miércoles, 22 de enero de 2025

Día de difuntos.

Día de difuntos

Vivimos la muerte como abandono. El abandono es la experiencia de una relación perdida, que ya no existe o que se ha transformado. Abandonar y ser abandonado, experimentar la soledad, quedarse solo y sentirse solo. 

Pero si intentamos verlo desde otro punto de vista, no sólo el negativo, el abandono es la condición de encontrarse, o de encontrar. No se puede encontrar nada si no se deja algo; siempre hay que dejar algo para encontrar algo. Tenemos que ser abandonados para ser encontrados. 

Si lo miramos desde un punto de vista físico, hay que vaciar la taza para poder llenarla con otra cosa. Así que, como tantas veces el silencio, también la soledad y el abandono provocan mucho miedo. Mientras que tanto el silencio como la soledad/abandono son dos dimensiones fundamentales precisamente de la muerte y, por tanto, de la vida. 

Uno no se realiza si no pasa por el silencio y por la soledad. Se trata de dos experiencias importantes, también necesarias, para tener una aproximación a la muerte que no sea meramente devastadora o que no se limite a desencadenar el miedo y, por tanto, la huida en última instancia. 

La muerte es una experiencia de dolor. Existe una estrecha relación entre la muerte y el dolor. 

Hoy en día el dolor es algo de lo que se escapa, de lo que intentamos huir constantemente. Pero es también real que luego encontramos ese dolor cada vez más profundamente en nuestras vidas. Hay un sufrimiento en la existencia que es ineludible y que hay que asumir. Esto no significa ser masoquista. Significa que hay que asumirlo. 

No me gustan las ideas fustigantes. Pero ciertamente mi experiencia me ha enseñado que no puedo eliminar el dolor de mí mismo, y que cuanto más lo elimino más vuelve a mí. No puedo eliminar el dolor de los demás, que siento en mi relación con los demás, simplemente jugando a los buenos y a los malos. Ésta es justamente una base del principio de la no violencia. Si uno no acepta el dolor, no entiende lo que es la no violencia, y se vuelve necesariamente violento, porque la violencia es una forma instintiva de reaccionar ante el dolor. ¿No es eso, por ejemplo, la venganza?

El arte de morir incluye también el arte de tolerar el dolor, el propio, el de los demás, el del mundo, el de otros seres vivos. Y tolerar significa sobrellevar dentro de uno mismo y hacer un camino de compasión con el dolor propio y prójimo. Tolerar y hacer un camino también en la dimensión más íntima de uno mismo. Tantas veces el cansancio no es más que un dolor diluido. Pero un cansancio vivido con pasión lleva a darse cuenta de ser más uno mismo, no menos uno mismo. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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