martes, 7 de enero de 2025

Rumor y susurro de ángeles.

Rumor y susurro de ángeles 

En un margen escaso de días celebramos tanto a los Arcángeles Gabriel, Miguel, Rafael como a los "ángeles de la guarda".

Los ángeles ya no disfrutan de mucha literatura. Las razones de este "olvido" son muy interesantes porque están relacionadas con un olvido más general de nuestra forma moderna de creer. 

Su celebración se siente un poco menos que antes. Quizás la Iglesia también sienta la dificultad de decir quiénes son los ángeles y qué hacen. Y los fieles, por su parte, sentimos a los ángeles guardianes vinculados al período de la infancia -cuando el "angelito" era un asiduo compañero de descanso y de sueño, de juegos y de estudio- y, habiendo abandonado muchas de las cosas de ese pasado, así, junto con muchas cosas, también dejaron caer en el rincón del ángulo del olvido a los ángeles. 

El Ángel nos hace escuchar la voz de Dios; según la Biblia su presencia junto a nosotros no tiene otro propósito que ponernos en relación con él. Y Dios dice: “Escucha su voz, no te rebeles contra él; él no os perdonará, porque mi nombre está en él”. 

El Evangelio habla también de la relación con Dios: “Tened cuidado de no despreciar ni siquiera a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en el cielo ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. 

El mismo Jesús nos dice cómo debemos relacionarnos unos con otros y que, para respetar verdaderamente a las personas, para tener relaciones humanas, cristianas, primero debemos pensar en su relación con Dios. Al acercarnos a cualquier persona debemos pensar que Dios la ama, que tiene planes para ella y que le acompaña y ayuda a corresponder a estos proyectos. Si lo pensamos seriamente nuestra actitud será mucho más positiva: tendremos más paciencia, más comprensión y, sobre todo, más amor. 

Notemos un aspecto decisivo. En las consideraciones citadas encontramos las relaciones fundamentales del creyente: aquellas con Dios y aquellas con los demás. 

"Sólo Dios es Dios", dice una famosa tautología, lo absoluto, lo totalmente otro, y por tanto "Sólo Dios es vida", "Sólo Dios es luz", "Sólo Dios es el Señor"… La lista nunca se termina y, cuanto más Dios es Dios, más larga se hace la lista. 

Precisamente para atenuar esa "otredad", la fe ha rodeado a Dios de estas "criaturas celestiales" que lo sacan, de alguna manera, de su soledad inalcanzable. Dios es un poco menos "otro" gracias a estas criaturas mediadoras que, de alguna manera, lo acercan a nosotros. 

Luego está el sacramento del prójimo. Por eso el pasaje del Evangelio nos advierte: "Guardaos de despreciar ni siquiera a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en el cielo ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos". 

Los pequeños son niños, ciertamente, pero también aquellos que, por diversas razones, son comparables a los niños: pobres, viejos, enfermos... Jesús advierte, por tanto: tened cuidado porque sus ángeles miran siempre a Dios a la cara. 

Es sobre todo respecto de los demás y, en particular, de los "pequeños" a quienes los ángeles merecen el título de "guardianes". Son los garantes de la dignidad de quienes no la tienen, sus protectores, sus defensores,… 

Magnífica intuición, como es fácil de entender. Pero quizás también podamos comprender las razones del relativo olvido que sufren los ángeles hoy en día. No pensamos mucho en la "corte celestial" que rodea a Dios, el Rey. No pensamos en ella por la sencilla razón de que pensamos poco en el Rey. Es la fe en general la que ha causado que la fe en los ángeles entrar como en una especie de crisis. 

Algo similar ocurre con los ángeles "guardianes". Los pequeños no gobiernan el mundo, no producen riqueza, crean muchos y graves problemas -basta mirar, por ejemplo, el capítulo de los "migrantes" para hacerse una idea-. 

Incluso los niños, tan 'costosos' como dicen en los países desarrollados y progresistas, nos cuestan y cada vez 'tenemos' menos. Así, así como en el cielo los ángeles cortesanos del Altísimo "no sirven", así en la tierra los ángeles guardianes de los pequeños "no sirven". 

En el cielo los ángeles ya no cantan ni bailan, y en la tierra los ángeles guardianes van a engrosar las filas de los desempleados y no tienen ni una pizca de sindicato que los defienda. 

Me gusta pensar en los ángeles como aquellos que "susurran" el mensaje de Dios. 

Uno de los reproches que más frecuentemente nos hacemos es que gritamos demasiado. Vivimos en una sociedad donde todo se "grita", en el verdadero sentido de la palabra y también metafóricamente. Gana quien más grita, quien tiene más dinero y lo demuestra "gritando" con objetos y hechos está en primer plano. 

Los que viven con sencillez siempre quedan relegados a un segundo plano. ¿Realmente pensamos que lo correcto es susurrar, por ejemplo, el Evangelio? Ni siquiera Jesús, durante los años de predicación, impuso ruidosamente sus enseñanzas: dejó a cada uno la libertad de decidir independientemente si lo seguía o se quedaba en su cómodo rincón. 

El Evangelio requiere pequeños pasos, tranquilidad, escucha, silencio y contemplación. La vida cotidiana es prisa, confusión, ruido. Es la naturaleza la que nos susurra el Evangelio, la risa de un niño, la mirada cómplice de una pareja, pero también un rostro que expresa la soledad, el sufrimiento de un enfermo, el miedo de quien no sabe afrontar las dificultades. 

Todos son susurros que tocan nuestros oídos todos los días, pero que no siempre logran llegar a nuestro corazón. Demos a estos ángeles que nos susurran y a sus palabras susurradas la oportunidad de cambiar el curso de nuestras vidas. Recordemos el episodio de Elías, que encontró a Dios en el "susurro de una ligera brisa". 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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