De Jesús no una nueva «moral», sino una liberación - San Mateo 5, 17-37 -
Un Evangelio que da vértigo. ¿Y cómo es posible?
También María se lo preguntó aquel día al ángel, pero
luego le dijo a Dios: «Hágase tu voluntad, moldeame en tus manos,
yo, tu tierna arcilla, transforma mi corazón». Y dio a luz a Dios.
También nosotros, como Ella, podemos traer a Dios al mundo: dar a luz el amor.
Habéis oído que se dijo... pero yo os digo. Jesús no contrapone a la moral antigua una
supermoral mejor, sino que revela el alma secreta de la ley: su
Evangelio no es una moral, sino una liberación conmovedora.
Jesús no es ni laxista ni rigorista, no es más rígido
ni más complaciente que los escribas: Él hace otra cosa, toma la norma y la
lleva adelante, la hace florecer como una flor, en dos direcciones decisivas:
la línea del corazón y la línea de la persona.
Jesús lleva la ley a su plenitud y nace la religión de
la interioridad.
Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que
se enfada con su hermano, es decir, cualquiera que alimenta la ira y el rencor,
ya es en su corazón un asesino.
Jesús va a la fuente: vuelve al corazón y cúralo, solo
así podrás curar tus gestos. Vuelve al corazón y cuídalo porque es la fuente de
la vida.
No juréis en absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí;
no, no. De la prohibición del
juramento, llega a la prohibición de la mentira. Di siempre la verdad, y no
será necesario jurar.
Lleva a cabo la ley en la línea de la persona: si miras a una mujer para desearla, ya eres
adúltero. No dice simplemente: si tú, hombre, deseas a una mujer; si
tú, mujer, deseas a un hombre. El deseo es un servidor necesario para la vida.
Jesús dice: si miras para desear, y significa: si te
acercas a una persona para seducirla y poseerla, si reduces al otro a un
objeto, pecas contra la grandeza de esa persona.
Cometes adulterio en el sentido original del término
adulterar: alteras, falsificas, manipulas, empobreces a la persona. Le robas el
sueño de Dios, la imagen de Dios. Peques no contra la moral, sino contra la
persona, contra la nobleza y la profundidad de la persona.
¿Qué es entonces la ley moral? Escuchas a Jesús y
comprendes que la norma es la salvaguarda de la vida, la custodia de lo que nos
hace crecer o disminuir en humanidad.
Escuchas estas palabras, que son de las más radicales
del Evangelio, y comprendes que se convierten en las más humanas, porque Jesús
habla solo en defensa de la humanidad del hombre, con las palabras propias de
la vida.
Entonces el Evangelio se vuelve fácil, muy humano,
incluso cuando dice palabras que dan vértigo. Porque no añade fatiga a la
fatiga, no convoca a héroes duros y puros, no se dirige a santos, sino a
personas auténticas, simplemente a hombres y mujeres sinceros de corazón.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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