Sobre la bendición de las personas en una relación homosexual
La historia y la vida muestran también cómo se entrelazan la complejidad, la dificultad,…, el carácter siempre inacabado, incompleto, de toda coyuntura existencial de los seres humanos. Lo incompleto caracteriza toda realización humana y se hace cargo de ella. También toda relación entre seres humanos. La belleza, la verdad, la totalidad de la experiencia humana nunca puede captarse con un gesto de totalización racional, ya que el flujo que nos hace vivos sólo puede expresarse en la frontera entre lo posible y lo real, el presente y el futuro. Quizá no acabamos de acoger esa invitación a dejarnos configurar de un modo más armonioso y pacífico por el misterio de la vida, ejercitándonos para hacernos cada vez más sensibles a la vida, la propia y la ajena, abrazando una forma de conocimiento que sepa acoger y habitar lo que en la vida hay de belleza y de bondad, tratando de prevalecer sobre la tentación de definir y clasificar todo en modo de alternativa exclusión, o…, o…, procurando ir más allá de los unilateralismos y de las oposiciones.
La bendición es una manera de ser, de actuar, de vivir… Es un arte que cree y crea la posibilidad de practicar y gustar una nueva propuesta de sentido abierta a la verdad existencial, dejando que el misterio reverbere hasta las fibras más íntimas y profundas. Se trata de liberar y de "bendecir" la existencia ante todo con un estilo de vida que sepa honrarla y darle gracias, que no sólo reconozca su sacralidad, sino que coopere para que transite de la posibilidad a la acción, que trabaje para salvaguardar su dignidad, sin cosificarla nunca, procurando no traicionarla reduciéndola a mera supervivencia, ni al puro comercio del toma y daca, ni disipándola en la compulsividad del consumo y de la mercancía, sino esforzándose por promover las condiciones para su mayor florecimiento.
Por eso la bendición es también al arte de practicar el hacer-existir, es decir, de cooperar en la idea y en la realización de un modo diferente y posible de estar en el mundo, caracterizado por una sensibilidad, una profundidad ejercida también gracias a una capacidad de imaginar de otro modo, fuera de los hábitos habituales, atestiguado aquí también por los interludios emotivos, sensible, que son una invitación poética a crear, a jugar con las palabras, los significados, la experiencia biográfica, los dones del inconsciente, los escenarios de otro sentido, el sueño, lo invisible, el misterio, los sentimientos…
Seguramente hasta nos es necesario una vez más situar el sacramental de la bendición bajo una nueva luz y emancipar la relación y el amor humanos, también el de las parejas homosexuales, del horizonte simbólico, tantas veces asfixiante y estrecho, en el que la dogmática teológica y la estructura canónica parece haberla reducido. La bendición, así entendida, es un estilo de vida que contribuye a hacer del mundo un lugar donde pueda habitar el corazón de Dios y en el que poner en las manos de Dios la realidad humana siempre incompleta, falible,..., en cualquier relación, sea homosexual, o sea heterosexual.
Toda bendición divina sobre la realidad humana, por ejemplo, sobre una relación homosexual marca un cambio de esencia, de cualidad y de relación, y colabora al redescubrimiento de las personas, en lo que tienen de individuos, y en lo que son colectivamente como pareja, como matrimonio. La bendición tiene un valor intrínsecamente terapéutico porque ayuda a reconocer y a sanar la tendencia a la ruptura en el corazón de nuestra inestabilidad. También en la bendición de una pareja, por ejemplo, homosexual nos encontramos ante un conocimiento del alma profundamente enraizado en lo corpóreo, elaborado en la conciencia del límite, expuesto a la energía sobrehumana del deseo, que lanza lo humano más allá de sí mismo, y que, según se experimente, se trabaje, se cultive, o se declina al abismo del infierno o se lanza hacia la cumbre de lo sublime.
Aquí también una filosofía del sentir articula su pensamiento a partir de la atención a lo que emerge como vital y vitalizante en nosotros y más allá de nosotros, a lo que nos excede, nos trasciende y, al mismo tiempo, nos revela como partícipes de la textura de una realidad más grande, más bella, más verdadera que nos engloba, que nos abraza, en la que somos, nos movemos y existimos. El arte de la bendición se entiende entonces como una práctica de ir más allá de la conceptualidad rígida y de los procedimientos legales de juicio. El concepto abstrae. La bendición trata de acoger y abrazar el misterio de lo divino y de los sagrado (amor, vida,…) que surge, que vislumbramos porque asoma, de lo que no somos dueños ni tampoco únicos intérpretes, y de cuya complejidad tratamos de darnos cuenta de modo reverencial mientras lo contemplamos en lo que es y en lo que está llamado a ser. La bendición se convierte entonces en el arte de contemplar, de mirar, de cultivar la atención, de reconocer las huellas de lo inefable, de iluminar los vínculos sagrados de dos personas que acogen y agradecen el don divino del amor, y lo hacen con temor y temblor.
La reflexión teológica nos puede ayudar a comprender la vida dejándonos poseer por ella, y en ella, sí, ejercitar el pensamiento, pero sintiendo así sus articulaciones de emociones, sentimientos,…, impregnados de deseos, ilusiones, sueños,… Entonces estudiar la vida se convertiría en vivirla más conscientemente, ejercitándola de tal modo que se afinara el sentimiento y se percibiera más sutilmente, y descubriéramos y cultiváramos la presencia indecible de lo sagrado en su realidad concreta, en lo que tiene de pecado y de gracia, de incompleto y de completo, de tensión y de gozo, de humano y de divino,…
Es el tipo de luz sapiencial (más contemplativa, meditativa,…, menos dogmática, canónica, legalista,…) la que nos podría acompañar para entender la verdad de la bendición de una pareja homosexual liberándonos de la necesidad y de la urgencia de definir y ordenar todo en nuestros parámetros, para enseñarnos a habitar poéticamente el misterio y, por tanto, la vida, con una atención abierta, libremente fluctuante, intensa, emocionalmente implicada, que se convierte en una experiencia de exploración del misterio, nunca del todo descifrable, de lo que es, y de lo que somos, iluminando su relación y ofreciéndonos la posibilidad de fluir hacia la interioridad del ser, y comprender que toda realidad humana, también la relación o matrimonio homosexual, es transcendente porque es una puerta o una ventana a través de la cual el misterio de Dios se sigue encarnando, creciendo, aprendiendo...
Hay quienes creen que esa bendición es poco menos que irracionalidad, blasfemia, herejía,… Yo creo que esa bendición nos ofrece más bien la posibilidad de comprender que, en la luz divina, es la razón creyente misma la que ilumina y abre los sentidos para penetrar pero no para ofrecer una explicación silogística sino una visión que abre las puertas del alma y que enamora. La bendición de las personas en una relación homosexual nos abre a un conocimiento del alma atentos a la vida encarnada, orientados a descifrar lo sentido, lo que es tantas veces oscuro pero aspira a salvarse en la luz, no la del mediodía, con su capacidad de claridad, sino, precisamente, la de la aurora de Dios. La de la aurora es una luz naciente, mayéutica, que llama a ser, no se limita a mostrar, a poner orden, a hacer claridad, como la del mediodía; su luz sigue mezclada con la oscuridad, ligada a las profundidades del mar del que surge, todo menos etérea o mística, sino visceral, física, capaz de mostrar, abrazándolos, los abismos que rodean al ser. Esa otra luz de la aurora divina es una dimensión en la que los sentidos humanos se afinan, se abren, replegándose como se repliega la aurora, dando paso a esa aparición que no puede esperar otra cosa. Aparece el sentimiento encerrado en los sentidos, el sentimiento que los sustenta y los trasciende y unifica los sentimientos, transformándolos en sentido, a través de un silencio revelador. Es el arte y la práctica de la bendición.
No sé por qué instancia misteriosa me atrevo a reflexionar y a escribir sobre este tema y a hacerlo de esta manera. Hace muchos años ya, expliqué Teología de la Liturgia y Teología de los Sacramentos tanto en la Facultad de Teología como en la Escuela de Teología de la Universidad de Deusto. Pero todo acabó allá por el año 2000. Hace ya la friolera de 24 años. Sí sé que de un tiempo a esta parte es recurrente en mí el tema de sentir la vida tal y como ella se muestra. Detrás de tanto ruido que siempre se deja sentir en las polémicas, yo creo que si hubiera un poco más de silencio, si todos hiciéramos un poco de silencio, quizá podríamos entender algo.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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