La Pascua: reiniciar el futuro
La Pascua, fiesta central para el cristianismo, representa la salida del miedo a la muerte y al mal, simbolizando la esperanza y la posibilidad de un nuevo comienzo.
Sin embargo, en el contexto actual, esta fiesta parece haber perdido su significado espiritual, convirtiéndose en un evento relacionado con las vacaciones y el turismo. Los fundamentos religiosos han sido olvidados, y la resurrección se reduce a menudo a un cuento o a una fábula sin profundidad.
Vivimos en una época caracterizada por la crisis y la incertidumbre: guerras, cambio climático, cambios en el orden mundial, aumento de las desigualdades y la discriminación. A esto se suma el avance de la digitalización y la inteligencia artificial, que parecen consolidar un statu quo difícil de desafiar.
Todo cambio social, como un Viernes Santo, es doloroso y aterrador, pero necesario para un renacimiento.
La Pascua, en su mensaje esencial, no ofrece una recompensa, sino un sí radical a la vida. Nos invita a superar lo viejo y a renacer, con una mirada transformada hacia el futuro. En un mundo que cambia más rápido que nuestro pensamiento, necesitamos recuperar el sentido profundo de esta fiesta, no para proponer una idea de lo sagrado, sino para redescubrir el significado auténtico de la vida.
Puede ser que los rituales tradicionales ya no nos preparen para el cambio, pero podemos intentar reinventar la Pascua como un momento de encuentro colectivo, superando los narcisismos y las fuentes de desagregación social. No como un acontecimiento mítico, sino como un impulso visionario para afrontar las transiciones.
El huevo, símbolo biológico de nueva vida, puede interpretarse culturalmente como una idea, un futuro, un potencial oculto. Si dejamos de verlo solo como un objeto que hay que buscar, podríamos preguntarnos qué representa: una tarea futura, un mensaje para la reflexión, una chispa para la educación.
La Pascua, por lo tanto, no es solo una fiesta olvidada, sino una oportunidad para repensar el mundo y a nosotros mismos, para acoger el cambio y revivir la esperanza.
La Pascua, fiesta tradicionalmente ligada a la resurrección y la liberación de la esclavitud y, por lo tanto, a la esperanza, encierra un potencial aún sin expresar: convertirse en un laboratorio colectivo para imaginar el futuro.
En una época marcada por las crisis y las transformaciones, celebrar la Pascua podría convertirse en un momento estratégico para reflexionar sobre lo que queremos dejar atrás y lo que queremos construir juntos.
Europa, nacida de las cenizas de dos guerras mundiales, ha sido desde sus inicios un proyecto de resurrección colectiva. Sin embargo, hoy en día la idea europea parece tambalearse, amenazada por divisiones e incertidumbres.
La Pascua, con su mensaje, podría convertirse en el lugar y el momento en que Europa redescubra su fuerza: ya no centrada en lo económico, sino como una comunidad unida por historias, símbolos y transiciones comunes.
Un «reinicio global» no significa consumir nuevos objetos, doblegarse al poder tecnológico, seguir ideas estereotipadas, sino volver a pensar juntos. Se trata de inspirarse en lo que representa la Pascua para crear momentos de pausa colectiva o comunitaria, en los que escuelas, empresas, familias y asociaciones se reúnan para debatir sobre el futuro.
No se trata de ejercicios obligatorios, sino de un prototipo social: ¿qué queremos reiniciar? ¿Qué sistemas necesitamos para el mañana? ¿A qué formas de pensar podemos decir adiós?
Hoy es importante abrir un amplio espacio de reflexión sobre el futuro europeo, en el que ciudadanos de todas las generaciones, culturas y religiones estén invitados a imaginar, debatir y modelar juntos el futuro de Europa. Una señal de inicio para lo que nos une: la convicción de que no podemos huir de las crisis, sino que estas requieren una «salida», un nuevo comienzo.
El futuro no comienza mañana, comienza aquí y ahora. En nosotros, en nuestra capacidad de superarnos y crear algo nuevo.
La Pascua, como símbolo de renacimiento y liberación, podría ser una oportunidad para que Europa redescubra su vocación: una comunidad de resurrección, dispuesta a imaginar y construir juntos el mañana.

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