Instrumentos del alma en Vic (Barcelona)
«Pasando por un campo
Le pregunté a un almendro:
Hermano almendro, háblame de Dios
Y él se cubrió de flores».
No sé de quién es este bonito poema, casi un haiku,
pero me parece que pone énfasis en un punto fundamental: no se puede hablar del Misterio.
Se puede mostrar, se puede captar su presencia, pero
nunca se puede hablar de Él, no como se habla de cualquier objeto.
El Misterio no es un baúl o un albarán, de los que podemos
hablar de manera objetiva porque son precisamente objetos, separados de nosotros,
que podemos mirar y evaluar desde fuera.
No se puede hablar del Misterio de la misma manera porque
no existe un «fuera» del Misterio, sino que Él mismo, si existe, es la condición de
validez de cualquier palabra.
Y, sin embargo, al mismo tiempo, se debe hablar, balbuciendo o musitando, del Misterio, no se puede evitar.
Precisamente porque, queramos o no, como dice un autor
cristiano - San Pablo-, en Él nos movemos y existimos y, por lo tanto, no es
posible ninguna palabra fuera de Dios.
Incluso cuando hablamos de burbujas y arcones, en
realidad estamos hablando de Él.
Para hablar del Misterio hay que hablar de las cosas.
Y del ser humano.
Y en el fondo de las cosas y del ser humano lo
encontraremos a Él.
La realidad nos habla del Misterio, el ser humano nos habla de Misterio. Continuamente. La verdadera pregunta es por qué parece que decimos que no entendemos su lenguaje.
No sé si la culpa es de Kant y Descartes, es decir, si
primero viene la duda metodológica que nos ha hecho sospechar de todo lo que
existe y de nuestras propias percepciones pero el hecho es que la realidad ya
no nos habla, el mundo ya no nos habla, la belleza ya no nos habla, nada nos
habla, ¿cómo sorprenderse si ni siquiera Dios nos habla ya?
Sin embargo, nuestra vida está envuelta en Misterio.
Nuestro origen es un misterio, porque sabemos que en
nosotros vive algo que no se puede atribuir solo al juego de los instintos, a
la acción bioquímica de las neuronas. El ser humano no es solo un ingenioso
sistema hidráulico autopropulsado, como lo definía Denis Diderot.
Y nuestro destino es un misterio, el futuro hacia el
que nos encaminamos, lo que seremos, lo que estamos llamados a ser. Cada uno de
nosotros siente, de forma más o menos consciente, que está llamado, es decir,
siente la responsabilidad que la vida le impone.
Y si hay una llamada, habrá Alguien o Algo que llama.
Este doble misterio hace que de nuestra vida solo
percibamos el presente, que es un fragmento bastante pequeño. La conciencia de
este estrecho límite de nuestro conocimiento es lo que llamamos sentido
religioso.
El sentido religioso no es la fe, es su premisa.
También está presente en muchos no creyentes, es la conciencia del misterio,
esa fuerza misteriosa que siempre nos empuja a buscar un Más Allá. Es también
la premisa de cualquier palabra sobre el Misterio. Como los cinco sentidos son la
premisa de cualquier palabra sobre el mundo.
Así como no todos los seres humanos son capaces de
ver, tampoco todos los seres humanos tienen sentido religioso. En muchos está
atrofiado, no están acostumbrados a ejercerlo, en algunos tal vez hasta parece
estar completamente ausente.
Probablemente Instrumentos del Alma es esa ventana
abierta que despierta el sentido de la mística.
No, no se trata de propaganda ni de proselitismo. Tampoco
de evangelización.
No se trata de vender un producto, sino de compartir
un Misterio, de reavivar en nuestros contemporáneos un encanto, una nostalgia,
un deseo que tal vez en algunas personas parece adormecido…
Por eso, una rama de almendro en flor hablará del Misterio mucho mejor de lo que yo jamás podré hacerlo.
Por eso, la mejor manera que tenemos de hablar del
Misterio es contemplarlo y agradecerlo porque en ese Misterio somos, nos
movemos, existimos.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF



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