La desmasculización de la Iglesia
No sólo eslóganes, frases hechas, titulares… Tampoco cuestión de buenas prácticas útiles…
Y creo que la teología no debería sentirse como “avergonzada” ante el tema de "la mujer en la Iglesia"… como un tema a ser abordado de manera esquiva e indirecta… sino con argumentos, principios y razones.
No se trata de oponer revelación y cultura, tradición y signos de los tiempos. Pero ¿qué debe hacer un teólogo ante la cuestión de la mujer? ¿Simplemente referirse a buenas prácticas? ¿O lanzar titulares más o menos ingeniosos y llamativos? ¿Dar por sentado un marco “institucional” en el que el bautismo es para todos pero el ministerio ordenado está “reservado para los hombres”? ¿Sería ésta la tarea de la teología?
No se trata de desencadenar una especie de "autodefensa" que fácilmente se convierte en inmunización contra el tema e, indirectamente, en culpar a quienes lo afrontan. Mientras que la teología tiene la tarea de desarrollar, con calma y serenidad, pero con seriedad, una visión que tenga en cuenta un hecho cultural nuevo y que, por tanto, permita una relectura más profunda y auténtica de la tradición.
Ninguna "cultura de la cancelación", ningún juicio sumario sobre el pasado,…, sino sólo la conciencia de que nuestro mundo ya no es el mismo de antes, y que uno de los "signos" de este mundo es precisamente la nueva figura de la mujer en el espacio público, como un elemento decisivo de una “sociedad digna”.
La novedad no puede interpretarse como una "reivindicación cultural" ajena a la revelación: sería un juicio grave e infundado. Más bien, es la Iglesia la que tiene que cuestionarse radicalmente si puede prescindir de la autoridad de las mujeres. Si esta pregunta es auténtica, se puede encontrar la solución, sin escandalizarse por el hecho de que este camino de nueva conciencia eclesial implique la necesidad de cambiar las formas, tanto mentales como institucionales. No es la primera vez que esto sucede en la historia de la Iglesia.
Este tema, y además de "paciencia", merece un examen teológicamente preciso. Por mi parte, y precisamente porque este tema está amenazado por reconstrucciones asustadas y paralizadas, la cuestión de las mujeres en la Iglesia merece todo el esfuerzo de una teología que juegue en todos los ámbitos y que no se resigne a un destino un tanto limitado y un tanto oportunista de jugar el "cerrojo" para siempre.
Hay una cuestión de fe, de institución y de justicia que no puede esperar y que corresponde a la impaciencia con la que el Espíritu exige una respuesta de su Iglesia, en plena "parresía" y sin impedimentos. Esa "parresía" y esa "libertad" que pueden aliviar al teólogo de cualquier vergüenza y ofrecer a la Iglesia argumentos frescos y nuevos, serenos y claros, para los que se necesita más imaginación y audacia que paciencia y silencio. Porque ante todo Dios sueña y da el primer paso.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
No hay comentarios:
Publicar un comentario