martes, 21 de enero de 2025

Silencio del Sábado Santo.

Silencio del Sábado Santo  

He leído que el silencio en la música es un elemento tan importante como el sonido. Es la condición previa imprescindible para el disfrute de la música. Cumple la función de descanso, de tomar aliento y muchas veces se utiliza como un recurso de gran fuerza expresiva. Un silencio en un momento adecuado puede adquirir mayor significado que el mejor de los sonidos. 

La elocuencia del silencio es más ensordecedora que cualquier ruido. Cuando los labios callan, habla el corazón. Y cuando el corazón habla, palpita la vida, se desbordan las emociones, se transmiten los sentimientos. "Hay un tiempo para callar y otro para hablar" (Eclesiástico 3:1-11). El silencio es la ausencia de ruido pero el latido del corazón. El silencio cose la boca pero hace respirar el corazón, lo íntimo. También es cierto que el habla clara es transparencia del corazón. Nunca se debe hablar sin que el corazón esté conectado con la boca. Nunca hables en vano. Peor aún, nunca cotillear, juzgar, acusar. Hay que usar un lenguaje que cosa, que reúna, que asimile, que atraiga. Las palabras pueden ser caricias o piedras, piedras que hieren, que matan.   

El Sábado Santo, en la liturgia de la Iglesia católica, está destinado al silencio, a la meditación, a la reflexión. El que revolucionó la historia, el que se postró en una cruz por amor a la humanidad es, tras haber muerto, depositado en el seno de la tierra. Pero al igual que la semilla cubierta de tierra comienza a germinar y a dar a luz una nueva vida, lo mismo ocurre con Jesús. Pero antes de que resucite, antes de que estalle la vida todo parece muerto, acabado. En cambio, es la pausa que precede a la explosión. Es como la consumación de una mecha antes de la deflagración. Pero ese tiempo de espera está preñado de esperanza, de soluciones, de un futuro por diseñar. De un más allá al que dar la bienvenida. El tiempo de espera es tan precioso como el de la llegada de algo. En efecto, cuanto más se caracterice la espera por la vigilancia, la participación, más intensa será la alegría de la realización. De la llegada.  

Bendito silencio. El silencio necesita su protagonismo para que el sonido, en su momento, pueda expresarse mejor, con plenitud. Cuando el silencio se habita se convierte en ascesis, en misticismo. Cuando el silencio no es sólo ausencia de ruido sino protagonismo de corazón y mente entrelazándose en silencio, entonces es dichoso. Necesario. Indispensable. El silencio es la vida de los amantes. Basta con mirarse a los ojos, perderse en la mirada del otro. Navegar por la mente del otro para que no hagan falta las palabras. Todo está ya dicho sin palabras.  

La terminal del viaje cuaresmal tras el Cenáculo y el Calvario es la tumba de Jesús. Pero la sorpresa es que sólo hay un momento de pausa, de reflexión, de espera. Es un tiempo transitorio. Provisional. La tumba cerrada no es el lugar de la cita, sino que está vacía. Pero se necesita un espacio, un tiempo de espera. Tres días, como había dicho el propio Jesús. Solamente entonces rodará la piedra.   

Una mujer espera nueve meses para dar a luz. Tiempo para planificar, para soñar, para imaginar, pero también para amar, para acariciar, …, para esperar. Así, para nosotros, a Cristo resucitado hay que esperarlo, en silencio, antes de abrazarlo. Es cierto que nos encontraremos con Él. Lo ha prometido y lo hará. Y entonces volveremos a caminar, a soñar e incluso a hablar, es más, a gritar. Porque después del silencio viene el anuncio. El compartir lo que se ha esperado. De lo que hemos hecho silencio. Cristo resucitado.  

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Juegas al ajedrez, ¿verdad?

Juegas al ajedrez, ¿verdad? Un título 'extraño' para una reflexión que trata uno de los temas más delicados, dramáticos y controvert...