguida de la definición «El principio de que cualquier cosa que pueda salir mal, saldrá mal».
La llamada «Teoría de Murphy», de hecho, inauguró una larga y afortunada temporada de aforismos en la misma línea, que aún hoy no dejan de multiplicarse como la pólvora por todo el mundo.
Sin embargo, quien la hizo tan viral no fue el propio ingeniero, sino un humorista estadounidense, llamado Arthur Bloch, que en 1977 recopiló por primera vez el conjunto de leyes y observaciones de las que la Ley de Murphy es considerada la precursora.
El libro, una recopilación que es un inventario del pesimismo existencial, pero que al mismo tiempo ofrece la risa como el antídoto más antiguo y seguro contra el mal humor, nos fue traído con un libro bajo el título “Ley de Murphy y otras razones porque las cosas salen mal”.
En realidad, las razones son múltiples, y también lo son las cosas que podrían salir mal en algún momento; por otra parte, «si se prevén cuatro formas posibles en las que algo puede salir mal y se previenen, inmediatamente aparecerá una quinta».
Por eso, al éxito inmediato de la primera publicación
sobre el tema le siguieron muchas otras repletas de nuevas ideas, como «Cualquier
cosa que vaya mal, probablemente parecerá que va muy bien» (Ley de
Scott), como «Cuando sales tarde del trabajo, nadie se da cuenta. Cuando
te vas temprano, te encuentras con el jefe en el aparcamiento» (Ley de
Lampner) o «Si estás de buen humor, no te preocupes: se te pasará»
(postulado de Boling).
Las noticias de las monjas de Belorado se suceden en los
medios de comunicación… Y uno recuerda aquello de que «Nada va tan mal que no
pueda ir peor».
La existencia de un amplio y desarrollado corpus de teorías sobre el cosmos y la existencia humana, denominado Murfología, se ha ido revelando a partir de la publicación del primer volumen. Desde entonces, se han formado en toda la península, como en el resto de las latitudes geográficas, nuevos círculos filosóficos, nuevas escuelas de pensamiento e incluso nuevas sectas religiosas, todas en nombre de Murphy y su profeta, Arthur Bloch.
Todo ello, por supuesto, siguiendo el tono paradójico y pseudocientífico para realzar los rasgos caricaturescos que ya habían conquistado al público y la habían convertido en un auténtico éxito editorial.
No en vano, las frases didácticas típicas de cada Ley de Murphy se han ido convirtiendo en un hito de la sabiduría popular, hasta el punto de que ya habían dado lugar a una adaptación cinematográfica estadounidense en 1986: La ley de Murphy - en inglés Murphy’s Law -, precisamente, película de acción y thriller dirigida por J. Lee Thompson y protagonizada por Charles Bronson y Carrie Snodgress.
La crítica no se mostró unánimemente entusiasmada, y la trama no puede decirse que esté en línea con las obras de las que hemos hablado anteriormente, aunque demuestra la difusión mediática de esta ley, explotada en el título de una película con la probable intención de conseguir un efecto arrastre.
Una operación similar, aunque más reciente y relacionada con el mundo de los dibujos animados, llegó también de Estados Unidos en 2016, cuando la Disney Television Animation emitió La ley de Milo Murphy - en inglés, Milo Murphy’s Law -, una serie animada creada por Dan Povenmire y Jeff «Swampy» Marsh, y cuyo protagonista es un joven y simpático descendiente del «Murphy Original» (o, al menos, eso se cree al principio...).
«Si se dejan solas, las cosas tienden a ir de mal en peor», quinta ley de Murphy. «Por muy oculto que esté un defecto, la naturaleza siempre lo descubrirá», ley número 10. «Cuando se encuentra y se corrige un error, se ve que antes estaba mejor», segunda ley de Scott.
Limitándome solo a las citadas, surge ahora la pregunta: ¿se trata solo de supersticiones y chistes, o estamos ante sentencias con algún fondo de verdad? La duda es legítima si, con mayor razón, tenemos en cuenta el éxito de estos lemas, que siguen siendo retomados por influencers y cantantes de las formas más dispares.
Pues bien, para decirlo una vez más con Murphy, «nada es tan fácil como parece», ni siquiera dar una respuesta exhaustiva a una pregunta como esta.
Su primera ley, de la que se derivan las más hilarantes y abstrusas, es, de hecho, la reelaboración simplificada de una noción estadístico-matemática según la cual, al tender a infinito la repetición de una circunstancia dada, es plausible que se verifique incluso la variante más improbable.
En 2004, el psicólogo David Lewis, el economista Keylan Leyser y el matemático Philip Obadya transformaron esta afirmación en una auténtica fórmula, en la que se aplican los principios de la ley de Murphy teniendo en cuenta los cinco principios de urgencia (U), complejidad (C), importancia (I), habilidad (H) y frecuencia (F) para un evento.
Las leyes posteriores, sin embargo, se basan en la idea de que la peor de las hipótesis posibles se produce ya en el primer intento, y con una probabilidad estadística muy alta.
Al distorsionar la frecuencia real de un hecho, las sentencias se han convertido en una versión burlona de la realidad física en la que vivimos… pero su fundamento no está muy lejos de alcanzar el 100 %... por ejemplo y a partir de lo que se va conociendo en el caso de las exmonjas de Belorado…
Aunque se mueve en la delgada línea entre el sarcasmo y la verdad, la Ley de Murphy sigue siendo un culto imperecedero y la chispa que ha dado lugar a una serie de libros de gran repercusión, por lo que, en mi opinión, sería prudente tener en cuenta algunas máximas… visto lo visto hasta ahora en el caso Belorado… y hasta sospechando lo que puede estar por venir…
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF




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