A los ojos de Dios no se puede llamar profano o impuro a ningún ser humano
Se trata todavía de una norma aprobada «experimentalmente» durante tres años, pero mientras tanto el Vaticano ha dado luz verde y supone un importante paso adelante, que confirma la apertura ya filtrada el año pasado por la Conferencia Episcopal Italiana presidida por el cardenal Matteo Zuppi: los seminarios italianos admitirán candidatos homosexuales al presbiterado, siempre que -como se exige también a los candidatos heterosexuales- garanticen el compromiso de «elegir libremente y vivir responsablemente la castidad en el celibato».
Al menos en teoría, esto había estado hasta ahora en duda y había sido objeto de interpretaciones. Tanto más por aquella frase, «ya hay demasiado mariconeo en los seminarios», que se le escapó al Papa Francisco el 20 de mayo de 2024, en una conversación a puerta cerrada al inicio de la asamblea del episcopado italiano.
Se desató una polémica mundial y el Papa Francisco, quizá ignorante del significado vulgar del término en italiano, se disculpó a través de un comunicado de la Santa Sede: «El Papa nunca tuvo la intención de ofender o expresarse en términos homófobos, y dirige sus disculpas a quienes se sintieron ofendidos por el uso de un término, referido por otros».
Ya entonces, además, los obispos italianos explicaron que estaba claro, más allá de la pintoresca expresión, que el Papa Francisco no pretendía referirse a los homosexuales como tales, sino a quienes, en los seminarios, no mantienen la opción de la castidad.
La línea, hasta ahora, ha sido siempre la trazada en 2005 por una Instrucción» de la Congregación para la Educación Católica «relativa a los criterios de discernimiento vocacional respecto a las personas con tendencias homosexuales con vistas a su admisión al Seminario y a las Sagradas Órdenes». El texto decía que no podían ser admitidos «quienes practiquen la homosexualidad, presenten tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyen la llamada cultura gay».
La complejidad era establecer qué se entendía por tendencias «profundamente arraigadas». Durante una asamblea celebrada en Asís en noviembre de 2023, la Conferencia Episcopal Italiana había aprobado un texto para regular la admisión en los seminarios, la 'Ratio formationis sacerdotalis', que estaba a la espera del visto bueno de la Santa Sede: es el nuevo reglamento aprobado a finales del año pasado por el Dicasterio para el Clero que ahora publica la Conferencia Episcopal Italiana.
Entre otros criterios, los obispos italianos habían aprobado por mayoría una enmienda que distinguía básicamente entre la simple orientación homosexual y las «tendencias profundamente arraigadas». El tema en cuestión, en definitiva, parece que no es la tendencia sino la práctica, los 'actos'.
El Papa Francisco, hablando de los candidatos al sacerdocio, ya había hablado de esto en 2018: 'El de la homosexualidad es un asunto muy serio, que necesita ser discernido adecuadamente desde el principio con los candidatos, si es el caso. Hay que discernir'.
«El objetivo de la formación del candidato al sacerdocio –dice la Conferencia Episcopal Italiana- en el ámbito afectivo-sexual es la capacidad de acoger como un don, elegir libremente y vivir responsablemente la castidad en el celibato». De esa manera se reitera que la Iglesia, «respetando profundamente a las personas en cuestión», no puede admitir en el Seminario y en las Órdenes Sagradas «a quienes practican la homosexualidad». Y se entiende, pues, que incluso una persona homosexual, como un heterosexual, puede ser admitido si demuestra que ha hecho «una opción seria» de castidad. Por el momento para la Iglesia el celibato es una norma ‘erga omnes’.
Y
al hilo de este tema quisiera finalizar con una reflexión del Papa Francisco en
el Ángelus del 30 de junio de 2024 comentando el relato evangélico de la
curación de la hija pequeña de Jairo y de la mujer hemorroísa –dos mujeres sin nombre- (Mc 5, 21-43): “Y entonces podemos preguntarnos: ¿Nosotros creemos que Dios
es así? ¿Nos dejamos tocar por el Señor, por su Palabra, por su amor? ¿Entramos
en relación con los hermanos ofreciéndoles una mano para levantarse o nos
mantenemos a distancia y etiquetamos a las personas en base a nuestros gustos y
a nuestras preferencias? Nosotros etiquetamos a las personas. Os hago una
pregunta: Dios, el Señor Jesús, ¿etiqueta a las personas? Que cada uno
responda. ¿Dios etiqueta a las personas? Y yo, ¿vivo constantemente etiquetando
a las personas? Hermanos y hermanas, miremos al corazón de Dios, para que la
Iglesia y la sociedad no excluyan, no excluyan a nadie, para que no traten a
nadie como “impuro”, para que cada uno, con su propia historia, sea acogido y
amado sin etiquetas, sin prejuicios, para que sea amado sin adjetivos”.
Porque… a los ojos de Dios no se puede llamar profano o impuro a ningún ser humano.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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