sábado, 31 de enero de 2026

Jesús viene a sanarnos, no a rehacer un «código» - San Mateo 5, 17-37 -.

Jesús viene a sanarnos, no a rehacer un «código» - San Mateo 5, 17-37 -

Pero yo os digo.

 

Jesús entra en el proyecto de Dios no para rehacer un código, sino para rehacer el valor del corazón, el valor del sueño. Actuando sobre tres palancas decisivas: la violencia, el deseo, la sinceridad.

 

Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que se enfada con su hermano, cualquiera que guarda rencor, es potencialmente un asesino.

 

Jesús va directo al motivo de las acciones, al laboratorio donde se ensamblan los gestos. El apóstol Juan afirmará algo enorme: «El que no ama a su hermano es un asesino» (1 Jn 3,15). El que no ama, mata. La falta de amor no es solo mi lenta muerte, sino que es una incubadora de violencia y asesinatos. Pero yo os digo: cualquiera que se enoje con su hermano, o le llame loco o estúpido, está en la línea de Caín...

 

Jesús muestra los tres primeros pasos hacia la muerte: la ira, el insulto, el desprecio, tres formas de asesinato. El asesinato exterior proviene de la eliminación interior del otro. Quien le llame loco estará destinado al fuego del Gehena.

 

El Gehena no es el infierno, sino ese valle a las afueras de Jerusalén, donde se quemaban los desechos de la ciudad, de donde salía perpetuamente un humo acre y desagradable. Jesús dice: si desprecias e insultas a tu hermano, conviertes tu vida en basura, la tiras a la basura; es mucho más que un castigo, es tu humanidad la que se pudre y se esfuma.

 

Escucha estas páginas, que son de las más radicales del Evangelio, y comprenderás por contraste que se convierten en las más humanas, porque Jesús solo habla de la vida, con las palabras propias de la vida: «Guarda mis palabras y ellas te guardarán» (Prov 4,4), y no acabarás en el basurero de la historia.

 

Habéis oído que se dijo: no cometas adulterio. Pero yo os digo: si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero. No dice simplemente: si deseas a una mujer; sino: si miras para desear, con actitud depredadora, para conquistar y violar, para seducir y poseer, si la reduces a un objeto que tomar o coleccionar, cometes un delito contra la grandeza de esa persona.

 

Adulterio viene del verbo a(du)lterare, que significa: tú alteras, cambias, falsificas, manipulas a la persona. Le robas el sueño de Dios. El adulterio no es tanto un delito contra la moral, sino un delito contra la persona, que desfigura el rostro noble y puro del hombre.

 

Tercera palanca: Pero yo os digo: No juréis en absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí; no, no. Desde la prohibición del juramento, Jesús va hasta el fondo, llega a la prohibición de la mentira. Di siempre la verdad y ya no será necesario jurar.

 

No necesitamos mostrarnos diferentes de lo que somos en nuestro interior. Solo tenemos que cuidar nuestro corazón, para luego cuidar la vida que nos rodea; hay que sanar el corazón para luego sanar la vida.



P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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