martes, 7 de enero de 2025

Quitarle a la muerte su aguijón (1 Cor 15, 55ss).

Quitarle a la muerte su aguijón (1 Cor 15, 55ss) 

2 de noviembre es el Día de los Muertos. 

En realidad, cada día es también Día de los Muertos. 

Esta imagen es terrible y no deja escapatoria. 

La singularidad de la imagen de la muerte, con la guadaña despiadada que no hace distinciones ("iguala todas las hierbas" como si llevara en sí la idea de la igualdad de los vivos) es la de presentar a continuación un reloj de arena. Que es símbolo del tiempo (y me viene a la mente el buen Virgilio que acompaña a Dante al más allá: “stat sua cuique dies”, recordad que para cada persona está fijado su día; su hora). 

Tiempo marcado por la muerte. No hay tema más estudiado y escrutado. Los filósofos, los religiosos, los científicos, en todas las civilizaciones, se golpean la cabeza para comprender qué es, qué puede ser: la realidad es intuitivamente evidente, pero escapa a cualquier definición teórica. ¿Tiene la realidad material, una invención de la mente, un comienzo, si no tiene uno como pensar en un tiempo infinito en el pasado? ¿Hubo un comienzo, quién lo inició, es reversible, irreversible? ¿Te mides con el envejecimiento o te resulta indiferente? Y, sobre todo, que hay tiempo más allá de la muerte, que es lo único cierto ("nihil vero incertius quam eius hora", nada más incierto que su hora, leemos a veces en las capillas de nuestros cementerios). 

Incluso en la muy prosaica realidad de nuestras vidas, la complejidad del tiempo es igualmente inmensa. 

Existe el tiempo universal, que marca el ritmo de las grandes evoluciones geológicas, biológicas y climáticas… 

Hay un tiempo político, que pertenece al poder económico, político,… 

Está el tiempo económico, el de la fábrica, el de la producción, el del comercio, el del consumo; el de la contabilidad del tiempo de trabajo que mide el precio (¡no el valor!) de las cosas y también permite la explotación de los trabajadores y el agotamiento de los recursos… 

Hay un tiempo personal, ocupado por el miedo a la muerte, que cada uno proporciona a su manera: orar, leer, trabajar, consumir, escribir, aprender, amar, jugar,… 

El tiempo personal está cada vez más fragmentado, dividido en horas, minutos, segundos, milisegundos. En ‘clics’ o ‘likes’. Lo que más a menudo se traduce en valores de mercado. 

Para el capitalismo omnipresente, de hecho, no debe haber un segundo de vida sin consumo. Desde la política queremos con cada vez más insistencia que ni un segundo de nuestra vida nos permita reflexionar para desterrar la ignorancia, porque le sirve. 

Son las nuevas guadañas de la muerte. 

Si queremos al menos intentar derribar el reloj de arena que ya han puesto a los pies de la muerte debemos redescubrir el valor del tiempo compartido, regalado, solidario, voluntario al margen de cualquier actividad mercantil o de vinculación política. El tiempo de la conversación, de la lectura, de la música, de una buena comida juntos, del entretenimiento, de la rebelión, de la ayuda solidaria. Es hora de convertirte en la mejor versión de nosotros mismos: hijos, hermanos, prójimos. 

El destruirá la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, Y quitará el oprobio de Su pueblo de sobre toda la tierra, Porque el Señor ha hablado (Isaías 25, 8). 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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