Jesús viene a sanarnos, no a rehacer un «código» - San Mateo 5, 17-37 -
Pero yo os digo.
Jesús entra en el proyecto de Dios no para rehacer un
código, sino para rehacer el valor del corazón, el valor del sueño. Actuando
sobre tres palancas decisivas: la violencia, el deseo, la sinceridad.
Se dijo: no matarás; pero yo os digo: cualquiera que
se enfada con su hermano, cualquiera que guarda rencor, es potencialmente un
asesino.
Jesús va directo al motivo de las acciones, al
laboratorio donde se ensamblan los gestos. El apóstol Juan afirmará algo
enorme: «El que no ama a su hermano es un asesino» (1 Jn 3,15). El
que no ama, mata. La falta de amor no es solo mi lenta muerte, sino que
es una incubadora de violencia y asesinatos. Pero yo os digo: cualquiera que
se enoje con su hermano, o le llame loco o estúpido, está en la línea de
Caín...
Jesús muestra los tres primeros pasos hacia la muerte:
la ira, el insulto, el desprecio, tres formas de asesinato. El asesinato
exterior proviene de la eliminación interior del otro. Quien le llame loco estará destinado al fuego del
Gehena.
El Gehena no es el infierno, sino ese valle a las
afueras de Jerusalén, donde se quemaban los desechos de la ciudad, de donde
salía perpetuamente un humo acre y desagradable. Jesús dice: si
desprecias e insultas a tu hermano, conviertes tu vida en basura, la tiras a la
basura; es mucho más que un castigo, es tu humanidad la que se pudre y se
esfuma.
Escucha estas páginas, que son de las más radicales
del Evangelio, y comprenderás por contraste que se convierten en las más
humanas, porque Jesús solo habla de la vida, con las palabras propias de la
vida: «Guarda mis palabras y ellas te guardarán» (Prov 4,4), y no
acabarás en el basurero de la historia.
Habéis oído que se dijo: no cometas adulterio. Pero yo
os digo: si miras a una mujer para desearla, ya eres adúltero. No dice simplemente: si deseas a una mujer; sino: si
miras para desear, con actitud depredadora, para conquistar y violar, para
seducir y poseer, si la reduces a un objeto que tomar o coleccionar, cometes un
delito contra la grandeza de esa persona.
Adulterio viene del verbo a(du)lterare, que significa:
tú alteras, cambias, falsificas, manipulas a la persona. Le robas el sueño de
Dios. El adulterio no es tanto un
delito contra la moral, sino un delito contra la persona, que desfigura el
rostro noble y puro del hombre.
Tercera palanca: Pero yo os digo: No juréis en
absoluto; que vuestro hablar sea sí, sí; no, no. Desde la prohibición del juramento, Jesús va
hasta el fondo, llega a la prohibición de la mentira. Di siempre la verdad y ya
no será necesario jurar.
No necesitamos mostrarnos diferentes de lo que somos en nuestro interior. Solo tenemos que cuidar nuestro corazón, para luego cuidar la vida que nos rodea; hay que sanar el corazón para luego sanar la vida.
P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
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