sábado, 11 de enero de 2025

El mal es una zona de confort.

El mal es una zona de confort 

O de los beneficios secundarios de no cambiar. 

¿Por qué preferimos el mal que conocemos al posible bien? ¿Qué nos bloquea en los procesos de cambio o en emprender uno? ¿Cuáles son las ventajas secundarias de no cambiar y permanecer en un estado de inquietud? 

Siempre hay un beneficio secundario a nuestros comportamientos o pensamientos disfuncionales. 

En la Lección 23 de su 'Introducción al Psicoanálisis', Sigmund Freud habla de las ventajas secundarias del síntoma. Reprimir un sentimiento de malestar requiere la satisfacción de una necesidad mayoritariamente inconsciente: recibir algo a cambio. A veces se trata de ventajas ocultas y sutiles, pero satisfactorias, incluso si hacen que el malestar sea crónico. 

Ventajas secundarias: el cómodo retraimiento en uno mismo, la preocupación de los que nos rodean, el cuidado y la atención de los demás, la excusa para no cumplir con las propias obligaciones, o para el autoboicot, o para no exponerse ante los demás o ante la propia comunidad. 

El poder delegar parte de las propias tareas, el no asumir parte de las responsabilidades, el posponer decisiones o el evitar afrontar situaciones críticas. 

Ventajas secundarias enmascaradas con narrativas como: “Ya no sé qué puedo hacer”, “¡He hecho todo lo que podía!”, “¿Pero qué más puedo hacer para convencer a los demás de esto?”, “¡No pueden entender cuánto esfuerzo le estoy poniendo!”, “¡No puedes tirar al bebé con el agua del baño!”, “¡Ya ves que ya no tengo tiempo ni para comer!”,… 

No tener que avanzar más allá del perímetro conocido y ya nombrado. Tener la certeza de mantener un determinado rol, la certeza de que los modelos comunicativos y relacionales permanecen y que no se requiere de mí ningún nuevo esfuerzo de aprendizaje. No tener que tolerar la ansiedad, el miedo, la frustración, la incertidumbre. Mantener la percepción –ilusión– de control. Ventajas sociales, cognitivas, emocionales. Ventajas secundarias que me hacen aceptar un mal que, aunque me traspasa el pecho, me parece más tolerable o casi reconfortante frente a lo nuevo, a lo aún no explorado. 

El que quiera cambiar, que me siga... sí, claro, pero primero déjame enterrar a mi padre... sí, pero primero déjame ir a despedirme de mis familiares” (Lc 9, 59-61). “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo” (Mc 8, 34-35). “Salvar la vida” (Mc 8, 35)… ventaja secundaria. 

El mal es un estado de zona de confort. Es cómodo persistir, resistir, permanecer. Es cómodo tirarse al suelo, rendirse, subrayar la derrota, la repetición. Aunque estemos cansados, aunque estemos agotados ​​y estresados, es cómodo. Y conviene decirnos a nosotros mismos que ya no podemos más. Conviene decirnos a nosotros mismos que estamos estresados. “En nuestras comunidades hay individualismo, poco cuidado de las relaciones, autorreferencialidad”… síntomas. Es fácil y conveniente decirlo. Es inconveniente ir a las causas, conviene detenerse en los síntomas. La acción terapéutica es conveniente, la acción sistémica es inconveniente. 

Igualmente conveniente es realizar diagnósticos. El diagnóstico del mal es una forma de tranquilidad. “La Iglesia es… según la investigación la fe en España… la personalidad de esta persona…”. Cosificar, procesar lo que nos hace sentir mal como un objeto externo a nosotros, nos da la ventaja de no involucrarnos en ello. Distancia para aliviar la responsabilidad, ansiolítico válido para aliviar la culpa. Beneficios secundarios: poder decir 'tú eres así', 'yo soy así' es cómodo. Escuchar lo ambivalente, lo discontinuo, lo cambiante, resulta incómodo. Mantener la esperanza es incómodo. 

Los suyos hombres salieron a buscarlo” (Mc 3, 21). Salir a buscar. “Quedándose fuera, mandaron llamarle” (Mc 3, 31). Llamar mientras se está afuera. “Se quedan afuera y te buscan” (Mc 3, 32). Buscar mientras está se está afuera. “Está fuera de sí” (Mc 3, 21). “Está poseído por un espíritu inmundo” (Mc 3, 31). Diagnóstico. Él es. 

Dios responde – en la traducción literal: “Seré lo que seré” (Ex 3, 14). ¡Dios, la vida, no puede limitarse, no puede "ser" sólo en el presente! Dios es la consistencia de mi vida pero en constante evolución. La palabra final será la primera del Génesis y del Evangelio de Juan: en el principio. La creación como acto de amor es perpetua. Un principio continuo. La vida en su evolución no tiene dónde descansar. No hay lugar para ella excepto en el amor. El amor no tanto como fundamento, como construcción, sino como fuente. “El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que salte para vida eterna” (Jn 4,14). 

Tomarse un descanso es un inconveniente. Pensar es incómodo porque significa hacer una pausa. Es estar suspendido. Escuchar es incómodo, es un soporte suspendido, inestable y ligero, que no se apropia sino que me expropia. Hacer es cómodo. Suspender, cortar, podar es incómodo. La realidad es incómoda. Amar es incómodo,... 

El mal es cómodo. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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