En el mundo, la verdadera luz que ilumina a cada hombre - Juan 1, 1-18 -
Hoy escuchamos un Evangelio inmenso, que nos obliga a pensar en grande.
Juan comienza con un himno, un canto, que nos llama a volar alto, un vuelo de águila que proyecta a Jesús de Nazaret hacia los confines del cosmos y del tiempo.
En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios.
En el principio y en lo profundo, en el tiempo y fuera del tiempo. ¿Un mito? No, porque el vuelo del águila planea entre las tiendas del campamento humano: y vino a habitar, plantó su tienda entre nosotros.
Luego Juan vuelve a abrir las alas y se lanza hacia el origen de las cosas que existen: todo fue hecho por medio de Él. Nada de nada sin Él.
«En el principio», «todo», «nada», «Dios», palabras absolutas, que nos ponen en relación con la totalidad y con la eternidad, con Dios y con el cosmos, en una visión extraordinaria que abarca el tiempo, las cosas, el espacio, la divinidad.
Sin Él, nada de lo que existe ha sido hecho.
No solo los seres humanos, sino también la brizna de hierba, la piedra y el petirrojo de esta mañana, toda la vida ha florecido de sus manos. Nadie ni nada nace por sí mismo...
Navidad: venía al mundo la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre.
Cada hombre, cada mujer, cada niño y cada anciano, cada enfermo y cada migrante, todos, sin excepción; ninguna existencia está exenta de un gramo de esa luz, ninguna historia está exenta del brillo de un tesoro, lo suficientemente profundo como para que ningún pecado pueda apagarlo.
Y entonces hay un fragmento del Verbo en cada carne, un pedacito de Dios en cada hombre, hay santidad en cada vida.
La luz brilla en las tinieblas, ¡pero las tinieblas no la han vencido!
Las tinieblas no vencen a la luz. Nunca la vencen. La noche no derrota al día. Repitámoslo a nosotros mismos y a los demás, en este mundo duro y triste: la oscuridad no vence.
En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios...
Lo que yo traduciría así: en el principio era la ternura, y la ternura era Dios. Y la ternura de Dios se hizo carne.
La Navidad es la historia de Dios que cayó sobre la tierra como un abrazo, con un beso.
La Navidad es la emoción de lo divino en la historia - Papa Francisco -.
Por eso somos más felices en Navidad, porque escuchamos el estremecimiento, ralentizamos el tiempo, miramos más a nuestros hijos, le damos mil y una caricias...
Jesús es la historia de la ternura de Dios - Evangelii gaudium -, trae la revolución no de la omnipotencia o la perfección, sino de la ternura y la pequeñez.
Dios en la humildad, el secreto de la Navidad. Dios en la pequeñez, fuerza disruptiva de la Navidad.
Dios acostado sobre la pobre paja como una espiga nueva.
No estamos esperando a Alguien que vendrá de improviso, sino que queremos tomar conciencia de Alguien que, como una luz, ya habita en nuestra vida.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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