Dios no es lo que crees
Para hablar de Dios nos vemos obligados a utilizar palabras, imágenes, representaciones. Cada religión, cada creyente tiene la suya. Incluso aquellos que no creen tienen una idea de Dios. Pero a Dios nadie lo ha visto jamás. No es una realidad del mundo que pueda ser objeto de conocimiento científico o de otro tipo. No se encuentra ni en lo infinitamente grande, en los límites del universo, ni en lo infinitamente pequeño, en el corazón de los átomos. No puedes describirlo, no puedes representarlo, pero tienes que usar palabras para hablar de ello...
Si creemos que nuestras palabras, nuestras Escrituras, nuestros dogmas, nuestras prácticas religiosas, nuestra moral,…, dicen el "todo" sobre Dios... entonces Dios no es lo que creemos. Ya que, para evocar a Dios, sólo disponemos de representaciones aproximadas y provisionales. Todas las religiones y todos los misticismos se vuelven hacia el mismo Dios que se ofrece a la fe de todos. Pero no todos tienen la misma representación de Dios ni viven su relación con Dios de la misma manera. Hay representaciones justas y otras que no lo son tanto. Los dioses falsos, o un Dios distorsionado, conducen a una vida distorsionada y a una visión falsa del ser humano.
Lo que me permite decir que una representación de Dios es correcta es que sirve a la vida del ser humano y a su humanidad. Y esta es la primera regla a seguir: toda representación de Dios que va contra el ser humano, contra su vida, contra su humanidad, que lo menosprecia o lo destruye, es una falsa representación de Dios. O, pero es lo mismo, toda forma de vivir. La religión que lleva a despreciar al ser humano, reducirlo a un objeto, denigrarlo o matarlo, en su cuerpo o en su mente, se refiere a un Dios falso. Más vale ser ateo y servir a la dimensión humana del ser humano que ser un hombre religioso poseído por una representación de Dios que distorsiona la mirada sobre el hombre y siembra la muerte. Un Dios digno del ser humano, un Dios para el ser humano, no puede ser otra cosa que un Dios que ayuda al hombre a ser más humano y que lo libera de lo que, dentro o fuera de él, lo deshumaniza.
No puedo aceptar que Dios esté encerrado para siempre en palabras o imágenes válidas para cada tiempo y cada cultura. Sólo tengo representaciones limitadas de ello y, por lo tanto, el diálogo es esencial para la fe. Pero, para todos, las representaciones menos falsas, quizá las más correctas, son las que están al servicio de la vida del hombre y de la humanidad.
Ni siquiera puedo aceptar que Dios sea utilizado por los poderes políticos por razones de Estado, que sea confiscado por hombres de religión para fortalecer su poder o utilizado por cualquiera con fines contrarios a la justicia, a la libertad o a la fraternidad humana. Dios es para todos.
Ya no puedo apegarme a un Dios cuya existencia sería demostrada por la razón. Este Dios abstracto no me concierne. Lo cual no significa que sea contrario a la razón confiar en Dios, pero es algo completamente diferente al "razonamiento".
No creo en un Dios construido a la inversa del hombre, que sería tanto más grande cuanto más pequeño es el ser humano, tanto más poderoso cuanto más débil es el hombre; cuanto más inmune al sufrimiento, más hundido está el hombre en el dolor.
Muchos ya no creen en Dios sino que creen en el hombre. Se puede creer en el hombre sin creer en Dios, pero no se puede creer en Dios sin creer en el hombre.
Muchos ya no esperan nada de Dios. Han puesto la esperanza en el hombre. Se puede esperar en el hombre sin esperar en Dios, pero no se puede esperar en Dios sin esperar en el hombre.
Muchos no pueden amar a Dios pero tratan de amar a los hombres. Pero para aquellos que ponen su confianza en Dios, amar a los hombres y amar a Dios son lo mismo.
¿Cómo pensar en Dios de manera diferente? ¿Dónde mirar, a quién acudir, ya que la razón no puede decidir si existe o no y ni siquiera puede decir quién es o cómo sea?
Sólo puede hacer una cosa, pero es esencial e incluso indispensable: decir si tal o cual representación de Dios está al servicio del hombre o si es un factor de división, de violencia, de ignorancia o desprecio por los demás, de complicidad con el todopoderoso reino del dinero, etcétera.
Pero no puede ir más lejos. Por tanto no queda otro camino que retomar lo que los hombres de fe dicen y manifiestan. Una palabra lejana, cuyo origen desconocemos, pero que nos ha ido transmitiendo de generación en generación, a pesar de infidelidades, traiciones y violencias.
Entre esas palabras, he elegido mirar y escuchar a Jesús. Lo sigo aprendiendo. ¿Por qué a Él y no a otro? No es Él sin los demás. No es Él sin la Biblia... No es Él sin todas las demás tradiciones religiosas y espirituales que, cada una a su manera, dan testimonio del hombre o de Dios. Pero es ante todo Él.
Si Dios nos dice algo sobre sí mismo a través de este hombre común y corriente, nos dice precisamente que está presente en la vida normal, escondido tal vez pero no ausente. Y esto se aplica a todo ser humano.
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