sábado, 11 de enero de 2025

Recuperar el vacío contemplativo.

Recuperar el vacío contemplativo 

Generar y producir muerte, como nos recuerdan tristemente las noticias, no se debe a que somos hijos del vacío, condición resultante del individualismo dominante. No es porque estemos "vacíos" sino precisamente por la ausencia de un vacío vivido y habitado. 

Sí, somos hijos del vacío, condición que es fruto del individualismo dominante. Somos presa de emociones cambiantes, de una rápida oposición al enemigo, de sentimientos fugaces y abrumadores, de identificaciones con figuras carismáticas, de un repliegue apático en sí mismo. El vacío está desprovisto de una cultura sólida y de referencias sólidas, por lo que es presa de la movilidad de los sentimientos". 

Si estamos llenos, desbordantes de pensamientos, deseos e impulsos impuros, no es porque estemos 'vacíos' sino precisamente por la ausencia de un vacío vivido y habitado. Lleno de elementos esquivos que se persiguen sin asentarse, dejando inconsistencia pero no vacíos. Es la nada lo que genera esta inconsistencia, no el vacío. Y la nada no es el vacío: es la nada. 

Será el vacío el que nos 'salvará' del individualismo tecnológico, de las máquinas. La sombra y la luz no le pertenecen. Las máquinas sólo se encienden y apagan. No tienen vacío, simplemente nada. 

Es en el vacío donde resuena la Palabra. Es en el vacío donde uno se convierte en eco (katechein) de la Palabra. El vacío como purificación. “El silencio profundiza la palabra”, escribe Byung-Chul Han, el filósofo coreano que publicó un ensayo 'Vida contemplativa o inacción'. “Hay muchos tipos de silencio. Uno corresponde a la Nada pero hay otro tipo de silencio que corresponde al Vacío. El vacío no es el No Ser” (Panikkar). Como palabras que surgen del silencio. Así, el Ser de vida invoca la realidad desde el vacío para traerla a la existencia: un acto de amor, a través del amor. 

Es el significado del ayuno. Hacer un corazón puro. Desapegarse de los apetitos. “Necesitamos un corazón puro”, nos recuerda San Juan de la Cruz, como las otras grandes tradiciones espirituales. “El camino para ascender a Dios es descender a uno mismo” (Hugo de San Víctor). Sin embargo, soy testigo continuamente de momentos de oración llenos de palabras, pensamientos, reflexiones: ausencia de vacío. Incluso como Iglesia deberíamos permitirnos cuestionarnos sobre esto. Proyectos, programas, oficinas, agendas… ausencia de vacío. 

El proceso es un proceso de creación cuando no sabemos hacia dónde vamos, de lo contrario nunca estaremos completamente libres de ideas preconcebidas y estaremos atados a un final. El propio San Juan de la Cruz escribe que sobre las cuestiones últimas no hay Camino, porque la meta es una construcción predeterminada, salvo que se confunda creación con construcción, existente con funcionamiento. El no Ser es la manera de tratar la realidad dialécticamente, intentando reducir todo a uno; y el Vacío, místicamente. El vacío está presente en el Ser. Y esto hace posible que el Ser se convierta en lo que será: 'Seré lo que seré'. Es Ser sólo en potencia. O como para los judíos "la luz aún no", cuando las Escrituras se refieren a las tinieblas de la creación. No dialéctica luz/oscuridad, vida/muerte, bien/mal. 

Ya no sabemos leer poesía. El arte presupone una intensa relación con la muerte. El vacío que también es muerte. Que es un principio iniciático y transformador: el devenir. Y por miedo a la muerte matamos. Debido a nuestros impulsos internos de posesión, disfrute y poder que no son purificados, vaciados, matamos. 

De pie en el vacío. Como Cristo, aparta de mí esta copa, como sea que se haga tu voluntad... Como la mano de Pedro que intenta apartar la de Jesús que buscaba sus pies para lavarlos. Como las manos de Cristo que impiden que Magdalena lo toque. 

Perder peso, ausencia de volumen, espacio, gravedad… yugo ligero. Sin deseo, posesión, poder. 

Perder la vida para salvarla es acceder a esta cueva liminal del vacío. Es dar la bienvenida a lo no dicho, no pensado, no escuchado, no actuado. 

El vacío no es la nada. No es la ausencia. Es la co-presencia de vivos y muertos. Es co-esencia. 

La preocupación por tener que comprender equivale a una actitud de captura y reducción a lo ya conocido. Pero comprender puede ser más bien escuchar y esperar. “Mirar, esperar, amar” son las tres palabras que inspiraron el pensamiento de Simone Weil. El vacío como inacción, como tensión de no acción. Sin esperar nos sometemos al juicio, a la envidia, al control, a la acción mortal. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Y, sin embargo y a pesar de todo, hay sueño evangélico por el ecumenismo.

Y, sin embargo y a pesar de todo, hay sueño evangélico por el ecumenismo Tal vez no haya que andarse con rodeos.   El clima que nos atenaz...