¿El nombre del hombre? «Aquí estoy» - Lucas 1, 26-38 -
La Anunciación es el éxtasis de la historia: llega lo que la humanidad por sí sola no puede darse. La historia sale de sí misma, se centra en otro eje, se ilumina con otro sol.
El Ángel habla tres veces: una palabra de alegría, «chaire»; otra contra el miedo, «no temas»; y una última palabra para que haya vida nueva, «el Espíritu vendrá y serás madre».
El Ángel propone las tres palabras absolutas: alegría, fin de todo miedo y vida: «alégrate», «no temas», «he aquí que vendrá una vida».
Son las tres palabras que los ángeles y los profetas repiten a lo largo de toda nuestra historia, a lo largo de toda la Escritura, para quienes no quieren que se diga de ellos lo que decían de Isabel: «He aquí, todos la dicen estéril».
Tocan las fibras más profundas de toda existencia humana: la necesidad de felicidad, el miedo que es madre del engaño y de la violencia, la ansiedad divina de dar la vida.
El ángel nos asegura que estas son las señales de la proximidad de Dios: la alegría se multiplica, el miedo se disipa, la vida resplandece.
Primera palabra: «Alégrate, María, Dios ha puesto su corazón en ti». El primer Evangelio es una Buena Noticia, algo que precede a toda nuestra respuesta. El ángel no dice: «Haz esto o aquello, escucha, reza, ve». Simplemente: «Alégrate, María», sé feliz porque, ya lo sabes, la felicidad viene de los rostros; también José y sus pensamientos y su rostro te hacen feliz, pero ahora está aquí Aquel que es el rostro de los rostros, está contigo, ha puesto en ti su corazón; los demás son solo fragmentos de ese rostro, gotas de luz de esa luz; Dios está contigo con ese abrazo del que los que están en la tierra son solo parábolas, solo nostalgia.
Sé feliz, eres amada tiernamente, gratuitamente, para siempre. El nombre de María es «amada para siempre». Y su función en la Iglesia es recordar en su propio nombre este amor que trae alegría.
No temas, María. Trescientas sesenta y cinco veces aparece esta palabra en las Escrituras, casi como una invitación para cada día del año, casi como el pan de cada día para el camino del corazón.
No temas si Dios no toma el camino de la evidencia, de la eficiencia, de la grandeza; no temas si Dios, el Altísimo, se esconde en un pequeño embrión humano, no temas los nuevos caminos de Dios, tan lejos de la escena, de las luces, de los palacios de la ciudad, de las emociones solemnes del Templo, no temas a este Dios niño, que solo vivirá si tú lo amas.
Dios vivirá por tu amor. Será feliz si tú lo haces feliz.
Tres veces habla el ángel, tres veces responde María, primero con silencio y turbación, luego con el deseo de comprender, finalmente con el servicio.
La primera acción de María es escuchar a este ángel inesperado y desconcertante. El primer paso para cualquiera que quiera entrar en una relación verdadera con las criaturas o con Dios, con los hombres o los ángeles, es el arte de escuchar.
Con su última palabra revela nuestro verdadero nombre. El nombre del hombre es: «¡Aquí estoy!».
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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