No creo que crea en Dios
No creo en el Dios que me explican. No creo en los que intentan seducirme con razonamientos, con palabras vacías y argumentos sin compasión. No creo en los que intentan probar la existencia de Dios. Yo sí creo que es la existencia la que muestra lo divino.
Creo en la Palabra, y en ésta puedo confiar. Creo que puedo perderlo todo, pero mientras haya un hilo de sonido que oír, el bordado de la tinta que quiere convertirse en Sentido, creeré en la vida.
Creo que si aún me atrevo a soñar con un futuro para la Iglesia, la sueño en la plaza, en los cruces de los caminos, en las periferias,…, custodiando las puertas abiertas y empeñada en escuchar, adulta, sin infantilismos, la Palabra.
Lo demás no cuenta nada, realmente nada. Creo que sólo la Palabra puede recomponer nuestra vida sin que se disuelva en la nada.
No creo en ninguna idea sobre Dios. Dejé de hacerlo cuando me di cuenta de que utilizaba un pensamiento para hablar de mí y no de Él.
Creo en los cuerpos, creo que sólo se puede creer en Dios pensando en Cristo, y creo que Pablo tiene razón cuando dice «ahora sois el cuerpo de Cristo», así que creo que no creo en alguna idea sobre Dios porque por fin he aprendido a creer en los hombres.
Creo en los cuerpos, en la carne del hombre tan débil a veces, como feroz otras veces. Creo en el misterio de nacer y morir. Creo que cada cuerpo que se hace pan habla del Infinito, y me hace agradecer ser hombre. Creo de verdad en la presencia de Cristo en los cuerpos que se aman. Incluso en el mío.
Creo en los pies y en su caminar, creo en los tropiezos, en las torceduras y en las carreras. Creo que caminar por los montes es divino, pero también creo que hay mujeres y hombres que aun estando parados, quietos, saben de todos los éxodos del mundo.
Creo que Jesús, desde aquel día de su Bautismos en adelante, fue Palabra y Cuerpo juntos, y me alegro de que Él también tardara treinta años en comprenderlo.
Creo que todos en aquella Sinagoga de Nazaret conocían bien las palabras de Isaías, pero también creo que verlo por primera vez en carne y hueso, músculo y sudor, fue justamente aterrador.
Creo que creo que Dios es Libertad. Encarnado. Pasión. Vida.
Y que ya no me interesa creer en alguna idea sobre Él, sino que lo que quiero es ser libre por fin. Que es encontrarme con Él en mi carne.
Creo que tengo miedo. Y creo que Él me acompaña y sostiene en mis temores. Pero también creo que cada vez que puedo creer en mí también estoy creyendo en Él.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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