Haced esto en memoria mía (1 Corintios 11, 24-26)
En cada Eucaristía cristiana el presbítero lo dice: “Haced esto en memoria mía”.
Tantos
nombres han sido borrados de la memoria pública… y su olvido tiene
consecuencias concretas… la discriminación, la violencia, la exclusión... son
tantas veces estructurales, institucionales, normalizadas…
“Haced esto en
memoria mía”.
No soy de
los que dicen que no tiene sentido recordar. Al contrario. Aunque mientras recordamos
la historia del mundo vaya claramente en la dirección opuesta de lo que
recordamos.
“Haced esto en
memoria mía”.
La violencia
aumenta, se consolida. Se ha convertido en lenguaje político legítimo, práctica
institucional, consenso electoral. Cada vez es más fuerte, visible, aceptada e
incluso reivindicada.
“Haced esto en memoria mía”.
Oímos
repetir la fórmula: «recordar para que no se repita nunca más». Pero,
¿qué significa eso concretamente?
Si por
«no se repita» entendemos que no se repita de la misma forma histórica, entonces es obvio: ningún acontecimiento de
la historia se repite nunca de forma idéntica.
Si, por
el contrario, queremos decir que no se repita en esencia, es decir, en la lógica de la
deshumanización, la destrucción colectiva, el aniquilamiento sistemático,…, entonces
el problema es evidente. Estamos recordando mientras está ocurriendo de nuevo.
“Haced esto en
memoria mía”.
Si nuestra
memoria solo puede hablar del pasado y no puede nombrar el presente, ¿para qué
sirve realmente? Si solo recordamos lo que ya ha concluido, lo que ya es irreversible,
aquello sobre lo que ya no podemos intervenir, entonces la memoria es estéril e
inútil.
Sirve
para honrar a los muertos, claro, y es justo. Pero ya no sirve para proteger a
los vivos.
“Haced esto en
memoria mía”.
En algunos
lugares de la memoria que he visitado, y han sido unos cuantos, siempre me ha
llamado la atención las listas de nombres.
Miles,
decenas de miles, grabados en las paredes. Leerlos es físicamente agotador… Y,
sin embargo, es un esfuerzo que tiene sentido: cada nombre transmite la idea de
que no se trata de números, sino de personas. De vidas individuales, concretas,
interrumpidas.
“Haced esto en memoria mía”.
Algo en la memoria nos invita a creer que «nunca más»… pero
tantas veces la memoria funciona sobretodo como instrumento de separación entre
el pasado y el presente. Sirve para decir: eso sucedió entonces, allí; lo que
ocurre hoy es otra cosa. Como si el problema no fuera la lógica que atraviesa
los acontecimientos de ayer y de hoy, de allí y de aquí.
“Haced esto en
memoria mía”.
Me
pregunto si basta con recordar. Si basta con repetir gestos o con nombrar a los
muertos si no somos capaces de reconocer los mecanismos que producen nuevas
muertes. De ser así, la memoria ha dejado de cumplir su función principal.
“Haced esto en
memoria mía”.
En el
centro de cada Eucaristía los cristianos recuerdan una biografía con un
desenlace violento de muerte. Hacen memoria de un estilo de vida con un final abrupto. De una palabra
revolucionaria. De un gesto subversivo.
Por eso, los cristianos guardan la memoria de Aquél que partió el pan y repartió el vino, y de aquellos hombres y mujeres que imitaron su gesto en un desenlace mortal, y a los que llamamos "mártires".
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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