viernes, 10 de enero de 2025

La defensa de la vida como acto profético y samaritano.

La defensa de la vida como acto profético y samaritano 

Para quien esté acostumbrado a leer con atención los diversos artículos que se vierten a diario en las redes sociales, no puede dejar de darse cuenta de la violencia rampante que está marcando nuestra forma de vivir, escribir y estar en el mundo: ¡siempre se está contra alguien! 

Este se ha convertido en el talante de los diversos expertos que a diario confunden su arrebato instintivo con la verdad que hay que imponer a los demás sin mediación racional. También en nuestra Iglesia. 

También en la comunidad eclesial hay muestras de un imperialismo ‘gerocrático’ eclesiástico, nunca del todo adormecido, consolidado en algunas personas, estructuras, dinámicas,…, que, sintiéndose directamente investidos por el Espíritu, deben defender la verdadera doctrina contra la falsa doctrina encarnada necesariamente por falsos cristianos.  Más enemigos, más conflictos (de diversa intensidad), más divisiones. Parece que al menos así... nos sentimos vivos.

¿Quién está en lo verdadero y quién en lo falso? 

Es la confusión que experimentamos porque somos esclavos de un sistema binario: verdad y mentira, santos y pecadores, bienaventurados y condenados, que no acoge el esfuerzo de buscar y encarnar una verdad que respete la libertad del hombre, su tiempo y su historia. La libertad también es natural. 

El reto hoy no es reafirmar la doctrina tradicional conocida e indiscutida -aunque siempre sea practicada y vivida por un número menor de bautizados-, ni tampoco actualizarla

La tarea es eminentemente profética, partiendo de la historia, de situaciones confusas e intrincadas, tratando de interceptar al hombre allí donde está para hacer resplandecer la imagen del Hijo que está en todo hombre y en toda vida. 

Sí, del pasado sólo tomamos lo que nos interesa, pero hemos olvidado la antigua lección que considera la vida como un valor pre-moral o no-moral, es decir, que es anterior a cualquier formulación moral y ética, y que las formulaciones normativas sobre el valor de toda vida humana deben plantearse en términos positivos hacia la vida, no en términos negativos; deben fundamentarse en el valor absoluto de la persona y de su libertad. 

La opción por la vida va mucho más allá de la simple defensa del comienzo y de la muerte natural: exige la promoción y el desarrollo de todas sus cualidades para humanizarla al máximo. El problema de la defensa de la vida se sitúa también en el medio, es decir, en ese lapso de tiempo que va desde la fecha del nacimiento hasta la fecha de la muerte. 

La primera tarea del profeta -de Isaías a Qohèlet- fue librar el campo de la idea errónea de Dios como poder supremo, ávido de sacrificios, que actúa dentro de la lógica contable del dar y el tener. Las ofrendas al templo y su comercio, los sacrificios, son el camino equivocado estigmatizado y denunciado por Jesús. 

El camino correcto es, en cambio, otro: el de la justicia y la acción en favor de los pobres, el de preocuparse y caminar juntos, incluso el de comer juntos, el del Buen Samaritano, para retomar un modo de hacer querido por Jesús en los Evangelios

Y hoy, entre una confrontación y otra, entre un conflicto y otro,..., acostumbrados a la 'violencia' de cualquier intensidad y a la muerte de los indefensos, este camino podría ser un grito profético. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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