domingo, 11 de enero de 2026

Una teología transgresora.

Una teología transgresora 

La teología transgresora representa una de las fronteras más provocadoras del pensamiento religioso, por supuesto cristiano, contemporáneo. No se limita a estudiar lo divino, sino que desafía activamente los límites dogmáticos, sociales y morales que las instituciones religiosas han construido a lo largo de los siglos. 

La teología transgresora no es una doctrina única, sino un enfoque metodológico. Parte de la premisa de que lo sagrado suele estar encerrado en estructuras de poder que excluyen el desorden. 

Transgredir, en este contexto, significa traspasar la frontera para encontrar el Misterio donde la religión oficial dice que no debería estar: entre los marginados, en el cuerpo, en el deseo y en el desorden. 

Sus raíces se hunden en aquellas otras orillas más allá de la tierra prometida que ve en la superación del límite un momento de revelación. Si la teología clásica ha sido a menudo escrita por los vencedores, la teología transgresora desplaza el centro de gravedad hacia las periferias existenciales o los márgenes de los caminos. 

El Misterio no solo está en el Templo, sino que está presente en el grito de quienes rompen el statu quo. 

Esta teología surge a menudo en contextos de marginalidad, donde las voces excluidas de las narrativas oficiales encuentran espacio para expresarse. 

Se trata de una reflexión que abarca las diversidades de género, orientación sexual, etnia y estatus social, y que se pregunta cómo el mensaje cristiano puede ser auténticamente universal. 

El riesgo de replantearse la fe abre nuevas vías de comprensión y cuestionan las estructuras de poder consolidadas dentro de las confesiones religiosas y la sociedad. 

Este riesgo propone una lectura inclusiva de las Escrituras, valorando las experiencias de quienes históricamente han estado marginados. 

Su contribución es subrayar que lo sagrado nunca es estático, sino que se regenera en el diálogo y en la acogida de las diferencias. 

Muchas religiones han reprimido históricamente el cuerpo. La teología transgresora recupera la santidad del deseo, viendo en la intimidad y la vulnerabilidad física una metáfora de la relación entre lo humano y lo divino. 

La teología transgresora utiliza la duda no como un fin en sí mismo, sino como un instrumento para liberar la experiencia religiosa de las superestructuras ideológicas y, en tantas ocasiones, patriarcales. 

¿Por qué es necesaria la transgresión? 

Porque una religión que no acepta ser cuestionada se convierte en un ídolo. La transgresión sirve para romper las imágenes tranquilizadoras del Misterio para buscar su esencia más allá de las palabras y desafiar las costumbres y tradiciones en nombre de una ley superior y, por lo tanto, principal de amor. 

Obviamente, esta teología suscita fuertes críticas. Las instituciones religiosas suelen acusar a la teología transgresora de relativismo o de perder el sentido de lo sagrado. 

Pero, por ejemplo, los teólogos cristianos transgresores pueden replicar que el Jesús histórico fue, a su vez, un transgresor: comió con los pecadores, violó el sábado y desafió a las autoridades religiosas de su tiempo para volver a centrar la atención en el ser humano. 

La teología transgresora no busca destruir la fe, sino darle vida. Nos recuerda que el Misterio no puede quedar preso en definiciones finitas. Es una invitación a buscar lo sagrado no solo en la norma, sino también en la excepción, en lo diferente y en lo imprevisto. 

La transgresión no es un fin en sí misma, sino que está orientada a una mayor justicia, inclusión y verdad: no se trata de demoler para destruir, sino de construir relaciones más libres y auténticas. 

La teología transgresora no propone un nuevo dogma, sino un nuevo punto de vista: mirar el Misterio desde los márgenes, desde los desechos, desde las experiencias que no encajan en las categorías oficiales. 

Transgredir se convierte entonces en un acto espiritual: cruzar fronteras para encontrar el Misterio donde no se esperaba encontrarlo. 

Para algunas comunidades creyentes, este camino puede parecer peligroso; para otras, es la única manera de permanecer fieles al Evangelio en un mundo marcado por nuevas conciencias y narrativas alternativas sobre el cuerpo, el poder, el género, la ecología, la historia… 

En cualquier caso, la teología transgresora obliga a la fe a enfrentarse a las preguntas del presente, sin refugiarse en respuestas prefabricadas, lo que la convierte en uno de los ámbitos más vivos y provocadores del pensamiento teológico contemporáneo. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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