Nuestra Hermana del Arco Iris - Lucas 1, 26-38 -
Nuestro «sí» también puede cambiar el mundo; todos podemos anotar nacimientos en el libro de la vida y trazar arco iris en el calendario de la historia.
María es la primera de la larga caravana de la humanidad. Y nosotros, que no somos inmaculados, caminamos detrás de Ella, nuestra primera hermana.
Pondré enemistad entre la serpiente y la mujer. ¡Qué poder! Hostilidad entre la mujer que ama la vida y la serpiente que ama lo contrario.
Adán y Eva acaban de fracasar en la vida, y Dios, contra toda evidencia, los llama solemnemente enemigos del mal.
Maravilloso: seré herido y mancillado por el mal, ¡pero nunca seré su amigo!
Y sigo oyendo: Tú le herirás en el talón, pero ella te aplastará la cabeza. La serpiente, el mal, te alcanza por detrás, es un pasado que a veces regresa y duele mucho, pero está abajo, no llega al corazón del hombre, no está delante de ti, no es tu horizonte.
Adán y Eva salen del paraíso llevando consigo un germen de victoria: aplastarás la cabeza de la serpiente. Puedes vencer.
En nosotros hay un pedacito de Dios luminoso, hay en nosotros una estrella lo suficientemente lejana como para que nuestros errores nunca puedan empañarla.
El Ángel Gabriel se aleja volando de Zacarías, batiendo sus alas sobre su incredulidad, y aterriza en un pueblecito soleado y desconocido, en una casa cualquiera, entre ollas y telares.
Es el Evangelio de las primeras veces: es la primera vez que Dios se dirige a una mujer. Que la criatura tiene la última palabra en el diálogo con el cielo. Es la primera vez que se pronuncia una palabra nunca antes oída: ¡estás llena de gracia! Tu nombre es: amada-para-siempre.
El Ángel añade: Dios está contigo. Palabras que deberían haber puesto en guardia a la joven, porque con esas palabras en la Biblia Dios convoca a una aventura tan ardua como un desafío.
María, tendrás un hijo, tuyo y de Dios. Le pondrás por nombre Jesús.
Como joven madura e inteligente, María objeta y argumenta, quiere entender: ¡dime cómo sucederá! Y el ángel: el infinito viene en tu sangre, la luz que generó los universos se aferra a tu seno. ¡Qué importa el cómo!
Y, sin embargo, Gabriel se queda allí, explicando: evoca al Espíritu como estaba sobre las aguas del origen, como era su nube que descendía en el desierto, y la invita a pensar en grande, más grande de lo que puede.
Confía, María, Dios encontrará el cómo.
Y si
hoy estamos aquí, si podemos llamarnos cristianos, es por la fe, la libertad y
el valor de esta joven que dijo: aquí estoy, Tú eres el Dios de la alianza, y
yo seré la aliada del Dios de las alianzas.
Donde tú vayas, yo iré, tu sueño será mi sueño.
Quizás María recuerda el fuerte vínculo entre Rut y Noemí, o quizás es la voz de la humanidad, que en lugar de culpar siempre a alguien, intenta decir: sí, creo en el futuro porque tú estás conmigo.
Tú inventaste el arcoíris como signo de alianza con las criaturas, y yo seré un pequeño arcoíris, de paz y abrazos.
También nuestro «sí» puede cambiar el mundo;
todos podemos anotar nacimientos en el libro de la vida y trazar arcoíris en el
calendario de la historia.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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