viernes, 10 de enero de 2025

Un Dios incómodo sale al paso de nuestra indiferencia.

Un Dios incómodo sale al paso de nuestra indiferencia 

La fe señala las heridas de la sociedad. “No necesitamos una religiosidad cerrada en sí misma, sino una fe que entre en la historia, sane los corazones rotos, despierte las conciencias de su letargo, suscite preguntas sobre el futuro”. La vocación de los creyentes es "desplazar los cálculos del egoísmo humano, denunciar las injusticias, perturbar las intrigas de quienes, a la sombra del poder, juegan con la piel de los débiles". El Papa Francisco da testimonio del Magisterio Social compartiendo: “Un cristiano no es una isla. No nos convertimos en cristianos solos”. 

El Papa advierte a la Iglesia: “Dios se esconde en los rincones oscuros de la vida y de nuestras ciudades. La infinitud de Dios se esconde en la miseria humana”. De ahí el llamado a comprometernos juntos por una nueva civilización de paz y hermandad. La democracia está en peligro en todo el mundo y el camino recorrido por el Papa es el de la sinodalidad, que es ante todo un método, una voluntad de "caminar juntos" y ponerse en el lugar de la humanidad. 

El Papa Francisco reitera que a los laicos se les confía la responsabilidad de contemporizar el mensaje cristiano y, por tanto, el deber de cultivar una particular inteligencia de la historia y de la modernidad, utilizando todas las herramientas que la investigación tecnológica permite, siendo dueños de sí mismos, de su propia vida y de su propia vida, también de su libertad. “Jesús fue motivo de escándalo porque permaneció fiel a su misión, no se escudó en la ambigüedad, no aceptó la lógica del poder político y religioso. De su vida hizo ofrenda de amor al Padre”. 

En Europa las Iglesias están a veces a la defensiva y en la preservación de lo que existe y parecen tener menos confianza en la obra de Dios en la historia. El Papa Francisco es un símbolo de la vitalidad y del espíritu que, más que la formulación dogmática exacta, particularmente querida por los europeos, se preocupa por la traducción del mensaje evangélico en acción. El programa de cada Papa está dado por el Evangelio y su interpretación tal como se configura en la tradición. 

El Papa Juan Pablo II fue un gran misionero y evangelizador a nivel mundial, símbolo (incluso físicamente, siempre que gozara de buena salud) de una Iglesia que, en la confusión del mundo moderno, tiene certezas para dar y brilla como un faro en la noche, transformándose en antorcha que trae luz a través de viajes y contactos infinitos. Su gran apertura sobre los problemas sociales fue acompañada de una cierta rigidez sobre los problemas familiares y morales, tanto por su formación como por el temor, tal vez, de que al abrir brechas en estos campos se derrumbara todo un edificio moral construido a lo largo de los siglos. 

La personalidad de los Papas, como la de todos, es compleja y nunca es de un solo color. Benedicto XVI aportó a la Iglesia y al mundo su profunda preparación teológica y de pensador, intentando llevar el mensaje evangélico a lo esencial, que a veces parece disolverse en la cultura moderna. Pero su imagen, en algunas circunstancias, ha sido tergiversada por la opinión pública: en realidad, Joseph Ratzinger siempre ha estado atento al pluralismo del pensamiento teológico actual y al debate teológico que necesita libertad. 

En el carácter pastoral de la acción del Papa Francisco y en el esfuerzo de diálogo con el mundo moderno y también con los que están lejos, que a veces parecen apreciarlo más que algunos más cercanos o muy cercanos, que manifiestan los mismos temores que los adversarios de Jesús que frecuentaba a recaudadores de impuestos y a extranjeros y aceptaba gestos de veneración de las prostitutas, la Iglesia "en salida" es una Iglesia que se preocupa más por los demás que por sí misma. En diálogo ante todo con los hermanos separados. Más que una novedad, es la continuación, con la misma tenacidad, de todo el movimiento ecuménico que el Concilio Vaticano II bendijo y fortaleció con sus documentos. Lo confirma el cambio de actitud y de lenguaje hacia los judíos, hacia las Iglesias no católicas y también hacia los musulmanes y los fieles de otras religiones, reconociendo "semillas de la Palabra", es decir, elementos de verdad y de bien, también en su fe. 

La pobreza está en el centro del Evangelio y es una línea de testimonio que nunca ha sido interrumpida en la historia de la Iglesia: cada movimiento religioso, siempre ha puesto la pobreza como fundamento de su espiritualidad. Y la misericordia es la puesta en práctica de la Escritura que se redescubre como si fuera algo nuevo. Es innegable el debilitamiento a lo largo de los siglos del mensaje de la misericordia divina que impregna todo el Antiguo y el Nuevo Testamento. Quizás a muchos les pareció que un Dios que siente compasión se estaba empobreciendo. Y con demasiada frecuencia se ha atribuido a Dios el concepto humano de justicia que, afortunadamente para los hombres, no es el suyo. 

Éste es el escándalo. “Una fe fundada en un Dios humano, que se abaja hacia la humanidad, que la cuida, que se conmueve por nuestras heridas, que toma sobre sí nuestro cansancio, que parte como pan para nosotros. Un Dios fuerte y poderoso, que esté a mi lado y me satisfaga en todo es atrayente. Un Dios débil, que muere en la cruz por amor y que además me pide superar todo egoísmo y ofrecer mi vida por la salvación del mundo, es un Dios incómodo”. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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