miércoles, 22 de enero de 2025

Hacia nuevos modos inquisitoriales.

Hacia nuevos modos inquisitoriales 

No pensemos que, cuando hayan sido eliminados los caballos de guerra de la Santa Inquisición, podremos entrar en la Jerusalén celestial montados en el manso asno de la evolución entre las palmeras ondeantes (Hans Urs von Balthasar). 

El mencionado teólogo con el que comienzo esta breve reflexión recordaba que el pasado, a veces, simplemente transforma a los supuestos libertadores de ayer en los verdugos de hoy. 

Si miramos la historia, observando las páginas más oscuras del largo camino de la humanidad, nos damos cuenta que si hace unos siglos la Inquisición estaba dictada por motivos pseudo-religiosos, hoy vuelve a revivir con nuevas formas. Menos sangrientos en los juicios, igualmente despiadados en las condenas. 

Es, por ejemplo, la inquisición digital que hace de la ética su bandera y expone a los investigados a la lapidación social. Es la involución de un modelo cultural que, nacido en nombre de la libertad, acaba esculpiéndola para uso de quienes detentan el poder. Los acontecimientos, incluso algunos muy recientes, no hacen más que confirmar una tendencia que se va consolidando.   

Ya no es un fenómeno que pueda limitarse a la proliferación de internet, de las redes sociales, de las fake news,… 

En realidad, ahora es común que las personas pierdan su trabajo o tengan que desaparecer de la vida pública por sus opiniones o por declaraciones controvertidas hechas quizás años antes: terminan en la picota por un corto tiempo, casi siempre por nada especialmente -mucho menos aun criminalmente- relevante. No basta con respetar la ley: los puristas de la comunicación, de las redes sociales, etc., más cambiantes y peores que el cambio de estaciones, libres por definición de sus propias responsabilidades, pero dispuestos sin embargo a dictar sentencias definitivas contra los demás, siempre están como celosos vigilantes y celosos acusadores día y noche, un día sí y otro también. 

Al fin y al cabo, todo el mundo siempre encontrará un motivo para sentirse ofendido por alguien que, simplemente por ser diferente a él, o pensar diferente, puede causarle daño. Con el resultado de que la nueva religión no promete la liberación del mal, sino nuevas cadenas para hacer al ser humano más inofensivo y dócil: como en el mundo imaginado por Orwell en 1984, la "neolengua" es un instrumento de poder. Y la consecuencia es la asfixia del debate y de la creatividad, la homologación de pensamientos y acciones a un estilo de vida que algunos han señalado como aceptable: lo que es verdad no es verdad, sino lo que se puede hacer parecer verdad. 

Para quienes no se rinden y siguen luchando por un modelo de vida auténtico y genuino, las palabras seculares del escritor Albert Camus nunca han sido más alentadoras que ahora: "Si tuviera que escribir un libro sobre moralidad, me gustaría tener cien páginas. Noventa y nueve de ellos deberían ser blancos. En la última página escribiría: "Sólo conozco una ley, la del amor". 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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