martes, 10 de febrero de 2026

Educar la mirada.

Educar la mirada

 

«Si deseas ver los valles, sube a la cima de la montaña.

Si quieres ver la cima de la montaña, eleva tu mirada por encima de las nubes.

Pero si buscas comprender las nubes, cierra los ojos y piensa»

- Gibran Kahlil Gibran - 

Antes de proceder a la lectura, te invito a que veas un vídeo. No llega a 5 minutos. Es un vídeo de hace unos años y que a mí me causó y me sigue causando una honda impresión: https://www.youtube.com/watch?v=cn2K0D6WvZ4 

¿Qué te ha sugerido? 

Mirar no siempre significa ver. La vista es un acto fisiológico, es uno de los cinco sentidos con los que estamos dotados materialmente. Todos pueden mirar, pero pocos logran ver. 

Y si no se ve, ¡poco se puede hacer! No basta con ir al oftalmólogo o cambiar de gafas. 

Ver es algo que va más allá de los sentidos, involucra la psique, la mente y el alma: es la búsqueda del significado profundo de las cosas y de nuestras propias experiencias. 

Solo vemos lo que estamos preparados para ver, cuando miramos sin oscurecimientos ni distorsiones. 

«¿Cómo puedes ver todo tan claramente?», preguntó un alumno a su maestro. «Cierro los ojos», respondió este. 

Hay quienes miran y no ven, y hay quienes ven sin mirar. 

La realidad externa (lo que hay fuera de nosotros) es solo una representación de lo que vemos dentro. 

Para mirar más allá de lo que nos aparece, para ver en profundidad, hay que ser capaz de penetrar en el interior (en), de entrar en las cosas, ya sean la naturaleza, las cosas de la vida u otras personas. 

Vemos, pues, lo que estamos dispuestos a sentir. 

Solo sintonizando el mirar, el ver y el sentir podemos atravesar el mundo con conciencia. Esto significa, en esencia, experimentar la vida y ampliar nuestra conciencia. 

La plena conciencia permite, en última instancia, experimentar el sentido de cohesión interna y la integración del Ser. La realidad externa se conecta finalmente con nuestro mundo interno. 

«Afortunadamente, el alma tiene un intérprete, a menudo inconsciente, pero fiel: la mirada» - Charlote Brontë -. 

Es como si los ojos escucharan al mundo, mientras que la mirada habla, interpreta y expresa nuestra alma. Los ojos son la puerta del alma. 

Cuando lloramos, es evidente que nuestro corazón llora: los ojos expresan nuestros sentimientos. 

Sin embargo, el alma encuentra más espacio para expresarse en el silencio que en el ruido del mundo. 

«El alma de una persona se esconde en su mirada. Por eso tenemos miedo de que nos miren a los ojos» - Jim Morrison -. 

A menudo, de hecho, no soportamos la mirada del otro, bajamos los ojos, más que para no penetrar en el otro, nos retraemos por miedo, vergüenza o pudor de revelar nuestra intimidad. 

Parecemos confirmar el lugar común según el cual los ojos y la mirada son el paso secreto hacia el alma. La mirada del otro, si traspasa la pantalla de la nuestra, sería capaz de «ver» dentro de nosotros, nuestro yo interior. 

Algunas veces pienso que a través de los ojos podemos expresar, más allá de las palabras, la autenticidad, el asombro, el placer o, por el contrario, el cierre, la negación o el miedo. 

Siempre y cuando el otro esté dispuesto a captar en nuestras miradas la riqueza de nuestra interioridad. 

«Me he pasado la vida mirando a los ojos de la gente. Es el único lugar del cuerpo donde quizá aún exista un alma» - José Saramago -. 

El hecho es que no siempre quien mira es capaz de ver todo lo que realmente se quiere revelar. 

Nuestro viaje terrenal se convierte en un descubrimiento continuo si no nos conformamos con buscar superficialmente cada vez más cosas materiales, sino que sabemos vislumbrar lo inmaterial que nos sucede, con ojos siempre nuevos y penetrantes. 

«La visión es la capacidad de ver lo invisible. Si se consigue ver lo invisible, es posible obtener lo imposible» - Shiv Khera -. 

Hay un aspecto más, además de mirar y ver. El mayor don que ha recibido el hombre probablemente no es el don de la vista, sino el de la visión. 

«La vista es una función de los ojos, la visión es una función del corazón… porque el mayor regalo que Dios le dio al ser humano no es el don de la vista, sino el don de la visión» - Myles Munroe -. 

Tener una visión, una perspectiva clara, un horizonte amplio, es más necesario que nunca en la vida. Sin visión, arrastramos una existencia lastrada por la pesadez de las tareas cotidianas. 

La visión da sentido a la vida. 

La visión es la capacidad de ver lo invisible, de mirar más allá del horizonte de lo visible. 

Quien tiene una visión es capaz de ver lo que los demás no ven. 

De hecho, solo el visionario puede construir lo que los soñadores apenas se atreven a imaginar. 

La visión implica en sí misma la acción, la construcción de puentes que trascienden el pasado y, desde el presente, conducen hacia el futuro. 

Una visión sin acción no es más que un sueño. La acción sin visión puede convertirse en un ajetreo sin impulso, en un esfuerzo infinito, en una pesadilla. 

«Prefiero ser un soñador entre los más humildes, con visiones que realizar, que el príncipe de un pueblo sin sueños ni deseos» - Gibran Kahlil Gibran -. 

El visionario es aquel que aspira a construir lo que ha visto, yendo a contracorriente y más allá de las renuncias comunes de aquellos que se aferran a las precarias certezas del presente. 

Es aquel que es capaz de hacer realidad los sueños antes de que la siguiente puesta de sol los haga desaparecer del horizonte. 

«Tu visión se vuelve clara cuando miras dentro de tu corazón. Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia dentro, despierta» - Carl Gustav Jung -. 

Acabo ya. Y lo hago con otro vídeo de 5 minutos - ‘Mírame a los ojos’ -: https://player.vimeo.com/video/191175863?h=7bc27b0b54%22 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Posdata: Tal vez algún día se pudiera escribir otro Evangelio. El Evangelio de las miradas de Jesús.

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