miércoles, 8 de enero de 2025

Jubileo de la Esperanza: una esperanza solícita en un presente incierto.

Jubileo de la Esperanza: una esperanza solícita en un presente incierto 

Me pregunto si, en esta interminable crónica de un tiempo incierto en la que todos nos hemos sumergido, queda algo en lo que creer de verdad que aún no se haya astillado, que haya permanecido entero. Mi pregunta revela un deseo vital de ir más allá, de no quedarme quieto, de encontrar sentido y propósito a las cosas de la vida y del mundo. 

Nuestros años se caracterizan -sobre todo en Occidente- por comunidades humanas cada vez más pesimistas, escépticas y desalentadas, hasta el punto de prefigurar un presentismo incierto y desdichado, incapaz de ir más allá de las noticias de todos y cada uno, del éxito efímero y el olvido generalizado, del cálculo matemático-empresarial y la organización eficaz. De hecho, ha surgido y se ha afirmado una época en la que es difícil encontrar algo en lo que creer de verdad. 

En el tiempo del enrarecimiento o más bien de la desaparición de los grandes relatos de sentido sobre la existencia humana, con el Jubileo Ordinario de 2025 el Papa Francisco propone a los creyentes y a toda la humanidad volver a reflexionar sobre la esperanza. Según los cristianos, la esperanza encuentra su fundamento y su finalidad en Cristo. 

Esperanza significa también volver a poner en el centro las virtudes humanas de la paciencia, la perseverancia y la confianza, destinadas a frenar la prisa, la impaciencia, el nerviosismo, la insatisfacción y la cerrazón que devastan nuestras relaciones personales, sociales e institucionales. Pero esperar, como dijo el Papa Francisco en su homilía de la solemnidad de Navidad, es también recordar que «Dios perdona todo, Dios perdona siempre», es decir, introducir en nuestra existencia individual y de pueblo la dinámica del recomenzar, del cambio, de la conversión de una vida de necrosis a una vida de fecundidad. 

Como no dudó en recordarnos el filósofo Emmanuel Mounier en su pensamiento para los cristianos la esperanza no se sitúa en el ámbito del mundo. Sin embargo, según el pensador francés, si el mensaje de Jesús «no estaba directamente destinado al feliz arreglo de este mundo», ello no significa que sus discípulos no deban trabajar directamente, junto con todos los demás hombres, por la mejora del mundo. El pensamiento de Emmanuel Mounier nos introduce en la lógica de la esperanza laboriosa avanzada por el Papa Francisco, para quien nuestra tarea consiste en «traducir la esperanza a las diferentes situaciones de la vida». Porque la esperanza cristiana no es un final feliz que hay que esperar pasivamente: es la promesa del Señor que hay que acoger aquí, ahora, en esta tierra que sufre y gime (cfr. Homilía para la Solemnidad de Navidad, 2024). 

Es evidente que este tipo de esperanza ligada tanto a la historia como a Dios no encaja con nuestras zonas de confort, con una prudencia anquilosada, con quienes no se exponen al mal perpetuado hacia los hombres y la creación. Se trata entonces de una esperanza capaz de animar una renovación espiritual capaz de transformar el mundo más allá de los fracasos, de los sueños rotos, del hastío y de las traiciones. 

En la Bula del Jubileo Spes non confundit el Papa Francisco declina la esperanza laboriosa a través de algunos signos que conciernen a la necesidad de paz para todos los pueblos; la protección de la vida en cada fase de su maduración y en cualquier condición social, cultural, étnica, política; la cercanía y el apoyo a los pobres, a los encarcelados, a los marginados; el compromiso para remediar las causas remotas de la injusticia difundida globalmente. 

Los cristianos estamos llamados a recorrer con los hombres y mujeres de este tiempo un camino en la tierra encaminado a hacer madurar estos signos. De este modo, la esperanza, como sostuvo el Papa Francisco en la apertura de la puerta santa en la cárcel de Rebibbia, se configura como una especie de ancla a la que aferrarse tanto para salir de la infinita incertidumbre de esta época como para trabajar concretamente en el mundo por el bien de todos los hombres. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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