lunes, 5 de enero de 2026

Dios sale al encuentro de la humanidad - San Mateo 2, 1-12 -.

Dios sale al encuentro de la humanidad - San Mateo 2, 1-12 - 

La celebración de la manifestación del Señor a los pueblos subraya el carácter universal de la encarnación: tiene lugar en el seno de Israel, pero trasciende a Israel; es confesada por la Iglesia, pero no concierne solo a la Iglesia. 

Así, la peregrinación de los pueblos hacia Jerusalén (Is 60) y la llegada de los Magos a Jerusalén y luego a Belén (Mt 2) aparecen como dos momentos constitutivos del mismo aspecto universalista del «misterio» divino (Ef 3). 

«Con la encarnación, el Hijo de Dios se ha unido de algún modo a cada hombre» (GS 22). En la particularidad del hombre Jesús de Nazaret —el judío Jesús— Dios encuentra la universalidad de la humanidad. 

El texto evangélico dice que Jesús no es solo el Mesías destinado a Israel («el rey de los judíos»), sino también el buscado por las gentes. Pero para encontrarlo, los Magos, figura de los pueblos en búsqueda, deben pasar por Jerusalén y encontrarse con las Escrituras judías, que orientan su búsqueda. La Escritura es luz para el camino del hombre y camino que conduce a Jesús. 

Y Jesús, desde su nacimiento, es espacio de encuentro entre judíos y paganos. 

Los Magos son buscadores de la verdad: son sabios que, con su elaboración cultural y religiosa, con su investigación del libro de la creación, se ponen en camino tras las huellas de Jesús. Representan a los pueblos que tienen su propia gloria que llevar a Jerusalén (cf. Is 60), su propio tesoro espiritual que llevar al Mesías y que los dirige hacia Él. 

Por otra parte, la estrella que guía a los Magos se parece más a un ángel que a un cometa. Y el Antiguo Testamento conoce la tradición de los ángeles asignados por Dios a cada pueblo, idea que afirma la protección y la guía de Dios en las historias de los pueblos. 

La confianza en la presencia del Espíritu y del Logos (Verbo) en toda la tierra llevó al Concilio Vaticano II a afirmar: 

«Debemos considerar que el Espíritu Santo da a todos la posibilidad de entrar en contacto, de la manera que Dios conoce, con el misterio pascual» (GS 22). 

Con la encarnación, el Hijo reveló a Dios haciéndose hombre para encontrarse con cada hombre; con la muerte en la cruz reveló a Dios llegando a cada hombre en su muerte; con la resurrección reveló a Dios que es promesa de comunión y salvación para todos los pueblos. 

Esto significa que el universalismo cristiano se declina como necesidad universal del otro. 

La identidad cristiana se realiza en su superación gracias al encuentro con el otro: allí se realiza la lógica pascual como muerte a sí mismo por exceso de amor. El diálogo y el encuentro con otras culturas y experiencias religiosas están en el corazón de la identidad cristiana. 

«Al entrar en contacto con las culturas, la Iglesia debe acoger todo lo que en las tradiciones de los pueblos es conciliable con el Evangelio, para aportarles las riquezas de Cristo y enriquecerse con la sabiduría multiforme de los pueblos de la tierra» (Papa Juan Pablo II a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura, 17 de enero de 1987). 

El pasaje evangélico de los Magos nos lleva a afirmar el estatus dialógico del cristianismo y su carácter transcultural (es decir, el hecho de que el cristianismo no debe elegir entre las culturas, sino encarnarse en las existentes y darles un nuevo significado en Jesús).

La epifanía de Jesús a los pueblos es también el misterio de la luz que ilumina a cada hombre y orienta su camino. 

Esta luz, reflejo de la luz que surgió del sepulcro en el alba de la resurrección, quiere transfigurar la mirada humana haciéndola capaz de ver la presencia de Dios en la carne de un recién nacido, de reconocer la grandeza de Dios en la pobreza y la debilidad de un niño. 

La paradoja de la fe cristiana ya está plenamente activa en el momento del nacimiento del Mesías. El niño nacido en Belén aparece como el don de Dios a la humanidad: un don al que se responde con la alegría de la gratitud y la gratuidad expresadas por los regalos de los Magos. 

El encuentro de los Reyes Magos con el Mesías no significa el final de su búsqueda, sino la reorientación de su camino: «regresaron por otro camino...». 

Y es que encontrar a Jesús lleva a cambiar de camino, a convertirse, a nacer de nuevo, de lo alto, de los sueños y visiones... 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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