La Última Cena -
de la mano de Sieger Köeder -
Un cuadro, un
icono, una partitura musical,…, son como portales del misterio y nos invitan a
entrar en un misterio contemplando, gustando, orando…Hoy me gustaría ofrecerte
una imagen que me es muy querida: se trata de la última cena, pintura de Sieger
Köder (1925-2015), sacerdote católico alemán.
Antes de nada,
es necesario detenerse en silencio ante la imagen misma. Hay varias versiones
de la imagen. Yo te ofrezco ahora la siguiente:
Antes de comenzar, y si eres creyente, te propongo que reces esta oración: Oh Redentor de infinita piedad, amigo y hermano, que yo te conozca más claramente, te ame más profundamente, y te siga más de cerca.
Como con un texto bíblico, es necesario detenerse para mirar bien, para «leer» en detalle. Sobre esta imagen me gustaría hacer algunos comentarios.
1.- La sombra en forma de cruz. La última cena no puede entenderse si no es a la luz de la cruz misma. Las palabras de Jesús repetidas durante la consagración — Este es mi cuerpo ofrecido en sacrificio por vosotros, Esta es mi sangre... derramada por vosotros y por todos — son palabras sin sentido sin su cumplimiento el Viernes Santo.
2.- El pan partido con el chi-rho.
En el centro de la mesa encontramos el pan ácimo partido, con los espacios
que forman el monograma compuesto por las letras X (la chi griega) y P
(la rho griega), las dos primeras letras de ΧΡΙΣΤΟΣ / Christos,
el título dado a Jesús, el Cristo, que significa mesías, o ungido del
Señor. El pan partido es Cristo mismo.
3.- Judas, que sale
en la noche. Como narra Juan (13,30): Él, tomando el bocado, salió
en seguida. Y era de noche. Judas participa en el banquete eucarístico,
pero traiciona al Señor. Es de noche, no solo en sentido físico, sino también
en sentido figurado. Judas abraza la oscuridad en lugar de la luz.
4.- Los Apóstoles. Es interesante observar los rostros: algunos muestran atención hacia Jesús, otros parecen angustiados, asustados.
5.- A la derecha de Jesús, probablemente está el discípulo amado, recibiendo el pan de las manos de Jesús. Al recibir el pan eucarístico, al comerlo, masticarlo, nosotros también estamos llamados a vivir ese momento.
6.- Por último, las manos de Jesús y el reflejo en el cáliz. El autor normalmente no representa el rostro de Jesús de forma directa, aquí Jesús solo es visible en sus manos: con la derecha ofrece el pan al discípulo, y el rostro se refleja en el cáliz. Esto me lleva a tres observaciones.
a.- Es como si no nos encontráramos con Jesús directamente, sino a través de los signos.
b.- Es la invitación a ver la última cena desde el punto de vista de Jesús mismo.
c.- Como presbítero, he notado el reflejo de mi rostro en el fondo del cáliz cuando celebro, y me recuerda el llamado del presbítero (y de la Iglesia) a vivir este momento in persona Christi.
Vuelve ahora sobre la imagen, y detente un rato en silencio. Si eres creyente, puedes reflexionar sobre ti mismo y sobre lo que la imagen suscita en ti.
1.- ¿Dónde me encuentro yo en la imagen? ¿Con el apóstol asustado y angustiado? ¿Quizás esforzándome porque todavía me siento en la noche? ¿O con la atención puesta en Jesús? ¿Como el discípulo amado, a su lado?
2.- ¿Qué sentimiento me suscita sentir a Jesús que se entrega por nosotros? ¿Que se entrega por mí? ¿Qué significa para mí que Jesús me ama, hasta el extremo, hasta el fondo, hasta la muerte en la cruz?
3.- ¿Cómo vivo la eucaristía? ¿Encuentro en el banquete eucarístico el encuentro con la persona, con la vida, con el destino de Jesús?
Deja, si quieres, que la reflexión se abra a la conversación, que el pensamiento desemboque en la oración. ¿Qué pregunta llevo dentro de mí, que tanto me gustaría expresar al Señor? ¿Cómo me gustaría alabarlo, darle las gracias? ¿Por qué me gustaría pedir perdón? ¿Qué gracias pedir? ¿Qué siento que el Señor está tratando de decirme en lo más profundo de mi corazón?
Por último, me
detente en silencio en presencia del Señor. Como entre amigos de verdad y entre
enamorados, la presencia misma vale más que mil palabras.
Esta oración te
puede ayudar:
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo,
lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, escúchame.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me separe de ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Haz que yo venga a ti para
alabarte
con todos los santos por los
siglos de los siglos.
Amén.
Ahora, si te es posible, te invito a que vuelvas a contemplar detenidamente la imagen de la Última Cena:
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF



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