viernes, 28 de noviembre de 2025

Una teología alternativa.

Una teología alternativa 

En una época marcada por profundos cambios sociales, culturales y económicos, la teología está llamada a cuestionarse su propio papel y su capacidad para influir en la realidad. 

En este contexto nace y se desarrolla la llamada una teología alternativa, una perspectiva de pensamiento que no se limite a interpretar el mundo, sino que pretenda transformarlo, erigiéndose en voz crítica frente a las injusticias, las desigualdades y las estructuras que oprimen. 

¿Cuáles son los puntos firmes de una teología alternativa? ¿Qué principios la animan y la hacen actual? 

El primer pilar de una teología alternativa es la búsqueda incansable de la justicia. En este sentido, resuena actual la advertencia evangélica: «Buscad el Reino de Dios y su justicia». 

Esta teología toma como criterio fundamental el clamor de los oprimidos, poniendo en el centro la experiencia de quienes son excluidos, marginados o explotados. 

No se trata solo de una justicia abstracta, sino de una justicia concreta, que se traduce en un compromiso activo con la liberación de los pobres y los marginados, en línea con la tradición profética bíblica y con la práctica de Jesús de Nazaret. 

Una teología alternativa reconoce en los pobres y los débiles el rostro mismo de Dios. 

La opción preferencial por los pobres no es solo una elección ética, sino una actitud contemplativa y una clave interpretativa de la revelación divina. 

En este sentido, toda reflexión teológica que no tenga en cuenta los sufrimientos y las esperanzas de los individuos y de los pueblos oprimidos corre el riesgo de ser vacía, autorreferencial, ..., una reflexión de salón para pasar el tiempo o un juego de entretenimiento para mentes ociosas. 

La teología alternativa se distingue por una crítica radical a las estructuras de poder que generan y perpetúan la injusticia. Denuncia las connivencias entre la religión y el poder político o económico o…, e invita a las comunidades de fe a tomar posición contra toda forma de idolatría del poder, el dinero y el éxito. En este sentido, resuena actual la advertencia evangélica: «No podéis servir a Dios y a la riqueza». 

Esta teología se nutre del diálogo con otras disciplinas, otras culturas y otras religiones. El enfoque alternativo rechaza toda forma de dogmatismo y se abre al diálogo, consciente de que la verdad no es propiedad exclusiva de nadie, sino que se construye en la relación, en la escucha y en el compartir. 

En este sentido, la teología alternativa también se vuelve autocrítica, dispuesta a reconocer sus propios límites y a dejarse interpelar por la alteridad, abriéndose así a toda forma de encuentro, de diálogo, …, de contaminación. 

La teología alternativa no se limita a la reflexión teórica, sino que se traduce en práctica. «La fe sin obras está muerta», dice la Carta de Santiago. Por eso, toda elaboración teológica debe ir acompañada de decisiones concretas que apunten a cambiar la realidad, desde los pequeños gestos cotidianos hasta las grandes luchas sociales y políticas. 

Es una teología que «sale a la calle» (cruces de caminos, márgenes, periferias, …), que se ensucia las manos, que se pone al servicio de todos aquellos, individuos o colectivos, que luchan por la dignidad y la libertad. 

El término «alternativa» conlleva una importante carga semántica, ya que evoca la idea de otra perspectiva, de cuestionamiento de las estructuras consolidadas, …, de ruptura. Sin embargo, desde la perspectiva teológica, la alternativa no es destructiva, sino generativa: se trata de provocar preguntas, de abrir espacios de diálogo, de dar voz a quienes históricamente han quedado marginados. 

Este enfoque se inspira profundamente en el mensaje evangélico, que subvierte la lógica del poder para poner en el centro a los pequeños, los pobres, los excluidos. 

La relación entre la teología alternativa y el Magisterio de la Iglesia no es de mera oposición. A veces, lo que parece amenazar el orden establecido puede, en realidad, favorecer una transformación positiva. 

La teología alternativa interroga al Magisterio sobre temas cruciales como la justicia, la inclusión y la dignidad, invitando a la Iglesia a situarse y habitar en otras orillas seguramente menos frecuentadas, y desde ahí a revisar sus posiciones y a abrirse a nuevas perspectivas que den posibilidad de ver otros horizontes del Reino de Dios. 

En el corazón de la teología alternativa está el deseo de una Iglesia «hospitalaria», capaz de acoger todas las diversidades: culturales, sociales, de género, … Este abrazo no es una concesión, sino una respuesta auténtica al Evangelio del Año de Gracia, que invita a dar cabida a todos y todas en la asamblea eclesial. 

En este sentido, la teología alternativa se presenta como aliada de una Iglesia que quiere ser hermana... madre ... tienda de encuentro ... hospital de campaña ... samaritana ...

En la historia reciente, varios movimientos y figuras han encarnado esta tensión creativa: desde la teología de la liberación en América Latina, que ha dado voz a los pobres contra las injusticias sociales, hasta las teologías feministas y queer, que han desafiado a la Iglesia a replantearse su lenguaje, sus ritos y sus estructuras. Estas experiencias son el reflejo de una Iglesia peregrina, siempre itinerante, nunca instalada, llamada a caminar juntos en sinodalidad. 

La teología alternativa nos invita a frecuentar las otras orillas y a habitar más allá de cualquier tierra que creemos prometida. 

Y a hacerlo con valentía y esperanza, con sueños y visiones, para seguir buscando e intuyendo a Aquel que no habita ni aquí ni allá, que siempre nos precede y que nos espera y sale al encuentro en otras orillas. 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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