Día de difuntos
Vivimos la muerte como abandono. El abandono es
la experiencia de una relación perdida, que ya no existe o que se ha
transformado. Abandonar y ser abandonado, experimentar la soledad, quedarse
solo y sentirse solo.
Pero si intentamos verlo desde otro punto de vista, no
sólo el negativo, el abandono es la condición de encontrarse, o de encontrar.
No se puede encontrar nada si no se deja algo; siempre hay que dejar algo para
encontrar algo. Tenemos que ser abandonados para ser encontrados.
Si lo miramos desde un punto de vista físico, hay que
vaciar la taza para poder llenarla con otra cosa. Así que, como tantas veces el
silencio, también la soledad y el abandono provocan mucho miedo. Mientras que
tanto el silencio como la soledad/abandono son dos dimensiones fundamentales
precisamente de la muerte y, por tanto, de la vida.
Uno no se realiza si no pasa por el silencio y por la
soledad. Se trata de dos experiencias importantes, también necesarias, para
tener una aproximación a la muerte que no sea meramente devastadora o que no se
limite a desencadenar el miedo y, por tanto, la huida en última
instancia.
La muerte es una experiencia de dolor. Existe una
estrecha relación entre la muerte y el dolor.
Hoy en día el dolor es algo de lo que se escapa, de lo
que intentamos huir constantemente. Pero es también real que luego encontramos
ese dolor cada vez más profundamente en nuestras vidas. Hay un sufrimiento en
la existencia que es ineludible y que hay que asumir. Esto no significa ser
masoquista. Significa que hay que asumirlo.
No me gustan las ideas fustigantes. Pero ciertamente
mi experiencia me ha enseñado que no puedo eliminar el dolor de mí mismo, y que
cuanto más lo elimino más vuelve a mí. No puedo eliminar el dolor de los demás,
que siento en mi relación con los demás, simplemente jugando a los buenos y a
los malos. Ésta es justamente una base del principio de la no violencia. Si uno
no acepta el dolor, no entiende lo que es la no violencia, y se vuelve
necesariamente violento, porque la violencia es una forma instintiva de
reaccionar ante el dolor. ¿No es eso, por ejemplo, la venganza?
El arte de morir incluye también el arte de tolerar el
dolor, el propio, el de los demás, el del mundo, el de otros seres vivos. Y tolerar
significa sobrellevar dentro de uno mismo y hacer un camino de compasión con el
dolor propio y prójimo. Tolerar y hacer un camino también en la dimensión más
íntima de uno mismo. Tantas veces el cansancio no es más que un dolor diluido.
Pero un cansancio vivido con pasión lleva a darse cuenta de ser más uno mismo,
no menos uno mismo.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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