martes, 21 de enero de 2025

Dejarse educar por la ternura de Dios.

Dejarse educar por la ternura de Dios 

Por supuesto, elegir es sólo el primer paso: si elijo ir a la cima de una montaña, he elegido ir allí, pero todavía no estoy allí. Mientras tanto, he elegido ir allí: ya es un primer paso, sin el cual nunca caminaré hasta esa cima. Luego debo aprender el camino, debo equiparme para recorrerlo y, sobre todo, debo aceptar la fatiga del viaje. Los que van a la montaña saben lo fatigoso que es el ascenso, pero si quiero llegar a esa cumbre, debo aceptar la fatiga, de lo contrario nunca llegaré. 

También la ternura supone una elección, supone conocer el camino, supone un viaje, un esfuerzo por la cumbre. La ternura como cumbre, como punto hacia el que mirar. Por supuesto, para seguir este camino, que no puedo desarrollar ahora del todo, hay un punto fundamental, o más bien dos. 

Primero, mirar a Dios y, muy en particular, al Dios de los Evangelios y del Reino. Dios es la fuente de la ternura. Todos estamos llamados a ir a la escuela de la ternura: los padres, los esposos, las personas, los separados, los homosexuales... ¿Qué significa ir a la escuela de la ternura, si no es alimentarse de la fuente de la ternura infinita? Dios es ternura infinita. Mirar a Dios como la ternura infinita, que quiere cambiar nuestro corazón, hacerlo pasar de un corazón de piedra a un corazón de carne, hacer triunfar la mejor parte de nosotros, la parte dulce. Cuando discutimos tantas veces "disparamos" al otro: en ese momento sale la peor parte. En cambio, debemos dejar que triunfe la mejor parte de nosotros, que es la parte dulce, es decir, la parte buena, la más noble, la más alta, la parte de la dulzura, de la ternura. Y Dios puede educarnos en esto. 

El don del Espíritu Santo nos educa en la ternura. 

Hay una ayuda que el Señor nos ha dado para crecer en ternura: es el don del Espíritu Santo. ¿Cuál es el gran regalo que el Señor nos hace? El gran regalo del Señor es el don del Espíritu Santo. Dios da su ‘Espíritu’ a sus hijos que claman ‘Padre’. ¿Quién es el Espíritu Santo en el seno de la Trinidad? Es el aliento amoroso del Padre y del Hijo. San Agustín describió la Trinidad en estos tres hermosos términos: el Padre es el Eterno Amante; el Hijo es el Eterno Amado; el Espíritu Santo es el Eterno Amor, el eterno enamoramiento del Padre y del Hijo. Así, el Espíritu Santo, en el seno de la Trinidad, es la Amabilidad del Padre y del Hijo. ¿Queremos educarnos en la ternura? ¿Queremos cambiar nuestro corazón y aprender a amar con los mismos afectos y sentimientos de Cristo? Debemos dejarnos transformar por el don del Espíritu Santo. Por desgracia, el Espíritu Santo sigue siendo el gran desconocido: no lo invocamos. Invocamos al Padre, a Jesús, pero muy poco al Espíritu Santo. 

En cambio, el Espíritu Santo es quien puede cambiar nuestras vidas. Él es quien "hace nuevas todas las cosas". Porque el Espíritu Santo viene a cambiar nuestros corazones. Claro que si estamos dispuestos, no de manera milagrosa. Si me resisto, si no elijo la ternura, … El Espíritu Santo trabaja sobre lo que encuentra pedro es el Espíritu el que puede cambiarnos. San Agustín decía que el Espíritu Santo es el "Maestro interior", Él es el que nos guía. El Maestro interior es el Espíritu Santo. También para los que están solos. Incluso en el arte de la vida, que es el arte más complejo y difícil, ¿quién es el que nos guía? Es el Espíritu Santo quien nos ayuda a discernir lo que es bueno y lo que hay que hacer. 

Nos es necesario elegir la ternura, alimentarse de la fuente de la ternura que es Dios, acoger el don del Espíritu para aprender a vivir la ternura y ser felices. Que el Espíritu Santo, llenando nuestros corazones, nos ayude a vivir la ternura, a ser ternura, a amarnos con ternura. ¡Este es el gran desafío! Pensemos que un autor del siglo III, que escribió un opúsculo titulado "Odas de Salomón", pedía este deseo: "Amaos con ternura vosotros que os amáis". Tantas veces pienso en ello también cuando veo la imagen del Buen Pastor de la cruz pectoral de nuestro Papa Francisco. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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