martes, 7 de enero de 2025

Una hoja de su ruta la presencia y el discurso del Papa Francisco en la Universidad Gregoriana.

Una hoja de su ruta la presencia y el discurso del Papa Francisco en la Universidad Gregoriana 

Según el carisma ignaciano, la cultura es una misión de amor”. Así lo reafirmó el Papa Francisco en su «lectio magistralis» en la Pontificia Universidad Gregoriana, que duró unos 45 minutos. “Menos sillas, más mesas sin jerarquías”, pidió el Papa Francisco a profesores y alumnos de la universidad pontificia más prestigiosa del mundo, invocando pensamientos “desarmados”. Una doctrina “viva» y no «encarcelada dentro de un museo” y una enseñanza que sea un “acto de misericordia” y nunca algo hecho “de arriba abajo”, consciente también de los riesgos de la inteligencia artificial. 

El Papa Francisco acudió a la Pontificia Universidad Gregoriana, el antiguo Ateneo heredero del Colegio Romano fundado por San Ignacio Loyola allá por el 1551, con motivo del Dies Academicus de hoy, en el que también se solemnizó la reciente incorporación del Collegium Maximum, el Pontificio Instituto Bíblico y el Pontificio Instituto Oriental en una única universidad según la nueva configuración prevista en los Estatutos Generales vigentes desde el pasado 19 de mayo, fruto a su vez de una quirografía de 2019 del propio Francisco. Esta Pontificia Universidad es un faro de diversidad, con un alumnado procedente de 121 países. 

Su larga lectio magistralis salpicada de admoniciones y recomendaciones, anécdotas y neologismos, citas de la Ilíada, Shakespeare y Dostojevski, San Basilio y San Francisco Javier, San John Henry Newman y Santo Tomás Moro, pero también del Padre Arrupe y del Padre Kolvenbach. 

El Papa Francisco propuso profundizar en la Universidad Gregoriana una “teología de la esperanza” mientras “el mundo está en llamas” y “la locura de la guerra cubre toda esperanza con la sombra de la muerte”. Una visión, es decir, marcada por la conciencia, la poesía, la fantasía y, sobre todo, el humor; un no absoluto a las ideologías, al “intelectualismo árido” o al “narcisismo perverso”. Y aún menos que no a la “coca-cola espiritual” y a la “coca-colaización de la investigación y la enseñanza”. 

¡Qué triste es cuando uno ve que confía sobre todo en los medios humanos y lo confía todo hoy a la gestión de turno!”, exclamó en la parte final de su “¿Cómo es vuestra relación con el Señor? ¿Cómo va tu oración? ¿Es meramente formal o no existe? ¿Dónde está tu corazón?”, preguntó el Papa Francisco a los presentes. “La universidad debe ser la casa del corazón”, explicó el Papa Francisco, citando a San Francisco Javier y su deseo de “ir a todas las universidades para sacudir a los que tienen más sentido de la caridad, para que se sintieran impulsados a ser misioneros”, recordó el Papa. 

En un pasaje sorprendentemente ligero pero profundamente serio, el Papa hizo un llamamiento a la comunidad académica para que no pierda su sentido del humor, esencial para mantener nuestra humanidad. También advirtió contra un fenómeno de homogeneización cultural que amenaza la autenticidad y la profundidad del pensamiento académico. “No olvidéis el sentido del humor”, recomendación del Papa Francisco, según la cual “una mujer, un hombre que no tiene sentido del humor no es humano”. Después, la cita de la “bella oración” de Santo Tomás Moro: “Señor, dame una buena digestión y algo que digerir”. “Desde hace más de 40 años la rezo todos los días, ¡y me hace bien!”, confesó el Papa, que repitió la invitación a “no perder el sentido del humor” y citó a San Ignacio de Loyola: “no es mucho el saber que satisface el alma, sino el sentir y gustar las cosas”. Al final, la invitación a ayudar a los estudiantes “a proceder por sí mismos, evitando los laberintos intelectualistas y la acumulación de nociones, y continuando con el gusto por la ironía”. 

El Papa Francisco, que nunca ha ocultado como una alergia a cierta erudición académica, con sus agotadores debates de los teólogos y su empantanado saber catedralicio o museístico, hizo también una apremiante invitación a transformarse en un centro de estudios más abierto al pueblo, sustancialmente más democrático, donde el conocimiento no sea fuente de discriminación, diferenciación o distancia. “Necesitamos una universidad que huela a la carne del pueblo y que no tema la contaminación”, dijo, resumiendo el concepto en un largo discurso, poco habitual, que pronunció con motivo de la inauguración de la academia, y que hasta parecía una hoja de ruta operativa. “Menos sillas, más mesas sin jerarquías, codo con codo, todos mendigando conocimiento al tocar las heridas de la historia”. La universidad como “lugar de investigación para la cultura del encuentro y no del descarte, lugar de diálogo entre pasado y presente, entre tradición y vida, entre historia y relatos”. En otro pasaje, el Papa Francisco subrayaba que la educación nunca debe ser un privilegio. “Hay que dejar atrás los tiempos en que la educación era un privilegio”, dijo el Papa Francisco, recordando las palabras de Don Lorenzo Milani: “Si se pierden los pobres, se pierde la escuela”. 

En la universidad jesuita, donde han estudiado más de veinte santos y diecisiete papas a lo largo de los siglos, Francisco evocó la gloriosa historia que le precede. Ahora se trata de equiparse para afrontar una nueva temporada marcada por la inteligencia artificial y la tendencia mundial a la polarización y las divisiones. «Hay que desarmar las palabras y tener cuidado cuando el pensamiento se desliza hacia la ideología», advirtió el Papa Francisco. «Deponer las armas, poner al otro al mismo nivel para mirarse a los ojos. Desarmar: desarmar los pensamientos, desarmar las palabras, desarmar las miradas y luego estar a la misma altura para mirarse a los ojos. No hay diálogo entre lo alto y lo bajo: sólo así la enseñanza se convierte en un acto de misericordia que produce una doble felicidad: la del que da y la del que recibe». 

Sobre los retos que plantea la IA al profesorado, se ha preguntado: “¿Ha considerado el impacto de la inteligencia artificial en la investigación? Ningún algoritmo puede sustituir la imaginación, la inspiración, el amor”. De ahí la invitación a “caminar en el presente ardiente, que necesita nuestra ayuda, y sostener el futuro en nuestras manos. Juntos: pasado, presente y futuro”. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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